No Están Solos

CAPÍTULO 32 — El Golpe en la Ventana

La cena improvisada había terminado hacía unos minutos. Los tres seguían en la mesa, sin apuro por levantarse. No era comodidad. Era una especie de tregua silenciosa después de un día demasiado largo para todos. Gabriel estaba contando algo sobre la reunión, no para desahogarse, sino para ordenar lo que había pasado. Lucía lo escuchaba con los brazos cruzados, apoyada en el respaldo de la silla. Samuel, por primera vez en mucho tiempo, no estaba desconectado de la conversación: seguía cada palabra. —Y cuando le mostré el commit —decía Gabriel—, el jefe se quedó mudo. Literalmente mudo. Creo que nunca lo vi así. Lucía sonrió. —Te lo merecías. Hace semanas que te viene cargando. Samuel apoyó los codos en la mesa. —¿Y ahora qué? ¿Te van a dejar tranquilo? Gabriel se encogió de hombros. —No sé. Pero al menos hoy no me comieron vivo. Samuel asintió. Y justo cuando iba a decir algo más, se escuchó un ruido. Un golpe seco. Contra la ventana. Los tres se quedaron quietos. No era un golpe fuerte. No era un golpe de viento. Era algo… deliberado. Lucía giró la cabeza hacia la ventana del living. Gabriel se levantó de inmediato. Samuel sintió un escalofrío, pero no se paralizó. —¿Qué fue eso? —preguntó Lucía, poniéndose de pie. Gabriel se acercó despacio a la ventana. Corrió apenas la cortina. —No veo nada —dijo. Y entonces volvió a sonar. Otro golpe. Más suave. Como si alguien tocara con los nudillos desde afuera. Samuel se levantó. No rápido. No impulsivo. Pero se levantó. —¿Hay alguien? —preguntó Lucía, acercándose. Gabriel entreabrió la ventana. El aire frío entró de golpe. —¿Hola? —dijo hacia la oscuridad. Nada. Ni una voz. Ni un movimiento. Hasta que algo cayó al piso, justo al lado de la ventana. Un sobre. Lucía lo vio primero. —¿Qué es eso? Gabriel lo recogió. Estaba mojado por la lluvia, pero no destruido. No tenía remitente. No tenía nombre. Solo un sello rojo en la parte de atrás. Samuel se acercó. —¿Lo abrimos? Gabriel dudó. Lucía no. —Sí —dijo ella—. Si alguien vino hasta acá para dejarlo, no es casualidad. Gabriel abrió el sobre con cuidado. Sacó una hoja doblada en tres. La desplegó sobre la mesa. Los tres se inclinaron para leer. El mensaje era corto. Escrito a mano. Con letra firme. “No están solos en esto. Pero tampoco están a salvo. Tengan cuidado.” Nadie habló. Nadie respiró fuerte. Nadie intentó interpretar nada. Samuel fue el primero en romper el silencio. —¿Esto es una broma? Lucía negó con la cabeza. —No tiene pinta de broma. Gabriel volvió a mirar la ventana. —¿Quién dejaría algo así? Samuel tomó el papel. Lo leyó otra vez. Y otra vez. —¿A salvo de qué? —preguntó. Lucía cruzó los brazos. —No sé. Pero no me gusta. Gabriel apoyó las manos en la mesa. —¿Alguien sabe que estamos pasando por todo esto? ¿Alguien de afuera? Samuel negó. —No. Solo mi hermana. Y mi mamá. Y nadie más. Lucía lo miró. —¿Tu hermana podría haberlo dejado? —No —respondió Samuel—. Ella no haría algo así. Y menos sin avisar. Gabriel tomó el sobre. Lo revisó por dentro. Nada más. —Esto no es casual —dijo—. Y no es para cualquiera. Es para nosotros. Lucía respiró hondo. —¿Qué hacemos? Samuel dejó el papel sobre la mesa. —Primero… cerramos la ventana. Gabriel la cerró. Lucía corrió la cortina. Samuel se quedó mirando el sobre como si fuera una pieza de un rompecabezas que no sabía dónde encajar. No había miedo. No había pánico. Había alerta. Y los tres lo sintieron al mismo tiempo. Algo había entrado en su historia. Algo que no venía de adentro. Algo que no podían controlar. Gabriel tomó el papel otra vez. —Sea quien sea… sabe dónde vivimos. Lucía apretó los labios. —Y sabe que algo está pasando. Samuel se sentó. No para descansar. Para pensar. —Entonces —dijo—, habrá que averiguar quién es. Y por primera vez en toda la noche, ninguno de los tres miró hacia adentro. Miraron hacia afuera.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.