No Fui Yo ,pero Siempre Supe Que Fuiste Tu

NUEVOS CAMINOS

@@Un mes había pasado desde que Diego había recuperado su libertad, y Lima parecía un mundo diferente. Las calles que antes llevaban rostros preocupados y resignados ahora mostraban esperanza – gente conversaba animadamente sobre los cambios en el sistema de justicia, jóvenes organizaban marchas pacíficas pidiendo transparencia, y los medios de comunicación se centraban en historias de corrupción desentendida y casos de inocentes liberados.
Sofía se encontraba en su despacho, ahora más grande y con nuevos equipos gracias a los recursos que habían conseguido para continuar sus investigaciones. Ricardo estaba frente a ella, revisando un informe sobre las últimas capturas realizadas por la policía.
– Han detenido a tres funcionarios más del ministerio de obras públicas – dijo Ricardo, señalando la pantalla de su computadora –, según las declaraciones de Alejandro, formaban parte de la red que gestionaba los desvíos hacia proyectos en el extranjero.
Sofía asintió, mientras organizaba documentos sobre el nuevo caso que habían tomado – la desaparición de fondos en el programa de vivienda social. Había sido una petición personal del doctor Fuentes, quien creía que esta red tenía vínculos con los mismos responsables del caso de Diego.
– ¿Y Alejandro cómo está? – preguntó Sofía, aunque sabía la respuesta. Había estado recibiendo informes sobre su estado todos los días.
– Sigue cooperando al cien por cien – respondió Ricardo –, ha contado detalles sobre cómo se financiaban las campañas políticas de algunos candidatos, incluso de quienes ahora ocupan cargos importantes en el gobierno. La corte le ha ofrecido reducir su condena si continúa colaborando.
Sofía suspiró. Había visitado a Alejandro una vez más después del juicio. Él le había contado cómo Fernández y sus hombres le habían obligado a firmar documentos falsos, cómo le habían mostrado fotografías de su familia para asegurarse de que cooperara. Había llorado mientras hablaba, pidiéndole perdón por todo el daño que había causado.
– Me dijo que siempre supo que tú descubrirías la verdad – añadió Ricardo –, que contaba con tu valentía para desmontar todo el engaño.
Justo en ese momento, la puerta del despacho se abrió sin llamar. Gabriela entró con una carpeta en la mano, su rostro iluminado por una sonrisa triunfal.
– ¡Lo conseguimos! – exclamó – El congreso ha aprobado la creación de una comisión especial para investigar todas las redes de corrupción que hemos descubierto. Y además – se detuvo, mostrando la carpeta –, hemos conseguido rastrear el dinero desviado del caso García. Está en cuentas en el Caribe, pero las autoridades ya han acordado congelarlas.
– Eso es excelente noticia – dijo Sofía, levantándose para abrazarla – ¿Y qué hay de los responsables?
– Fernández sigue negándose a hablar – respondió Gabriela –, pero sus abogados ya están negociando un acuerdo. Saben que no tienen escapatoria.
Mientras conversaban, la puerta se abrió de nuevo. Esta vez fue Ana, la joven asistente de Diego en Globaltrans, acompañada de su madre. Lucían más relajadas de lo que Sofía las había visto nunca.
– Licenciada Ramírez – dijo Ana con una sonrisa –, quería agradecerte personalmente. La empresa me ha ofrecido un ascenso y me han asegurado que estaré protegida. Mi familia y yo hemos podido volver a vivir en paz.
– Me alegro mucho por ti, Ana – respondió Sofía, estrechándole la mano –, pero ten cuidado. Aunque Fernández está detenido, sus cómplices pueden estar aún en libertad.
– Sé que no puedo bajar la guardia – dijo Ana con determinación –, pero estoy dispuesta a seguir colaborando en cualquier investigación que necesiten. El señor Diego me ha ofrecido seguir trabajando con él en Globaltrans – sonrió –, ahora que la empresa está siendo reconstruida desde cero.
Después de que Ana se fue, Sofía se sentó de nuevo en su escritorio. Había recibido una llamada de la corte unos días antes – el juez había acordado reducir la condena de Alejandro a cinco años de prisión, con posibilidad de libertad condicional después de tres, siempre que continuara colaborando con las investigaciones. También habían aprobado que su familia pudiera visitarlo semanalmente en la cárcel de máxima seguridad donde estaba detenido.
