No Es Nada Personal

Capítulo 9) Preparativos

La noticia del compromiso se extendió rápidamente entre familiares y amigos, generando una ola de felicitaciones que Niamh recibió con una mezcla de alegría y un nerviosismo creciente ante la magnitud de lo que se avecinaba. La organización de una boda, algo que hasta hacía apenas unas semanas parecía un concepto abstracto y lejano, se convirtió de pronto en una realidad tangible cargada de decisiones que tomar, presupuestos que calcular y, como pronto descubrirían, opiniones familiares que gestionar con cierta diplomacia.

-Deberíamos empezar por definir una fecha aproximada -sugirió Azael, un domingo por la mañana, mientras ambos se sentaban en la mesa de la cocina con un cuaderno donde habían empezado a anotar ideas dispersas-. Eso nos ayudará a organizar todo lo demás.

-¿Tienes alguna preferencia?

-Había pensado en primavera del próximo año. Nos daría tiempo suficiente para planificar sin sentirnos apresurados, y el clima sería más agradable para una ceremonia al aire libre, si eso es algo que te interesa.

-Me encanta la idea de una ceremonia al aire libre. Aunque conociendo el clima irlandés, deberíamos tener un plan alternativo por si la lluvia decide arruinar los planes.

-Siempre es sensato tener un plan B en Irlanda.

Decidieron fijar la fecha para mayo del año siguiente, un plazo de casi ocho meses que, aunque parecía generoso al principio, pronto demostraría llenarse rápidamente de tareas pendientes, reuniones con proveedores y decisiones que ninguno de los dos había anticipado tener que tomar.

-Mi madre ya está exigiendo participar en la selección del lugar -comentó Azael, revisando su teléfono con una expresión que mezclaba diversión y ligera exasperación-. Dice que tiene contactos en varios sitios que podrían ser perfectos.

-No me sorprende. Maeve no parece ser de las que se quedan al margen de las decisiones importantes.

-Definitivamente no lo es. Aunque debo advertirte que sus contactos suelen venir acompañados de opiniones muy firmes sobre cómo deberían hacerse las cosas.

La advertencia resultó ser bastante acertada. La primera reunión familiar para discutir los detalles de la boda, organizada apenas dos semanas después del compromiso, reveló rápidamente las distintas visiones que cada miembro de la familia tenía sobre cómo debería desarrollarse el evento.

-Deberíais considerar el castillo de Ashford -sugirió Maeve, durante la cena que habían organizado para presentar formalmente a ambas familias-. Es un lugar espectacular, con una historia fascinante, perfecto para una boda que quede grabada en la memoria de todos los invitados.

-Suena precioso, pero probablemente esté fuera de nuestro presupuesto -respondió Niamh, con diplomacia, consciente de que el castillo en cuestión tenía fama de ser considerablemente costoso.

-El presupuesto no debería ser un obstáculo para algo tan importante. Estaría encantada de contribuir si eso ayuda a que la boda sea todo lo especial que merece ser.

-Mamá, agradecemos la oferta, pero preferimos manejar nosotros mismos el presupuesto de la boda -intervino Azael, con firmeza cariñosa-. Queremos que sea algo que refleje lo que Niamh y yo queremos, no necesariamente lo más extravagante posible.

Maeve pareció ligeramente decepcionada, aunque aceptó la decisión con una gracia que Niamh no esperaba del todo, considerando la intensidad que había mostrado en encuentros anteriores.

-Está bien. Aunque insisto en que al menos consideréis mis sugerencias para la decoración floral. Conozco a la mejor florista de Dublín, y sería un honor para ella colaborar en la boda de mi único hijo.

-Eso podemos considerarlo -concedió Niamh, sonriendo ante la persistencia entrañable de su futura suegra.

***

Los meses siguientes se convirtieron en un torbellino de decisiones: la búsqueda del lugar perfecto para la ceremonia, que finalmente encontraron en una finca rural a las afueras de Dublín con jardines espectaculares y una capacidad adecuada para el número de invitados que planeaban; la selección del menú, que implicó varias catas de degustación entre risas y desacuerdos amistosos sobre qué platos incluir; la lista de invitados, que generó más de una conversación tensa sobre a quién incluir y a quién, inevitablemente, dejar fuera debido a limitaciones de espacio y presupuesto.

-No puedo creer que estemos discutiendo si invitar o no a tu prima tercera que apenas conoces -comentó Niamh, una noche particularmente agotadora dedicada a revisar la lista de invitados por enésima vez.

-Créeme, yo tampoco entiendo por qué mi madre insiste tanto en que la incluyamos. Pero conociendo las dinámicas familiares complicadas que existen, sospecho que hay alguna historia detrás que prefiero no indagar demasiado.

-Empiezo a entender por qué la gente dice que organizar una boda pone a prueba cualquier relación.

-¿Estás dudando de nosotros? -preguntó Azael, con una sonrisa que dejaba claro que la pregunta era más juguetona que seria.

-Para nada. Solo estoy empezando a apreciar mucho más la simplicidad de nuestras primeras discusiones sobre el orden de los datos trimestrales en los informes.

-Esas discusiones parecen casi nostálgicas en comparación con esto, ¿verdad?

Rieron juntos, encontrando en el humor compartido una manera efectiva de sobrellevar el estrés acumulado de la planificación. A pesar de las dificultades ocasionales, ambos descubrieron que el proceso, lejos de generar las tensiones que tantas parejas describían, terminaba fortaleciendo la comunicación y el trabajo en equipo que habían cultivado desde los primeros meses de su relación.

***

Fue durante una de las visitas a la finca donde se celebraría la boda, mientras revisaban los últimos detalles con la organizadora del evento, cuando Niamh recibió una llamada inesperada que amenazó con desestabilizar la tranquilidad que habían logrado construir durante los últimos meses.




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