@@– Entonces me encontré con Roberto Fernández y los demás – continuó Alejandro, su voz quebrándose con cada palabra –, me dijeron que si me unía a ellos, podría hacer más bien que luchando solo. Me dijeron que con el dinero que desviábamos podríamos ayudar a construir escuelas y hospitales en las zonas más pobres del país. Que era una forma de redistribuir la riqueza, aunque no fuera legal.
– ¡Eso es una mentira! – exclamó Sofía, sintiendo cómo la ira se mezclaba con la tristeza – ¿Cómo puedes decir que robando dinero que pertenece a todos estás ayudando a la gente? Ese dinero nunca llegó a ninguna escuela ni a ningún hospital. Se fue a cuentas bancarias en el extranjero, a comprar casas y coches caros para ustedes mismos.
– Al principio sí lo hicimos – dijo Alejandro con desesperación –, al menos parte de él. Construimos dos escuelas en el norte del país, ayudamos a pagar los tratamientos médicos de varias personas enfermas. Pero luego las cosas se salieron de control. Fernández empezó a querer más dinero, más poder. Y cuando alguien se oponía, él se encargaba de que desapareciera o de que terminara en la cárcel.
– ¿Y tú permitiste que pasara? – preguntó Sofía – ¿Tú, que siempre dijiste que querías hacer justicia, permitiste que se hicieran cosas así?
– No tuve elección – repitió Alejandro –, si me hubiera negado, habrían hecho daño a ti, a tu familia. Me amenazaron con hacer que te acusaran de corrupción también, de decir que habías estado ayudándonos a desviar el dinero. Y sabía que con las pruebas que tenían preparadas, nadie te creería.
Sofía se quedó callada por un instante, procesando sus palabras. Sabía que estaba tratando de justificar sus acciones, pero también sabía que había tenido miedo. Había visto lo que eran capaces de hacer, había visto cómo habían arruinado la vida de personas inocentes solo para protegerse.
– ¿Por qué elegiste a Diego? – preguntó con voz baja – ¿Por qué tuviste que incriminar a mi hermano en lugar de alguien más?
– No fui yo quien lo eligió – respondió Alejandro con voz triste –, fue Fernández. Él dijo que necesitábamos a alguien que tuviera vínculos con Globaltrans y conmigo, para que si las cosas salían mal, pudiera culparse a ti por haber manipulado los documentos para proteger a tu hermano. Dijo que era el plan perfecto, porque nadie dudaría de que tú habías hecho todo lo posible para defenderlo.
– Así que todo esto fue para atacarme a mí – dijo Sofía, sintiendo cómo las lágrimas empezaban a rodar por sus mejillas – ¿Por qué, Alejandro? ¿Qué te hice para que quisieras hacerle daño a mi familia?
– Nada, Sofía – dijo él con voz rota –, nunca te hice nada. Te amo, todavía te amo. Y fue por eso que no pude permitir que te hicieran daño directamente. Incriminar a tu hermano fue la única forma que encontré de protegerte, aunque supiera que me odiarías por ello.
– Eso no tiene sentido – dijo Sofía, secándose las lágrimas con la manga de su abrigo – ¿Cómo puedes decir que me amas y al mismo tiempo hacerle daño a la persona que más quiero en el mundo?
– No lo sé – respondió Alejandro con un suspiro –, estoy perdido, Sofía. No sé cómo salir de esto, no sé cómo arreglar el daño que he hecho. He intentado dejarlo varias veces, pero cada vez que lo intento, Fernández me recuerda lo que pasará si no sigo cumpliendo sus órdenes.
– Hay una forma de salir de esto – dijo Sofía con firmeza –, tienes que confesar todo. Tienes que decirle a la policía y al tribunal todo lo que sabes sobre Fernández y el resto del grupo. Tienes que ayudar a demostrar la inocencia de Diego y a llevar a los culpables ante la justicia.
– No puedo hacerlo – dijo Alejandro con voz temblorosa –, si lo hago, ellos matarán a mi familia. Mi madre, mi hermana, mis sobrinos. No puedo ponerlos en peligro.
