"A veces pienso que estás loco",— dijo Simón, mirando a Tadeo con una mezcla de cariño e incredulidad.
"Supongo que sí",—respondió Tadeo, mirando al suelo con una sonrisa, aunque no parecía genuina.
Un silencio llenó la habitación, aliviando la tensión.
"Si vas a hacer esto, tienes que hacerlo bien",— dijo Simón, levantándose del sofá.— "Ve a ducharte y a prepararte. Vamos a salir".— Simón miro a Tadeo con una sonrisa
"¿Salir? ¿Adónde?"—preguntó Tadeo frunciendo el ceño.—"No tengo ganas de salir".
"Al centro comercial",—dijo Simón sonriendo.—"Te haremos un cambio de imagen porque, sin ofender, pero te ves fatal ahora mismo".
"Vamos a comprar ropa, a cortarte el pelo, a afeitarte",—dijo Simón, haciendo una lista mientras miraba a Tadeo, que seguía sentado.— "¿Por qué no te levantas? Vamos arriba."
Tadeo dudó, pero luego asintió, frunciendo el ceño.
"Enseguida vuelvo", —dijo Tadeo, dándose la vuelta, todavía frunciendo el ceño y maldiciendo.
...
El centro comercial estaba repleto de ruido, tiendas anunciando sus productos, adolescentes y parejas por todas partes; estaba lleno de vida.
Tadeo llevaba vaqueros y una sudadera: la sudadera de Teodoro.
A Simón le tomó solo unos minutos encontrar una tienda que le llamó la atención y lo arrastró hasta allí.
"Mi hijo necesita un traje. Nunca ha tenido un trabajo estable y ahora trabaja para los Williams", dijo Simón, sonriéndole a la recepcionista como un padre orgulloso cuyo hijo inútil por fin había conseguido trabajo. "¡Estoy tan orgulloso!"
Simon quiso decir algo, pero Tadeo le dio un codazo en las costillas, haciendo que el hombre de setenta años jadeara de dolor.
"Lo siento mucho, es que está viejo y se emociona con todo",— dijo Tadeo, sonriéndole a la recepcionista.
"Viejo, tu abuelo",— replicó Simón mientras ambos seguían a la recepcionista.
"Yo no tengo abuelo",— dijo Tadeo, mirando todos los trajes y camisas en los percheros.
<<"Teodoro odiaría este lugar".>>
...
"Prefiero morir antes que ponerme una de esas estúpidas camisas", dijo Teodoro una noche mientras Tadeo apoyaba la cabeza en su pecho desnudo. "No son lo mío, aunque si quieres, puedo ponerme una. Apuesto a que me vería increíblemente sexy con una de esas, quitándomela para ti o poniéndomela mientras me montas".
"¡Teo, cállate! Eres un pervertido", dijo Tadeo esa noche, riendo y abrazando a Teodoro con más fuerza.
¿Quién hubiera pensado que esa sería su última noche juntos?
Un año ha pasado desde aquella noche.
...
Habían comprado varios trajes de diferentes colores: negro, azul, rojo, azul marino.
Acababan de salir de la barbería. Tadeo parecía otra persona. Su cabello tenía un corte formal que acentuaba su rostro. Había desaparecido la barba, y ahora quizás parecía más joven, pero sus ojos, lo más hermoso de él según su madre, lucían tristes.
"Si vas a ese lugar, ten cuidado",—dijo Simon, ahora con un tono más serio.
"Usé un nombre falso. Dije que me llamaba Parker Smith",— dijo Tadeo mientras su mirada se posaba en un tipo con el mismo corte de pelo que Teodoro,—"les dije que tenía 28 años y había trabajado en Washington hacía unos meses".
No era la primera vez que le pasaba. Dos meses atrás, cuando regresaba a la ciudad del funeral de su padre, corrió por la estación de autobuses porque vio a un hombre que se parecía mucho a Teodoro, pero no era él.
"¡Vaya! Parece que aprendiste algo de nosotros, ¿verdad?",—dijo Simón, sonriendo como si estuviera realmente feliz de que Tadeo mintiera. Después de todo, Simón era un experto en mentir.
...
Los pasillos estaban llenos de gente corriendo de un lado a otro, algunos mirándolos con curiosidad, otros con una profundo desprecio.
Nunca había estado en un lugar así, nunca se había sentido incómodo.
Tadeo estaba allí, caminando con la mirada en el suelo, ensayando mentalmente lo que tenía que decir para que no lo descubrieran.
El último piso era adonde iba, donde estaba Nicholas Williams.
Lo había visto una y otra vez en las noticias locales. Nicholas era un hombre a punto de cumplir treinta años, hijo de una supermodelo y un empresario muy importante de la ciudad.
Alfred Williams.
El hombre que había acabado con la vida de su amado Teodoro.
Entró en el ascensor junto con unas diez personas más. Se quedó atrás, mirando al suelo mientras jugueteaba con las manos. Unos segundos después, la puerta se abrió y los empleados comenzaron a bajar uno a uno a sus respectivos pisos.
Bajó en el último piso, oyendo los murmullos de la gente que lo miraba como a un extraño, pero intentó ignorarlos.
Estaba demasiado distraído como para darse cuenta de que estaba a punto de chocar con alguien.
Cuando sucedió; ya era demasiado tarde.
"Dios mío, lo siento mucho", —dijo un hombre, alzando la voz. Él se escuchaba, genuinamente preocupado.—"Estaba distraído, no me di cuenta de que venías"
Tadeo abrió los ojos de par en par, esa voz la habia escuchado.
Era la de Nicholas Williams.
Editado: 17.02.2026