No Fue imposible olvidarte

Capítulo Once

Laín

Bastaron unos segundos para recordar de quién se trataba.

— ¿Eros? Sam se sobresaltó al escuchar la voz de Naím—. Se supone que debes estar en prisión, ni siquiera te reconocí.

Ella nos miró a los tres sin entender.

— ¿En prisión, de que está hablando? — preguntó confundida.

Nadie le respondió, al contrario de eso Naím contestó con otra pregunta.

— ¿Entonces eres tú el padre de ese niño?

La respuesta de Eros fue sonreírnos como si hubiese ganado un premio.

— Eres un chico listo—respondió.

— No jodas Sam, de todos los hombres porque el…

Sam levantó una ceja incrédula.

— Lo siento, Naím, no eres quién para meterte en esto, al único que le debo explicaciones es a Laín.

Asentí con la cabeza y me crucé de brazos.

— Va la misma pregunta entonces ¿Por qué él, Sam?

Bajó la cabeza apenada y se movió a otro lugar de la cafetería, Naím y yo la seguimos con Eros a nuestras espaldas.

— Eros y yo tuvimos una especie de historia. Hace unos años, cuando era menor de edad, mis padres me mandaron a una especie de colegio para señoritas, él era algo así como un guardián, me gustó, le gusté y anduvimos a escondidas…

— Un momento ¿De casualidad la directora de ahí se llamaba Laura?

Asintió.

— Laura nunca se dio cuenta… ¿Cómo es que tú sabes de eso?

Sonreí. Que pequeño…pequeñísimo era el mundo.

— Tenemos más historia de la que tu piensas, Sam— respondí tranquilamente. — ¿Por qué dijiste que ese bebé es mío? ¿En qué momento me engañaste?

— Esto fue de una noche, solo pasamos una noche juntos y entonces me embaracé. Pensé que Eros no se haría cargo, tú eres una persona responsable así que aproveché.

Naím y yo intercambiamos una mirada.

Eros se acercó a nosotros.

— No quiero problemas, idiotas, me haré cargo del bebé y de ella. Ya perdí el interés en joderles la vida a ti y a la enana aquella.

— Si por la enana te refieres a Sofí, déjame decirte que ella está igual de enana…es una copia de Sofí…una copia barata— dijo Naím—. Sin ofender Sam— terminó.

Ella estaba muy confundida, no sabía del todo lo que estaba pasando.

— Me quitas un gran peso de encima Sam, pero déjame decirte que yo en tu lugar tendría a la bebé sola, el no vale la pena…la gente cambia, pero no creo que Eros vaya en ese saco.

— ¿Sabías que mató a alguien?

Naím debió guardarse aquello, pues en ese momento a pesar de estar un tanto alejados todos nos miraron.

— Sam, me preocupo por ti a pesar de todo, y créeme cuando te digo que debes alejarte de este hombre si realmente quieres el bien para ti y para ese niño.

— No te metas conmigo Laín—se defendió Eros.

— Si no que, ¿lo matarás como lo hiciste con Caro?

— Fue un accidente…

— No. No lo fue. No sé porque saliste de prisión. Deberías estar pudriéndote en una celda. — las palabras que salían de la boca de Naím estaban cargadas de odio—. Estas advertida Samdije levantándome— es hora de irnos.

No quería dejarla sola con una persona así, pero realmente yo que podía hacer. Ella se veía como si realmente quisiera estar con él.

Salimos del lugar, me sentía más tranquilo al saber que el camino hacia mi pequeña estaba libre. No sabía porque Naím había venido, pero agradecía que hubiese estado ahí, quizá sin su presencia no hubiera terminado muy bien el asunto.

Caminamos unas cuadras hasta que mi hermano pidió un Uber, tardó varios minutos en llegar y cuando nos subimos ninguno dijo nada. En el trayecto por unas calles pudimos visualizar a Ian caminando con prisa.

— ¿A dónde crees que va?

Negué.

— No sé, no me interesa. Debo llegar a la librería y después tratar de localizar a Sofí

Ignorándome por completo me preguntó.

— ¿Lo seguimos?

Negué de nuevo.

— Okay, hay que seguirlo

Lo miré confundido, le había dicho una cosa y hacia otra completamente diferente.

Vi cómo le decía al del Uber que, si podía seguirlo, este no quería, después de varios minutos de disputa terminó cediendo.

Caminó por varias calles, un aproximado de media hora. Se detuvo en una librería.

Naím me miró serio.

— Aquí es donde trabaja Sofí.

Iba a bajarme, pero Naím me detuvo.

— ¿Qué pasa?

— No tengo efectivo, antes de que vayas al rescate de tu amada dame dinero.

Saqué mi cartera y se la di.

Me bajé del auto, crucé la calle y vi a Sofí frente a él, sostenía sus manos, abrí la puerta y me quedé helado al escuchar lo que le decía a mi pequeña.

Bajé la cabeza y carraspeé, cuando él me vio soltó las manos de Sofí y se tensó.

Lo miré fijamente y me dirigí hacia él.

— Así que dime Ian. ¿Realmente pretendes asesinarme?

 




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