– Pero si no haces nada, seguirán haciendo daño a más personas – insistió Sofía –, y tú seguirás siendo parte de ello. Tienes que tomar una decisión, Alejandro. Tienes que decidir si quieres seguir siendo un criminal o si quieres hacer las cosas bien por fin.
Hubo un largo silencio en la línea, y Sofía pudo escuchar cómo Alejandro respiraba con dificultad, como si estuviera llorando.
– ¿Qué pasaría si yo confeso? – preguntó finalmente – ¿Crees que la justicia me daría una segunda oportunidad? ¿Crees que tú podrías perdonarme algún día?
– No puedo prometer nada – respondió Sofía con sinceridad –, pero sé que la verdad siempre es la mejor opción. Y si ayudas a demostrar la inocencia de Diego y a llevar a los culpables ante la justicia, eso cuenta para algo. Además, podemos pedir protección para tu familia. La policía y el ministerio público tienen programas para testigos protegidos.
– Necesito tiempo para pensar – dijo Alejandro –, no puedo tomar una decisión así de la noche a la mañana.
– No tienes mucho tiempo – respondió Sofía –, estamos a punto de presentar las pruebas ante la corte suprema y de dar la historia a la prensa. Si no te decides pronto, será demasiado tarde.
– Lo sé – dijo Alejandro –, te llamo en unas horas para darte una respuesta. Pero por favor, Sofía... ten cuidado. Fernández ya sabe que tienes las pruebas, y no va a permitir que las presentes.
Después de colgar la llamada, Sofía se quedó sentada en silencio durante varios minutos, pensando en lo que Alejandro le había dicho. Sabía que estaba diciendo la verdad al menos en parte – podía escuchar el miedo y la culpa en su voz. Pero también sabía que él había hecho cosas terribles, y que tendría que pagar por ellas.
El doctor Fuentes se acercó a ella, poniéndole una mano en el hombro con expresión compasiva:
– Sé que esto es difícil para ti, mija – dijo –, pero tienes que recordar que la justicia es más importante que cualquier sentimiento personal. Alejandro ha hecho mucho daño, y tiene que responder por sus acciones.
– Lo sé, profesor – respondió Sofía –, pero también sé que él no es el único responsable. Fernández y los demás son los que realmente están detrás de todo esto. Alejandro solo es una pieza en su juego.
– Eso es cierto – dijo el doctor Fuentes –, pero eso no excusa sus acciones. Todos tenemos que responder por lo que hacemos, sin importar las circunstancias.
Mientras tanto, Gabriela estaba en el teléfono con su jefe en el periódico, coordinando la publicación de la historia. Parecía emocionada y seria a la vez, consciente de la importancia de lo que estaban a punto de hacer.
– Mi jefe está de acuerdo en publicar la historia mañana por la mañana – dijo después de colgar la llamada –, hemos acordado que primero publicaremos una versión resumida en la portada del periódico impreso, y luego una historia completa con todas las pruebas en nuestra página web. También hemos contactado con otros medios de comunicación importantes para que la repartan, para asegurar que la noticia llegue a todo el país.
– Perfecto – dijo el doctor Fuentes –, mientras tanto, yo he estado hablando con algunos amigos en la corte suprema. Ellos están dispuestos a recibir nuestra solicitud y a abrir una investigación inmediata. Pero necesitamos estar preparados para que Fernández y sus amigos intenten bloquearla o desacreditarla.
– También he hablado con los testigos – dijo Ricardo –, Carlos Márquez y Ana han aceptado declarar ante la corte, pero están muy asustados. He organizado para que se queden en un lugar seguro con sus familias hasta que la situación se calme.
– Muy bien – dijo el doctor Fuentes –, entonces todo está listo. Mañana por la mañana, presentaremos la solicitud ante la corte suprema y Gabriela publicará la historia. Al mismo tiempo, Sofía irá a la cárcel para informar a Diego sobre lo que está pasando y para prepararlo para su liberación.
Sofía asintió con la cabeza, aunque por dentro se sentía nerviosa y emocionada a la vez. Después de días de lucha y angustia, finalmente estaban a punto de conseguir la justicia para Diego. Pero también sabía que el camino no terminaría ahí – tendrían que enfrentarse a Fernández y sus amigos en el tribunal, y probablemente tendrían que luchar contra ellos durante mucho tiempo más.
