No Es Nada Personal

Capítulo 6) La decisión

-Voy a rechazar Ámsterdam.

Las palabras de Azael quedaron suspendidas en el aire del pequeño café, y por un instante, Niamh no supo si había escuchado bien. Llevaba semanas preparándose mentalmente para cualquier escenario, incluso para la posibilidad de que él aceptara el proyecto y ambos tuvieran que enfrentar la difícil conversación sobre qué hacer con la distancia. Pero no había contemplado, no del todo, la posibilidad de que simplemente dijera que no.

-¿Qué?

-Voy a rechazar el proyecto. Ya hablé con mi jefa en la consultora, se lo comuniqué ayer por la tarde.

-Azael, no tenías que hacer eso por mí.

-No lo hice solo por ti -corrigió él, aunque la manera en que apretó su mano sugería que la afirmación no era del todo cierta-. Lo hice porque, cuando me senté a pensar seriamente en las opciones, me di cuenta de que Ámsterdam no me entusiasmaba en absoluto. Solo representaba la continuación de un patrón que llevo siguiendo durante seis años: aceptar el siguiente proyecto simplemente porque es lo que se supone que debo hacer, sin preguntarme si es realmente lo que quiero.

-¿Y qué es lo que quieres?

-Quiero quedarme en Dublín. Quiero ver si esto que hemos construido puede convertirse en algo más permanente, algo que no dependa de vuelos entre ciudades ni de mensajes de texto a deshoras intentando mantener viva una relación a distancia.

Niamh sintió que los ojos se le humedecían, una mezcla de alivio y una felicidad tan intensa que casi le resultaba abrumadora.

-¿Estás seguro? No quiero que en unos meses sientas que sacrificaste tu carrera por mí y termines resintiéndolo.

-Niamh, llevo seis años construyendo una carrera basada en el miedo a quedarme quieto, a dejar que alguien me conozca de verdad. Y durante esos seis años, conseguí proyectos impresionantes, viajé por media Europa, acumulé una reputación profesional envidiable. Pero también estuve profundamente solo, sin nadie con quien compartir realmente ninguno de esos logros. Elegirte a ti, elegir quedarme, no es un sacrificio. Es la primera decisión en mucho tiempo que tomo pensando en lo que realmente quiero, no en lo que estoy huyendo.

-¿Y qué vas a hacer aquí, si no aceptas Ámsterdam? ¿Buscar otro proyecto de consultoría?

-De hecho, tengo otra propuesta que considerar. Whitfield me ofreció, hace un par de semanas, un puesto permanente en la empresa, liderando el departamento de optimización de procesos que se creará una vez que termine la implementación de la reestructuración.

-¿Un puesto permanente? No me habías contado eso.

-Quería estar seguro antes de decírtelo. No quería generarte expectativas si al final decidía que no era lo correcto para mí.

-¿Y ahora estás seguro?

Azael asintió, con una sonrisa que Niamh reconocía como genuina, desprovista por completo de la ironía protectora que solía usar como escudo. -Bastante seguro. Voy a aceptar el puesto.

Niamh se levantó de su silla, rodeando la mesa para abrazarlo, sin importarle las miradas curiosas de los otros clientes del café. Azael la recibió con la misma intensidad, hundiendo el rostro en su cabello mientras la abrazaba con fuerza.

-Esto significa que vamos a tener que aprender a discutir sobre informes financieros durante mucho más tiempo del que originalmente planeamos -dijo ella, con la voz amortiguada contra su pecho.

-Puedo vivir con eso. Siempre que sigas equivocándote con el orden de los datos trimestrales, claro.

-Nunca me equivoco con eso.

-Claro que sí. Pero ya he aprendido a aceptarlo como parte de tu encanto.

***

La noticia de que Azael se quedaría permanentemente en la empresa se extendió rápidamente por la oficina, generando reacciones diversas entre los compañeros de Niamh. Algunos, como Whitfield, se mostraron genuinamente entusiasmados con la perspectiva de contar de manera permanente con la experiencia que Azael había demostrado durante los últimos meses. Otros, más cautelosos, se preguntaban abiertamente si la relación evidente entre ambos no representaría un conflicto de intereses dentro del nuevo organigrama.

-Vais a tener que ser cuidadosos con esto -advirtió Whitfield, convocándolos a ambos a su despacho para discutir los detalles del nuevo puesto de Azael-. No puedo tener a mi jefe de optimización de procesos y a mi mejor analista financiera en una relación que pueda comprometer la objetividad de las decisiones del departamento.

-Entendemos la preocupación -respondió Azael, con la seriedad profesional que solía reservar para las reuniones importantes-. Estamos dispuestos a que se establezcan los protocolos necesarios para evitar cualquier conflicto de intereses. Niamh podría reportar directamente a otro supervisor en lugar de a mí, por ejemplo.

-Eso simplificaría las cosas considerablemente -admitió Whitfield, visiblemente aliviado de que ambos se mostraran razonables al respecto-. Voy a hablar con Recursos Humanos para formalizar los cambios necesarios.

Cuando finalmente salieron del despacho, Niamh soltó un suspiro de alivio. -Eso pudo haber sido mucho más incómodo.

-Whitfield es más razonable de lo que aparenta, siempre que le demuestres que has pensado en las implicaciones prácticas de las cosas antes de que él tenga que pensarlas por ti.

-Es un buen consejo. Deberías aplicártelo más a menudo en las reuniones con la junta directiva.

-Ese es un consejo que prefiero ignorar selectivamente.

***

Con la decisión de Azael de quedarse ya tomada, y los protocolos laborales necesarios establecidos para evitar conflictos de intereses, la relación entre ambos entró en una nueva fase, distinta de la intensidad casi febril de sus primeros meses. Había una tranquilidad nueva en la manera en que se relacionaban, la certeza reconfortante de que no había una fecha límite pendiente sobre sus cabezas, que podían permitirse construir algo con calma, sin la urgencia constante de saber cuánto tiempo les quedaba antes de que las circunstancias los separaran.




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