No es que no puedas, es que no quieres

Un árbol no crece el mismo día que lo plantas

Había una vez una joven que siempre lo había tenido todo. Cada necesidad que sentía era satisfecha de inmediato por sus padres. Nunca tuvo que esperar por nada, y aunque agradecía la comodidad, en el fondo sentía un vacío constante: el estancamiento de no haber construido nada por sí misma.

Un día, al llegar a la adultez, sus padres decidieron que era momento de que volara sola. Ella deseaba con ansias esa independencia, ansiosa por demostrar de lo que era capaz.

Emocionada, decidió sembrar su propio camino. Sin embargo, muy pronto se topó con una realidad amarga que nunca le habían enseñado: los frutos no nacen el mismo día en que se planta la semilla.

Las primeras semanas, la joven trabajaba duro, regaba sus esfuerzos y cuidaba sus proyectos. Pero al mirar el suelo al final del día y no ver nada visible, la frustración la invadía. Sentía que su energía se desperdiciaba, que no avanzaba y que estaba fallando. Se desesperaba, se rendía y abandonaba. Volvía a empezar con una idea nueva, pero al no ver resultados inmediatos, la historia se repetía una y otra vez.

​Un día, abatida por tantos intentos fallidos, observó a un viejo agricultor cuidando un terreno seco.

​—¿Por qué sigues regando si hoy no hay nada que cosechar? —le preguntó, exhausta.




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