No Es Nada Personal

Capítulo 5) Grietas que sanan

La semana que siguió a la conversación tensa frente al restaurante fue, sin lugar a dudas, la más incómoda desde que Niamh y Azael habían decidido dejar de fingir. No hubo discusiones abiertas ni reproches adicionales, pero un silencio cauteloso se instaló entre ambos, una distancia sutil que se filtraba en cada intercambio, en cada mirada que antes se sostenía con naturalidad y que ahora parecía medida, calculada.

Niamh se sorprendió a sí misma revisando el nombre de Azael en internet más de una vez, buscando cualquier otro artículo, cualquier otra pista que pudiera confirmar o desmentir las dudas que Deirdre había sembrado. Se sentía mal por hacerlo, como si estuviera traicionando la promesa de confianza que ambos habían intentado reconstruir esa noche, pero el impulso era más fuerte que la culpa.

No encontró nada más allá de lo que ya sabía. El artículo sobre Manchester, un par de menciones profesionales en publicaciones especializadas, un perfil profesional actualizado con una lista de proyectos que coincidía, en líneas generales, con lo que Azael le había contado. Nada que confirmara sus peores sospechas, pero tampoco nada que las disolviera del todo.

-¿Vamos a seguir así? -preguntó Azael un jueves por la tarde, encontrándola en la sala de café con la mirada perdida en la ventana, la taza de café enfriándose entre sus manos sin que ella se hubiera dado cuenta.

-¿Así cómo?

-Cautelosos. Educados. Como si estuviéramos caminando sobre cristales rotos cada vez que hablamos.

Niamh suspiró, dejando la taza sobre la encimera.

-No sé cómo dejar de sentirme así. Sé que tienes razón en que Deirdre probablemente tenía sus propias motivaciones para mostrarme ese artículo. Pero también sé que si no me lo hubiera mostrado ella, quizás nunca me habría enterado de esa parte de tu pasado.

-Eso es justo. Y por eso he estado pensando en algo estas últimas noches.

-¿En qué?

-En que quizás la manera de reconstruir la confianza no es solo con promesas, sino con acciones. Así que te propongo algo: ven conmigo este fin de semana a Manchester.

Niamh lo miró, sorprendida por la propuesta.

-¿A Manchester? ¿Para qué?

-Para que veas con tus propios ojos lo que pasó. Todavía tengo contacto con algunas personas de esa empresa, gente que estuvo ahí durante la crisis y que puede darte una versión de los hechos que no dependa únicamente de mi palabra ni de un artículo sesgado. Quiero que tengas toda la información, no solo la que yo pueda ofrecerte.

La propuesta la tomó completamente desprevenida, y por un momento no supo qué responder. Era un gesto que iba mucho más allá de lo que ella hubiera esperado, una disposición a exponerse, a dejar que ella escarbara en las partes más incómodas de su pasado profesional con la esperanza de que la verdad, por dolorosa que fuera, resultara más convincente que cualquier explicación verbal.

-No tienes que hacer eso -dijo finalmente-. No necesito una investigación completa para confiar en ti.

-Quizás no la necesites, pero yo sí necesito hacerlo. Necesito que sepas, sin ninguna duda, que no soy la clase de persona que Deirdre insinuó que era. Y la única manera de lograrlo es mostrándotelo, no solo diciéndotelo.

Niamh sintió que algo se aflojaba en su pecho, esa tensión acumulada durante la semana empezando a disolverse ante la sinceridad del gesto.

-Está bien -dijo finalmente-. Vamos a Manchester.

***

El viaje se organizó para el sábado siguiente, un vuelo corto que los dejó en la ciudad inglesa a media mañana, bajo un cielo gris que amenazaba lluvia pero que, por el momento, se contenía. Azael había contactado con una antigua compañera de la empresa donde había trabajado, una mujer llamada Fiadh que aceptó reunirse con ellos en un café cerca de las oficinas donde todo había ocurrido dos años atrás.

-Así que tú eres la razón por la que Azael finalmente decidió enfrentar sus fantasmas de Manchester -dijo Fiadh, sonriendo con calidez mientras se sentaba a la mesa junto a ellos-. Llevaba dos años evitando volver a esta ciudad.

-No sabía que era tan dramático al respecto -comentó Niamh, mirando a Azael con una ceja enarcada.

-No es drama. Es sentido común. Volver aquí significa recordar uno de los peores momentos de mi carrera.

-Cuéntale lo que realmente pasó -pidió Azael a Fiadh, con un tono que dejaba claro cuánto le costaba ese ejercicio de vulnerabilidad-. Sin filtros.

Fiadh asintió, tomando un sorbo de su té antes de empezar.

-Trabajaba en el departamento de recursos humanos cuando Azael llegó como consultor externo. El plan de reestructuración que propuso era, honestamente, muy similar al que probablemente está implementando ahora en Dublín: reducción de tareas repetitivas mediante automatización, reasignación de personal a funciones de mayor valor. Nada radical ni descabellado, aunque implicaba cambios significativos que generaban, como es lógico, cierta resistencia.

-¿Qué pasó con la filtración? -preguntó Niamh, directa.

-Eso fue lo más turbio de todo. Alguien del comité directivo, nunca se determinó oficialmente quién, filtró un borrador incompleto del plan a un periodista de negocios antes de que se comunicara oficialmente a los empleados. El borrador, sacado de contexto, hacía parecer que la reestructuración implicaba despidos masivos, cuando en realidad contemplaba principalmente reubicaciones. El pánico que generó fue instantáneo: la gente empezó a renunciar por miedo, las acciones cayeron, y la empresa necesitaba desesperadamente a alguien a quien señalar.

-¿Y señalaron a Azael?

-Señalaron a la consultora completa, aunque de manera extraoficial, buena parte de la culpa recayó sobre él, porque era la cara visible del proyecto. Nunca se demostró que él tuviera algo que ver con la filtración, pero el daño a su reputación ya estaba hecho para cuando la investigación interna concluyó que probablemente había sido alguien del propio comité directivo, molesto porque el plan afectaba directamente a su área de influencia.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.