No lo llamaría error

Capítulo 25: La Tormenta Mediática

La calma serena que Valeria había sentido en el callejón junto a Dante, esa fortaleza recién descubierta que brotaba de no sentirse sola, duró exactamente el tiempo que tardó en cruzar el umbral de su apartamento. Allí, como una extensión materializada de su propia conciencia atormentada, la esperaba Sol. Su hermana mayor estaba apoyada contra el marco de la puerta, con los brazos cruzados tan fuertemente que los nudillos blanqueaban bajo la piel. Su rostro, normalmente un reflejo de calor y vivacidad, estaba pálido y tenso, y sostenía su tablet como si fuera un escudo para la batalla o un arma de acusación.

—¿"Que hablen"? ¿Eso fue todo lo que se te ocurrió decirme? ¿Después de todo? —El susurro de Sol era filoso, más aterrador que cualquier grito, cargado de una decepción que cortaba más profundo que la ira. Sin esperar una respuesta, alzó la tablet. En la pantalla brillaba con colores chillones el sitio web de un tabloide sensacionalista. El titular era una bomba de precisión diseñada para hacer el máximo daño: "¡RECONCILIACIÓN REAL! EL MAGNATE DANTE LOMBARDI Y SU EX-AMANTE, LA GERENTE DE HOTEL VALERIA COSTA, REAVIVAN LA LLAMA EN SECRETO." Debajo, una foto en alta definición los mostraba a ambos frente a la vitrina de la piedra lunar. La imagen era traicioneramente íntima: Dante señalando la roca con una concentración absoluta, Valeria mirándolo a él, no a la vitrina, con una expresión en su rostro que no podía interpretarse de otra manera: era contemplativa, sí, pero también profundamente vulnerable y abierta, como si estuviera viendo a través de las capas del hombre y vislumbrara el núcleo de algo nuevo y frágil.

—No te quedes solo con el titular, Valeria. Mira los comentarios —la voz de Sol temblaba de una rabia contenida que hervía justo bajo la superficie—. Ya no eres solo "la ex-asistente con un pasado turbio". Ahora eres "la cazafortunas que usó a su hijo como carnada para volver", "la mujer que arruinó la boda de Lombardi y ahora se da el gusto de frotárselo en la cara a todos". ¡Están destrozando tu nombre! ¡La reputación que te ha costado años y lágrimas construir!

Valeria tomó la tablet con manos que, para su sorpresa, apenas le temblaban, como si una parte de ella ya hubiera aceptado la inevitabilidad de este momento. Deslizó el dedo por la pantalla y se sumergió en el pozo negro de los comentarios. Eran un torrente de misoginia visceral, envidia disfrazada de superioridad moral y una crueldad gratuita que le recordó a un enjambre de insectos. Le dolían, sí, cada palabra era un alfilerazo en la piel de su amor propio, pero el dolor era lejano, amortiguado por la extraña serenidad que había encontrado en el callejón. Lo que realmente le heló la sangre y le detuvo el corazón en seco fue ver otra foto, insertada más abajo en el artículo: una foto de Matti, una imagen reciente y dulce que debían haber robado del perfil privado y cuidadosamente custodiado de Sol. Alguien, con un trazo digital grotesco, había dibujado un círculo rojo alrededor de sus ojos, esos ojos que eran un espejo del pasado y una promesa del futuro. El pie de foto rezaba: "El pequeño Matti, ¿el heredero secreto que lo cambió todo?"

El miedo, entonces, regresó con la fuerza de una marea negra y asfixiante. No por ella, no por su reputación manchada que podía reconstruir con trabajo y orgullo, sino por él. Por la privacidad, la inocencia virgen y la seguridad física de su hijo. Ese círculo rojo era una diana, una invasión grotesca.

—¿Y Matti? —logró preguntar, con la garganta tan seca y contraída que le dolió al tragar.

—Está en su habitación con Tomás, viendo una de sus películas de dinosaurios. Por ahora, no sabe nada —respondió Sol, su voz cargada de una urgencia sombría—. Pero esto es un tsunami, Valeria. No podremos ocultárselo por siempre. Alguien en el jardín de infancia, otro padre, un niño repitiendo lo que oyó en su casa... Esto se nos va de las manos. Se te va de las manos por querer jugar a la casita con un hombre que vive en un circo mediático.

El teléfono de Valeria vibró con una insistencia que parecía un latigazo en su bolsillo. Era Dante.

—¿Lo has visto? —su voz al otro lado era grave, como tallada en granito, pero sorprendentemente calmada, la calma peligrosa y absoluta del ojo de un huracán.

—Sí. Lo he visto —respondió Valeria, apretando el teléfono con fuerza.

—Mi equipo legal y de comunicaciones está trabajando en ello desde hace una hora. Emitiremos un comunicado oficial en los próximos treinta minutos. Será breve. Directo. No les daremos más carnada de la que ya tienen. No alimentaremos al monstruo.

—¿Y qué dirá exactamente ese comunicado, Dante? —preguntó Valeria, con un tono desafiante que brotó directamente de su miedo maternal—. ¿Que somos "solo amigos"? ¿"Socios en la crianza"? Mira esa foto, Dante. Nadie, absolutamente nadie con dos ojos funcionales, se creerá esa mentira. Esa foto... cuenta otra historia. Una historia que ni siquiera nosotros sabemos terminar.

Un silencio pesado, cargado de estática, del otro lado de la línea. Luego, una pregunta que la dejó sin aliento, una pregunta que le entregaba por completo el control de la narrativa: —¿Y qué quieres que diga, Valeria?

La pregunta la dejó paralizada. ¿Qué quería? ¿Qué eran ellos en ese momento, más allá de las frágiles etiquetas de "co-padres" o "ex-amantes"? "Algo más" era una verdad demasiado vaga, demasiado nueva y temblorosa para ser declarada en un frío comunicado de prensa. "Algo más" era un brote que necesitaba protección, no la exposición brutal de los focos.

—Quiero que diga la verdad —dijo finalmente, encontrando un hilo de valor en lo más profundo de su ser, un hilo forjado en el fuego de su supervivencia—. La verdad que podemos afirmar sin mentirnos a nosotros mismos. Que somos dos adultos intentando navegar una situación compleja y privada por el bienestar de nuestro hijo. Punto. No le debemos romanticismo, ni explicaciones detalladas, ni un espectáculo a nadie. Y quiero una línea clara: Matti queda fuera de los límites. Absolutamente.




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