No Es Nada Personal

Capítulo 10) El día

La mañana de la boda amaneció despejada, un regalo inesperado considerando la reputación notoriamente impredecible del clima irlandés en esa época del año. Niamh despertó temprano, mucho antes de que sonara la alarma, con una mezcla de nerviosismo y emoción que le resultaba imposible ignorar mientras contemplaba el techo de la habitación de invitados donde había pasado su última noche como mujer soltera.

-¿Ya estás despierta? -preguntó su madre, asomándose por la puerta entreabierta con una sonrisa cálida-. Pensé que encontraría más resistencia intentando sacarte de la cama esta mañana.

-No podía seguir durmiendo. Demasiada emoción acumulada.

-Es normal. Recuerdo sentir exactamente lo mismo la mañana de mi propia boda, hace ya tantos años. Ven, vamos a prepararte. El equipo de peluquería y maquillaje llega en menos de una hora.

Las siguientes horas transcurrieron en un torbellino organizado de actividades: el peinado elaborado que la estilista fue construyendo con paciencia meticulosa, el maquillaje que resaltaba sus rasgos sin resultar excesivo, las risas compartidas con su madre y sus amigas más cercanas mientras se preparaban juntas, brindando con copas de champán mientras el nerviosismo se transformaba gradualmente en una anticipación gozosa.

-Estás preciosa -dijo su madre, cuando finalmente Niamh se puso el vestido, un diseño elegante de encaje que había elegido meses atrás después de probar docenas de opciones-. Tu padre va a llorar en cuanto te vea.

-Espero no hacerlo llorar a él antes de que yo misma pierda la compostura.

La llegada a la finca donde se celebraría la ceremonia generó una oleada renovada de nervios, especialmente cuando Niamh vislumbró, desde la ventana del coche, los jardines cuidadosamente decorados donde en apenas un par de horas se convertiría oficialmente en la esposa de Azael.

***

Mientras tanto, en otra parte de la finca, Azael enfrentaba sus propios nervios, ayudado por Ronan, quien había asumido con entusiasmo el papel de padrino, y por Cillian, cuya presencia activa en los preparativos representaba un símbolo tangible de la reconciliación gradual entre padre e hijo.

-¿Cómo te sientes? -preguntó Ronan, ajustando la corbata de Azael con una precisión casi excesiva.

-Nervioso, aunque de la mejor manera posible. Como si estuviera a punto de saltar desde un acantilado, pero con la certeza absoluta de que voy a aterrizar exactamente donde necesito estar.

-Esa es una descripción bastante poética para alguien que solía especializarse en sarcasmo defensivo.

-Supongo que Niamh ha tenido cierta influencia positiva en mi vocabulario emocional durante el último año y medio.

Cillian, que había permanecido en silencio observando el intercambio con una sonrisa contenida, finalmente intervino, colocando una mano sobre el hombro de su hijo con un gesto que, meses atrás, hubiera resultado impensable entre ambos.

-Estoy realmente orgulloso de ti, hijo. No solo por el hombre en el que te has convertido, sino por la manera en que has logrado construir algo tan sólido, a pesar de todo lo que enfrentaste durante tu infancia y adolescencia, en gran parte por mi propia ausencia.

-Gracias, papá. Significa mucho escuchar eso, especialmente hoy.

-Niamh es una mujer excepcional. Y tú mereces toda la felicidad que ella evidentemente te ofrece.

El momento, cargado de una emotividad genuina, se vio interrumpido por la llegada de Maeve, elegantemente vestida y con una expresión que oscilaba entre las lágrimas contenidas y una alegría desbordante.

-Es hora, cariño. Los invitados ya están sentados, y el oficiante está listo para comenzar en cuanto tú lo estés.

Azael respiró hondo, sintiendo que el nerviosismo se transformaba gradualmente en una anticipación serena, la certeza tranquila de estar exactamente donde debía estar, a punto de dar el paso más importante de su vida.

***

La ceremonia se celebró en los jardines de la finca, bajo un arco decorado con flores silvestres que la florista, finalmente, había logrado equilibrar entre la elegancia sugerida por Maeve y la sencillez preferida por la pareja. Los invitados, alrededor de cien personas entre familiares y amigos cercanos, se distribuían en filas de sillas blancas dispuestas frente al altar improvisado, con vista hacia los campos verdes que se extendían más allá de los jardines cuidadosamente cultivados.

Azael esperaba en el altar, junto al oficiante y con Ronan a su lado como padrino, sintiendo que los minutos se estiraban con una lentitud casi insoportable mientras aguardaba el momento en que la música anunciara la llegada de Niamh.

Cuando finalmente sonaron las primeras notas de la melodía elegida, y Niamh apareció al final del pasillo improvisado entre las filas de sillas, del brazo de su padre, Azael sintió que el mundo entero se reducía a esa imagen: ella, radiante en su vestido de encaje, con una sonrisa que combinaba nerviosismo y felicidad absoluta, caminando hacia él con una determinación serena que reflejaba todo el camino recorrido juntos durante el último año y medio.

-Estás preciosa -susurró, cuando finalmente ella llegó a su lado, después de que su padre la entregara con un abrazo cargado de emoción contenida.

-Tú tampoco estás nada mal -respondió ella, con la misma ironía cariñosa que había definido buena parte de su relación desde el principio.

El oficiante, un amigo cercano de la familia de Niamh que había aceptado con gusto conducir la ceremonia, comenzó con las palabras tradicionales de bienvenida, antes de ceder el turno a los votos personalizados que ambos habían preparado cuidadosamente durante las semanas anteriores.

-Niamh -comenzó Azael, con una voz que apenas lograba mantener la compostura ante la intensidad del momento-, cuando te conocí, en ese bar hace ya más de dos años, jamás hubiera imaginado que terminaríamos aquí, frente a todas las personas que más queremos, comprometiéndonos a construir una vida juntos. Discutiste conmigo desde el primer minuto, cuestionaste cada una de mis certezas, y de alguna manera, en el proceso, lograste desmontar todas las murallas que había construido durante años para protegerme de comprometerme completamente con nadie.




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