No Fue imposible olvidarte

Capítulo Cuatro

Sofía.

Recuerdo perfectamente que Ian no respondió mi pregunta aquella ocasión, fue hasta después ya que recibió una llamada importante y tenía que marcharse. Esa misma noche regresó y me dijo que no, que para empezar que clase de nombre era aquel, pero que lo sentía, que no conocía a nadie llamado B`d Laín.

No cuestioné su respuesta y no seguí insistiendo con ello. Simplemente le creí.

Una tarde le pregunté que como iba el negocio con sus hermanos y me dijo que muy bien que ya iba progresando, que algún día me invitaría a ir para conocerlos, solo que aún no era el momento.

El tiempo siguió pasando hasta que llegó el día. Se cumplieron dos años desde aquel incidente, no estaba muerto, pero él siempre permanecía en mi mente y en mi corazón.

Aquel día era mi descanso, así que saliendo de clases caminé un rato y después me dirigí a comprar un café.

Entré al local y me acerqué a la chica a pedirle un cappuccino. Tomó mi orden y se puso a hacerlo, mientras esperaba en una de las mesas de fondo pude visualizar a una persona que me resultó un tanto familiar. Esa sonrisa, esa voz, ese cabello desordenado y su cairel que caía por la frente eran difíciles de confundir.

Estaba acompañado de una chica, una chica bajita…extrañamente muy parecida a mí. Ella se acercó a él plantándole un beso en los labios. Los observé por un momento, al decir el nombre de Samantha la chica se levantó para recoger su pedido, fue entonces que nuestras miradas se encontraron.

Él sonrió, pero no de la forma que lo hacía antes, su sonrisa era amistosa, como cuando le sonríes a un extraño por amabilidad.

Desvié la mirada, agarré mi café y salí del lugar.

Traté de borrar esa imagen de mi mente, él había seguido su vida, era normal ya que no me recordara…pero bien que se había buscado a alguien como yo, eso me molestaba un poco. Quizá su debilidad eran las chicas así.

Caminé de regreso a mi casa, al llegar abrí la puerta entrando a la cocina me puse hablar con mi madre luego subí a mi habitación. Revisé los mensajes en Whatsapp.

Tenía unos de Ian invitándome a salir y uno del grupo de la escuela, odiaba los grupos. Lo abrí y me di cuenta de que habían encargado un libro.

Todo mundo se quejaba de que ese libro ya no existía, que no se podía conseguir de la noche a la mañana, hasta maldijeron al profesor por encargar algo inexistente. El profesor molestó respondió que quién no llevara ese libro le iba a reprobar.

Suspiré, no quería hacerlo, no debía hacerlo, pero realmente era mi último recurso.

Bloqueé el celular, tomé una chaqueta, mi bolsa y salí de mi casa.

Decidí ir caminando por si en algún punto me llegaba arrepentir así me podría desviar por alguna otra calle.

Realmente no estaba segura si me encontrase algo, pero para mi sorpresa al llegar la librería estaba con vida, la gente entraba y salía de esta.

Me detuve un momento y me animé a mí misma -Tú puedes Sofí-

Abrí la puerta y con decisión entré. Para mi sorpresa la que estaba atendiendo era la chica que había visto con él.

Pasé rápidamente a las estanterías, empecé a buscar durante un tiempo hasta que después de un rato lo encontré y justo estaba en el estante de arriba. Genial.

Estiré la mano para alcanzarlo cuando alguien más la alzó a la par, la retiré inmediatamente y me giré a ver al desconocido.

Lo agarró y me lo dio.

— Pensé que te vendría bien un poco de ayuda.

El corazón se me encogió. Ver sus ojos de cerca, escuchar su voz, no podía soportarlo. Quería llorar, lanzarme a sus brazos, decirle cuanto lo había extrañado, pero eso no podía ser, pues él no me recordaba.

Laín me sonrió.

— Es un buen libro, es de los últimos ejemplares que nos queda. Ojalá lo disfrutes.

No podía seguir ahí, era demasiado para mí. Le di la vuelta y me dirigí a pagar, Laín se acercó junto conmigo al mostrador y me tendió un separador. Siempre manteniendo su sonrisa cordial.

La chica me entregó el cambio junto con el libro, yo me paré frente a él y con mi mejor sonrisa le dije.

— Gracias... — y en un susurro dije su nombre—. Gracias, Laín.

Caminé con rapidez a la puerta, la abrí y el aire me pegó en el rostro, pero escuché perfectamente como decía.

— De nada…Sofí.

Una parte de mi quería voltear, encararlo a ver si había escuchado bien, la otra parte me decía que eso era imposible y que ya saliera de ahí. No sé si lo dijo o quizá fue mi imaginación, era algo que quedaría en duda. Aun no estaba lista para enfrentarlo de nuevo. 




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