Decidió escribirle una carta. No sabía si él la recibiría, pero necesitaba decirle lo que sentía. Había pasado mucho tiempo desde el juicio, y aunque el dolor seguía ahí, también había empezado a sentir empatía por lo que él estaba pasando. Sabía que la culpa y el remordimiento debían ser insoportables.
Mientras escribía, recordó la promesa que le había hecho a Diego – de que nunca más permitiría que la injusticia prevaleciera. Ahora, con el caso de Diego resuelto, tenía la oportunidad de dedicarse a otros casos similares, de ayudar a otros inocentes que habían sido víctimas del sistema. El doctor Fuentes le había propuesto unirse a su equipo de abogados especializados en casos de corrupción y derechos humanos, y Sofía estaba considerando seriamente la oferta.
Ricardo la interrumpió con una taza de café:
– Pensé que necesitarías esto – dijo con una sonrisa –, he estado hablando con el doctor Fuentes. Nos ha ofrecido unirnos a su nueva fundación contra la corrupción. Ellos ya tienen financiamiento para abrir oficinas en varias ciudades del país.
– Me parece una excelente idea – respondió Sofía –, pero primero necesito asegurarme de que Diego y su familia están completamente seguros. He hablado con la policía, y me han dicho que están vigilando todos los movimientos de los antiguos cómplices de Fernández.
– También he hablado con Luisa – dijo Ricardo –, ella me ha contado que Diego está trabajando en un proyecto para modernizar los sistemas de Globaltrans, para evitar que esto vuelva a pasar. Han contratado a nuevos técnicos y han implementado controles aún más estrictos.
Sofía sintió un orgullo enorme por su hermano. A pesar de todo lo que había pasado, Diego había decidido usar su experiencia para ayudar a mejorar la empresa y prevenir que otros sufrieran lo mismo que él.
Mientras seguían hablando, la televisión de fondo anunció que el gobierno había anunciado la creación de un nuevo organismo encargado de investigar casos de corrupción en todos los niveles del Estado. El presidente había hecho un discurso prometiendo que nunca más permitiría que personas poderosas se aprovecharan del sistema.
– Parece que finalmente están tomando medidas – dijo Ricardo con optimismo.
– Es el comienzo – respondió Sofía –, pero tendremos que estar atentos para asegurar que estas medidas se apliquen de verdad. No podemos permitir que se repitan los mismos errores.
Al final de la tarde, Sofía decidió visitar a Alejandro. Había pasado casi dos meses desde su última visita, y sentía que era hora de hablar con él cara a cara, de cerrar ese capítulo de su vida. La cárcel donde estaba detenido era diferente a la anterior – más moderna, con mejores condiciones para los reclusos que colaboraban con las investigaciones.
Fue llevada hasta la sala de visitas, donde Alejandro esperaba sentado en una mesa pequeña. Lucía mejor que la última vez que lo había visto – había ganado algo de peso, y sus ojos ya no tenían esa mirada perdida que la había preocupado tanto. Al verla, se levantó con expresión de emoción.
– Sofía – dijo con voz temblorosa –, no creí que volvieras a verme.
– Tenía que venir – respondió ella, sentándose frente a él –, necesitaba hablar contigo.
Pasaron varios minutos en silencio, mirándose a los ojos como si trataran de leer los pensamientos del otro. Finalmente, Alejandro habló:
– Sé que no tengo derecho a pedirte nada – dijo –, pero quiero que sepas que estoy arrepentido de todo lo que he hecho. De haber mentido, de haber falsificado documentos, de haber puesto en peligro a tu hermano. Cada día que paso aquí pienso en lo mal que he actuado, en todas las personas a las que he hecho daño.
– Ya sé que lo sientes – respondió Sofía con voz suave –, y sé que estás cooperando con la investigación. Eso cuenta para algo.
– He estado ayudando a la policía a identificar a todos los miembros de la red – continuó Alejandro –, he contado todo lo que sé sobre sus operaciones, sus contactos en el extranjero, cómo desviaban el dinero. Quiero hacer todo lo posible para reparar el daño que he causado.
– Eso es lo importante – dijo Sofía –, la verdad siempre encuentra la manera de salir a la luz. Y aunque ha costado mucho trabajo llegar hasta aquí, finalmente estamos empezando a ver los resultados.