Decidió ir a ver a Luisa y los niños para contárselo todo. Llegó a su casa en Callao poco después del mediodía. Luisa la recibió con los ojos llenos de esperanza, y los niños corrieron hacia ella abrazándola.
– ¿Has conseguido algo? – preguntó Luisa tan pronto como la cerraron la puerta.
– Sí – respondió Sofía con una sonrisa –, tenemos las pruebas que necesitamos para demostrar la inocencia de Diego. Mañana presentaremos la solicitud ante la corte suprema y la historia saldrá en todos los periódicos. Esperamos que lo liberen en cuestión de días.
Luisa se echó a llorar de alegría, abrazándola con fuerza. Los niños no entendían muy bien lo que estaba pasando, pero vieron que sus madres estaban felices y empezaron a saltar y a reír.
– También he hablado con Alejandro – dijo Sofía después de que Luisa se calmara –, él ha admitido que estuvo involucrado en todo esto. Dice que lo hizo porque le habían amenazado, pero también sabe que tiene que responder por sus acciones.
– ¿Qué va a pasar con él? – preguntó Luisa con voz baja.
– No lo sé – respondió Sofía –, dependerá de cómo coopere con la investigación y de lo que decida el tribunal. Pero sé que él pagará por lo que ha hecho.
Mientras comían un almuerzo sencillo que Luisa había preparado, Sofía les contó a los niños sobre lo que estaba pasando, usando palabras sencillas que pudieran entender. Martín se puso muy serio y le preguntó a Sofía si su papá podría volver a casa pronto para jugar con él al fútbol.
– Claro que sí, cariño – respondió Sofía, acariciándole la cabeza –, tu papá volverá muy pronto, y podrán jugar al fútbol todos los días si quieren.
Después del almuerzo, Sofía se despidió de ellos y se dirigió hacia la cárcel para ver a Diego. Esta vez, el guardia la dejó pasar sin problemas – ya habían recibido la noticia de que se estaban preparando pruebas para demostrar su inocencia, y trataban a Diego con más respeto.
Lo encontraron en una celda pequeña pero limpia, sentado en la cama con un libro en la mano. Al ver a Sofía, se levantó de un salto y la abrazó con fuerza.
– Hermana – dijo con voz emocionada –, no puedo creer que estés aquí. ¿Cómo estás? ¿Y Luisa y los niños?
– Están bien – respondió Sofía, devolviéndole el abrazo –, y tú también lo estarás muy pronto. Tenemos las pruebas que necesitamos para demostrar que eres inocente.
Diego se sentó en la cama, mirándola con ojos llenos de esperanza y temor a la vez. Sofía le contó todo – los documentos falsificados, el acceso al sistema de Globaltrans, las pruebas que había encontrado en TechnoService, la confesión de Alejandro, el plan para presentar las pruebas ante la corte y publicar la historia en la prensa.
Diego escuchó con atención, sin decir palabra hasta que ella terminó. Luego suspiró profundamente, pasando una mano por su rostro cansado.
– No puedo creer que Alejandro haya hecho esto – dijo con voz triste –, él siempre pareció ser una buena persona. Siempre me trató con respeto, siempre estuvo ahí cuando necesitábamos ayuda.
– La gente puede cambiar – dijo Sofía con tristeza –, o tal vez nunca fue la persona que creímos conocer. Pero eso no importa ahora. Lo importante es que vamos a conseguir la justicia, y que tú volverás a casa con tu familia.
– Y ¿qué pasará con él? – preguntó Diego – ¿Con Alejandro?
– Depende de él – respondió Sofía –, si coopera con la investigación y dice toda la verdad, puede que la justicia le sea más clemente. Pero si no lo hace, tendrá que pagar por lo que ha hecho.
Diego se quedó callado por varios minutos, pensando en lo que ella le había dicho. Luego miró a sus ojos con expresión seria:
– Quiero que sepas algo, hermana – dijo –, nunca pensé que pudieras dejarme solo. Siempre he sabido que eres la persona más valiente y honesta que conozco, y estoy muy orgulloso de ti. No importa lo que pase, siempre estaré aquí para ti.
