No hablo bien tu idioma

El idioma de la molestia

Mis disculpas por no actualizar estuve un poco ocupada con la universidad pero aquí les traigo un nuevo capítulo.

Si había algo peor que el calor de Maracaibo, era comenzar clases temprano después de dormir poco.
Llegué a la universidad con los audífonos puestos, aunque no estaba escuchando música. Solo quería evitar conversaciones innecesarias.

—Mari —me llamó Valeria cuando entré al salón—. ¿Dormiste algo?

—Lo suficiente para sobrevivir —respondí, dejándome caer en la silla.

El salón empezó a llenarse poco a poco. Voces, risas, pasos apresurados. Todo normal… hasta que lo escuché....
No lo vi.
Lo escuché.

—Morning, sunshine.

Me giré de golpe.
Ahí estaba.
Sentado dos filas más atrás, estirado como si el salón fuera su casa. Sonriendo.

—No me llames así —le dije sin bajarle la voz.

—I like it —respondió, apoyando el mentón en la mano.
No entendí qué dijo, pero su expresión tranquila me sacó de quicio.

—¿Qué te pasa a ti? —le pregunté—. ¿No tienes nada mejor que hacer?

—Plenty of things —dijo—. But this is fun.

—¿Fun qué?

Valeria me miró, confundida.
—¿Hablas sola?

—No —dije entre dientes—. Con el extranjero molesto.
El profesor entró y todos guardamos silencio. Yo intenté concentrarme, pero cada cierto tiempo escuchaba su voz baja detrás de mí.

—You look stressed.

—Stop frowning.

—Architects are intense.
No entendía las frases, pero sabía que hablaba de mí.
Me giré lentamente.

—Escucha, no sé qué estás diciendo, pero deja de hacerlo.
—Why? —preguntó, ladeando la cabeza—. You react every time.

—Porque molesta.

—Interesting —sonrió—. Even without understanding.

Rodé los ojos y me giré de nuevo.
Cuando la clase terminó, salí rápido del salón, pero él volvió a alcanzarme en el pasillo.

—Wait.

—No.

—You walk fast.

—No te estoy entendiendo y no me importa.

—That’s okay —dijo—. I’ll keep talking.

Me detuve en seco.
—¿Tú eres así con todo el mundo o solo conmigo?

—Only you —respondió sin dudar.
No entendí la respuesta, pero el tono fue distinto. Más serio.

—Mira —le dije—, no somos amigos. No me hables en inglés. No me hables en español. No me hables, punto.

—That’s impossible —sonrió—. We’re neighbors.

—Eso fue un error del destino.

—Destiny usually knows what it’s doing.

No sabía qué acababa de decir, pero algo en su voz me hizo incomodarme.

Seguí caminando y esta vez no me siguió.
Cuando llegué a casa, mis sobrinos corrían por la sala y mi mamá hablaba por teléfono en la cocina.

—Mari, ¿te fue bien? —me preguntó mi papá.

—Normal —respondí—. Conocí a alguien… raro.
—¿Raro cómo?

—Habla mucho y no se le entiende nada.
Subí a mi cuarto y me dejé caer en la cama y cerré los ojos.

Vecino extranjero.
Universidad.
Inglés.

Y una certeza incómoda:
Ese chico no estaba ahí por casualidad.
Y yo iba a tener que aprender a ignorarlo… o a entenderlo.




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