No fumo, gracias.

Carta de amor.

Ha pasado medio año desde que te perdí, y todo ha cambiado. Ya nada parece igual.

La mesa donde solíamos comer y bromear por las noches ahora está vacía; ya no suelo cenar allí.

La casa se siente tan vacía, e incluso después de todo este tiempo, no puedo seguir adelante. No pretendo hacerlo, y si te soy sincero, no quiero. No vale la pena, no si no estás aquí.

A veces, oigo tu risa y tus pasos temprano por la mañana cuando estoy en la cama, nuestra cama.

Sé que dijiste que querías que pasara página. Te lo prometí mientras te veía dar tu último aliento, pero nunca se me dio bien cumplir mis promesas.

Tu jefe me ha estado visitando últimamente. Viene y me habla como si fuéramos amigos, pero no lo somos. Gracias a él, estás muerto.

Lo odio, los odio a todos, me odio a mí mismo.

Normalmente lo ignoro. Me siento en el sofá y lo escucho hablar del increible hombre que eras.

Claro que lo eras, mi esposo era el mejor.

Lloré mucho; suelo llorar por las noches cuando te extraño.

Y empecé a beber. Sé que decías que el alcohol no me hacía bien.

¿Pero qué más puedo hacer cuando te extraño? ¿Suicidarme?

Las ancianas del pueblo decían que iríamos al infierno cuando murieramos porque nos amábamos aunque ambos éramos hombres.

Cuando nos escapamos a los diecinueve, prometiste que nunca me dejarías solo, así que ¿por qué no estás aquí ahora?

Todavía recuerdo la noche en que te perdí. Tengo la misma pesadilla una y otra vez cada noche.

Estabas tirado en el suelo, cubierto de sangre.

Me miraste y sonreíste incluso mientras te morías.

"¿Por qué lloran, conejito?"

Me dijiste eso mientras me abrazabas por última vez.

Te sostuve en mis brazos.

Lloré, y tú no cerraste los ojos hasta que te prometí que estaría bien, que te olvidaría, pero ¿cómo podría?

Hace dos meses, visité la heladería donde solíamos ir a comprar helado los viernes a medianoche.

Lloré mientras comía helado de menta con chispas de chocolate, nuestro favorito.

También visité nuestro pueblo; mi padre murió hace poco.

Todo sigue igual: las casas, las calles, los árboles, el mismo banco del parque donde nos besamos por primera vez.

Pero no soy el mismo, nunca lo seré.

Espero poder hablar contigo pronto, mi amor.

Por favor, aparece en mis sueños esta noche.

Tadeo T.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.