Alejandro asintió con la cabeza, mirándola con expresión de gratitud:
– Gracias por no haberme abandonado completamente – dijo –, sé que he hecho cosas terribles, pero tú siempre has creído que había algo bueno en mí. Eso me ha dado fuerzas para seguir adelante.
– Todos tenemos la capacidad de cambiar – respondió Sofía –, solo necesitamos tener el valor de hacerlo.
Después de hablar un rato más, Sofía se despidió de Alejandro y salió de la cárcel. El sol poniente pintaba el cielo de tonos dorados y rojizos, y un fresco viento del mar refrescaba el aire. Caminó hacia su auto con paso firme, sintiendo una sensación de paz que no había sentido en mucho tiempo. Sabía que el camino aún sería largo, que habría más desafíos por delante, pero también sabía que tenía el apoyo de su familia, sus amigos y todos aquellos que creían en la justicia.
Al llegar a casa, encontró a Diego y su familia esperándola en la sala. Habían preparado una cena especial para celebrar el primer aniversario de su liberación – aunque aún faltaban varios meses, querían aprovechar el momento para estar juntos. Los niños corrían por la sala jugando con un balón, mientras Luisa y Diego preparaban la mesa con los platos favoritos de todos.
– ¡Tía Sofía! – gritaron los niños cuando la vieron, corriendo hacia ella para abrazarla.
– ¡Hola, mis amores! – dijo Sofía, levantándolos en brazos – ¿Qué tal su día en el colegio?
– ¡Muy bien! – respondió Martín con entusiasmo – Hoy aprendimos sobre la importancia de decir la verdad, y la maestra nos contó la historia de cómo papá fue liberado gracias a ti. Dijo que eres una heroína.
Sofía se rió suavemente, besándoles la frente:
– No soy una heroína, cariño – dijo –, solo he hecho lo correcto. Y lo más importante es que tu papá está aquí con nosotros, sano y salvo.
Mientras cenaban juntos, riéndose y compartiendo historias, Sofía pensó en todo lo que había cambiado en poco tiempo. Había pasado de luchar por la libertad de su hermano a luchar por la justicia de todo un país. Había perdido a alguien que amaba, pero había ganado la certeza de que siempre había tomado las decisiones correctas.
Diego la miró con expresión de gratitud:
– Hermana – dijo –, nunca podré agradecerte lo suficiente por todo lo que has hecho por mí y por mi familia. Pero sé que ahora tienes una misión más grande – ayudar a otros inocentes a conseguir la justicia que merecen.
– Eso es cierto – respondió Sofía con una sonrisa –, y no podría hacerlo sin el apoyo de ustedes. Porque cuando la familia se mantiene unida, no hay nada que no podamos conseguir.
Después de la cena, mientras los niños veían una película en la sala, Sofía se sentó en el balcón con Diego y Luisa, mirando las luces de la ciudad que brillaban en la oscuridad. Sabía que el futuro sería desafiante, pero también sabía que tenían la fuerza y el valor para enfrentarlo juntos.
– Ya es hora de empezar un nuevo capítulo – dijo Diego con determinación –, un capítulo donde la honestidad y la transparencia sean las normas, no las excepciones.
Sofía asintió, mirando hacia el horizonte donde el primer estrella comenzaba a brillar en el cielo nocturno. Sabía que había mucho trabajo por hacer, pero también sabía que estaba en el camino correcto – el camino de la verdad y la justicia. Y aunque el pasado había dejado cicatrices, también había enseñado lecciones valiosas que la habían hecho más fuerte.
Con una mano en el hombro de su hermano y la otra abrazada a Luisa, Sofía cerró los ojos por un instante, agradeciendo por todo lo que había conseguido y por todas las personas que habían estado ahí para ella. Sabía que el camino seguiría siendo difícil, pero también sabía que no estaba sola – tenía a su familia, sus amigos y la certeza de que la verdad siempre prevalecería al final.
El nuevo día llegaría pronto, lleno de posibilidades y esperanzas. Y ella estaba lista para enfrentarlo con la cabeza alta, el corazón lleno de determinación y la firme convicción de que un mundo mejor era posible – un mundo donde la justicia fuera para todos, sin importar quién fueran o de dónde vinieran.




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