Sofía sintió cómo las lágrimas empezaban a rodar por sus mejillas. Había pasado tantos días preocupada y estresada que había olvidado lo importante que era el apoyo de su familia. Sabía que sin ellos no habría podido llegar hasta aquí.
– También quiero que sepas algo – dijo ella, cogiendo la mano de Diego –, nunca dudé de ti. Siempre supe que no habías hecho nada, siempre supe que alguien más estaba detrás de todo esto. Y aunque me costó mucho trabajo encontrar la verdad, nunca me rendí. Porque eres mi hermano, y no puedo dejar que nadie te haga daño.
Después de hablar un rato más, Sofía se despidió de Diego y salió de la cárcel. El sol ya empezaba a ponerse, tiñendo el cielo de tonos naranjas y rosados. Caminó hacia su auto con paso firme, sintiendo una sensación de esperanza que no había sentido en mucho tiempo. Sabía que el camino aún sería difícil, que probablemente tendrían que enfrentarse a muchas dificultades y amenazas en los próximos días y semanas. Pero también sabía que no estaban solos, que tenían el apoyo de sus familias, sus amigos y muchos otros que creían en la justicia.
Mientras conducía hacia su despacho, recibió una llamada de Alejandro. Contestó la llamada con la respiración contenida, esperando saber su decisión.
– Sofía – dijo su voz por el altavoz del auto –, he tomado una decisión. Voy a confesar todo. Voy a decirle a la policía y al tribunal todo lo que sé sobre Fernández y el resto del grupo. Voy a ayudar a demostrar la inocencia de Diego y a llevar a los culpables ante la justicia.
Sofía sintió un alivio tremendo al escuchar esas palabras. Sabía que no habría sido fácil para él tomar esa decisión, que estaría poniendo en peligro su vida y la de su familia. Pero también sabía que era la única forma de hacer las cosas bien.
– ¿Estás seguro? – preguntó ella con voz suave – ¿Sabes lo que esto significa para ti y para tu familia?
– Sí – respondió Alejandro –, lo sé. Pero no puedo seguir viviendo así, sabiendo lo que he hecho. No puedo seguir permitiendo que Fernández y sus amigos hagan daño a más personas. Y quiero intentar hacer las paces contigo, aunque sé que será difícil.
– Te ayudaré en lo que pueda – prometió Sofía –, conseguiremos protección para ti y para tu familia. Y haré todo lo posible para que la justicia te sea clemente.
– Gracias, Sofía – dijo Alejandro con voz emocionada –, no sé cómo pagarte esto. Pero te prometo que haré todo lo posible para arreglar el daño que he hecho.
– Solo tienes que decir la verdad – respondió Sofía –, eso es todo lo que pedimos.
Después de colgar la llamada, Sofía se detuvo en un semáforo y miró hacia el cielo. El sol ya se había puesto completamente, y las estrellas empezaban a aparecer en el cielo oscuro. Pensó en todo lo que había pasado en los últimos días, en cómo su vida había cambiado completamente en cuestión de horas. Pensó en Diego, en Luisa y los niños, en el momento en que finalmente volverían a estar juntos como familia. Pensó en Alejandro, en el hombre que había amado y en el difícil camino que le esperaba. Y pensó en el futuro, en cómo iban a tener que trabajar duro para reconstruir todo lo que había sido destruido. Pero también sabía que tenían la fuerza y el valor para hacerlo, que tenían la verdad de su lado y que eso era lo más importante.
El semáforo cambió a verde, y Sofía continuó conduciendo hacia su despacho, lista para enfrentar lo que viniera a continuación. Sabía que el día siguiente sería uno de los más importantes de su vida, que cambiaría el curso de la justicia en su país y que ayudaría a muchas personas a conseguir la verdad y la justicia que merecían. Y aunque sabía que habría momentos difíciles por delante, también sabía que estaba haciendo lo correcto, que estaba cumpliendo con los valores que le habían enseñado sus padres y sus familiares.
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Editado: 15.02.2026