La primavera llegó a Dublín con una ligereza que parecía reflejar el estado de ánimo de Niamh durante esas semanas. La relación con Azael atravesaba, por fin, un período de estabilidad que contrastaba con las turbulencias de los meses anteriores: las heridas familiares seguían sanando poco a poco, el trabajo marchaba con fluidez, y la convivencia diaria se había asentado en una rutina cómoda que ninguno de los dos daba ya por sentada.
Fue precisamente en medio de esa calma cuando llegó la noticia que amenazó con desestabilizarlo todo de nuevo.
-Tenemos una reunión con los nuevos socios del proyecto de expansión -anunció Whitfield un lunes por la mañana, convocando a Azael y Niamh a su despacho-. La empresa con la que vamos a colaborar envía a su directora de operaciones para la reunión inicial. Llega mañana desde Londres.
-¿Alguna empresa que conozcamos? -preguntó Niamh, revisando distraídamente sus notas.
-Bexley & Thornton. Se especializan en consultoría de sostenibilidad corporativa. Según tengo entendido, Azael, quizás conozcas a la directora que van a enviar. Trabajó en Kavanagh Consulting hace algunos años, según su perfil.
Niamh notó el cambio sutil en la postura de Azael, una tensión que se instaló en sus hombros de manera casi imperceptible para cualquiera que no lo conociera tan bien como ella.
-¿Cómo se llama? -preguntó él, con una calma que Niamh reconoció como forzada.
-Aisling Byrne.
El nombre cayó en la sala como una piedra en un estanque tranquilo, generando ondas que Niamh sintió expandirse por todo su cuerpo. Recordaba perfectamente esa historia: la relación de tres años, la ruptura dolorosa después de que Azael rechazara el ascenso, las palabras duras que se habían dicho antes de que ella pidiera el traslado a otro país solo para alejarse de él.
-Vaya sorpresa -dijo Azael, con un tono neutro que no lograba disimular del todo la tensión subyacente-. No sabía que había cambiado de empresa.
-¿La conoces bien? -preguntó Whitfield, ajeno por completo a la historia que se escondía detrás de esa pregunta aparentemente inocente.
-Trabajamos juntos hace años. No hemos mantenido mucho contacto desde entonces.
-Bueno, espero que eso no genere ninguna incomodidad durante la colaboración. Va a estar bastante involucrada en el proyecto durante los próximos meses.
Cuando finalmente salieron del despacho, Niamh sintió que necesitaba, con urgencia, una conversación honesta sobre lo que acababa de suceder.
-¿Estás bien? -preguntó, en cuanto estuvieron a solas en el pasillo.
-Sinceramente, no lo sé. No esperaba tener que enfrentarme a Aisling de nuevo, y mucho menos en un contexto profesional que va a requerir que trabajemos juntos durante meses.
-¿Quieres que hablemos de ello esta noche, con calma?
-Sí. Aunque preferiría no tener que pensar en ello durante el resto del día, si es posible.
Niamh asintió, aunque la inquietud que había empezado a instalarse en su pecho no desapareció del todo durante el resto de la jornada laboral. Sabía, racionalmente, que no tenía sentido sentir celos anticipados de una mujer a la que ni siquiera había conocido todavía, pero la historia compartida entre Azael y Aisling, la profundidad de esos tres años de relación, generaba una inquietud que le costaba ignorar por completo.
***
Esa noche, mientras cenaban en casa, la conversación pendiente finalmente encontró su espacio.
-Cuéntame qué sientes realmente respecto a todo esto -pidió Niamh, dejando a un lado los cubiertos-. Y por favor, sé honesto, aunque sea incómodo.
Azael suspiró, tomándose un momento antes de responder. -Siento una mezcla extraña de cosas. Curiosidad genuina por saber cómo le ha ido, cierta culpa residual por cómo terminamos las cosas, y también, sinceramente, algo de ansiedad por tener que enfrentarla en un contexto donde no puedo simplemente evitarla si la situación se vuelve incómoda.
-¿Todavía sientes algo por ella?
La pregunta quedó suspendida en el aire, y Niamh contuvo la respiración esperando la respuesta, consciente de que la honestidad de Azael, aunque a veces dolorosa, era precisamente lo que había definido la solidez de su relación hasta ese momento.
-No -respondió él, sin dudar-. Y no lo digo para tranquilizarte, sino porque es genuinamente la verdad. Lo que siento hacia ti es completamente distinto a lo que alguna vez sentí por Aisling, en intensidad, en profundidad, en todo. Pero eso no significa que enfrentarla de nuevo no vaya a remover recuerdos incómodos, ni que no vaya a sentirme extraño trabajando junto a alguien con quien terminé una relación de manera tan dolorosa.
-Aprecio tu honestidad. Y confío en lo que sientes por mí. Pero también quiero que sepas que está bien si necesitas procesar esto a tu manera, sin sentir que tienes que minimizar lo incómodo que puede resultar la situación solo para tranquilizarme.
-Gracias por entenderlo. ¿Y tú? ¿Cómo te sientes respecto a que vaya a trabajar cerca de ella durante los próximos meses?
Niamh consideró la pregunta con la misma honestidad que esperaba de él. -Sinceramente, un poco insegura. No de que vayas a hacer algo indebido, sino de la incomodidad general de saber que hay una historia compartida entre ustedes que yo no puedo comprender del todo, por más que me la hayas contado.
-Es comprensible que te sientas así. Y quiero que sepas que, si en algún momento la situación se vuelve demasiado incómoda para ti, podemos hablarlo abiertamente, sin que sientas que tienes que guardarte esas inseguridades solo para parecer una pareja madura y despreocupada.
-Prometo ser honesta si eso pasa.
-Y yo prometo ser transparente sobre cualquier interacción con ella, para que nunca sientas que hay algo que te oculto.
***
La reunión con Aisling, programada para el martes siguiente, generó una tensión anticipada que se sentía en toda la oficina, aunque solo Niamh y Azael conocían realmente la profundidad de la historia compartida que hacía que ese encuentro resultara particularmente cargado.