—¡Hunter! Mi chico rudo favorito ¿qué te trae por aquí tan repentinamente? —preguntó Morell mientras accionaba el botón de pánico para hacer que Irina viniera.
—Es que mi esposa olvidó su almuerzo en casa hoy y vino muy temprano —explicó él con su gentileza habitual y ella estaba nerviosa— ¿sabes en dónde está? No la vi cuando entré.
—En este momento sólo se me ocurren dos lugares, si no está en el baño, debería estar en la sala de conferencias preparando las cosas para la siguiente reunión.
—Ya veo... ¿Puedo sentarme a esperar? —preguntó Hunter con la ceja levantada.
—Claro, ponte cómodo... ¿quieres algo para beber? ¿Té, agua, una soda?
—Me gustaría una limonada —Morell pidió las bebidas a otro de los secretarios.
Estaban los dos sentados conversando tranquilamente cuando Irina apareció notablemente agitada, se notaba que había llegado corriendo al lugar.
—Irina, ¿está todo listo para la reunión? —la chica interceptó rápidamente el mensaje implícito en aquellas palabras.
—Si, está todo listo, disculpa la demora, tuve que hacer una parada en el tocador —Hunter se levantó y caminó hacia ella y la abrazó.
—Olvidaste tu almuerzo, creo que has estado muy estresada últimamente —a Irina le brillaban los ojos cuando miraba el rostro de su esposo.
—Es que había olvidado hacer algo aquí y tuve que venir más temprano —Hunter le dio su almuerzo y ella le dio un beso en la mejilla— gracias por notarlo, eres el mejor.
—Bueno, ya debo retirarme —anunció el hombre aún con Irina en sus brazos— literalmente me escapé del trabajo para venir a traer tu almuerzo.
—Ten cuidado al regresar —se acercó para susurrarle algo a su esposo— y la próxima vez enviame un mensaje... sabes que Morell es estricta con las visitas.
—Si, lamento si la incomodé señorita Smith —se disculpó Hunter y ella sonrió.
—Tranquilo, era algo urgente para ti... ¿Qué tal si me visitan este fin de semana? Vayamos a comer algo rico fuera de la ciudad —ofreció Morell como despedida.
—Eso suena bien —respondió Hunter acercándose a ella para despedirse.
Se dieron un abrazo y luego el hombre salió de la oficina, sin embargo, al salir se encontró con un furioso y celoso Chad, quien había visto la escena del abrazo de principio a fin y no le había agradado en lo más mínimo.
—¡Jefe Chad! —lo recibió Irina con su energía positiva habitual— los dejaré solos.
—Cariño, ¿qué te trae por aquí? —Morell lo abrazó, pero al hacerlo sintió que él estaba enfadado— ¿está todo bien?
—¿No crees que ese tipo estaba demasiado cerca? —ella resopló e ignoró aquel comentario— ¿no escuchaste?
—Si, te escuché, pero no considero necesario el tener que explicarte por millonésima vez que no tengo nada y que nunca tendré nada con esa persona —Chad sólo la miró mientras ella se sentaba en el sofá de la oficina con su mejor cara de enfado, él sabía que estaba exagerando, pero no le era posible contenerse en una situación así.
—Morell...
—Vete de aquí Chad, arruinas mi buen humor —le dio la espalda mientras resoplaba.
—¿Estás de buen humor después de verlo? —Morell lanzó un suspiro lleno de frustración.
—Chad, estoy cansada —dijo mientras se levantaba para quedar frente a él— quiero que salgas de mi oficina si no estás aquí para traerme paz.
—Entiendo —Chad puso las manos sobre los hombros de ella y la llevó de regreso al sofá para luego hacerle masajes en los hombros.
—No entiendo cómo puedes llegar a ser tan inseguro de ti mismo... es frustrante —dijo ella mientras trataba de relajarse.
—Eres una mujer increíble —explicó Chad con voz suave mientras sentía como ella relajaba su cuerpo con cada toque de sus manos— por lo que es normal que los hombres se interesen por ti, así que eso me pone muy celoso; lamento incomodarte con eso.
—Sé que te asusta la idea de poder perderme... es obvio... porque soy una mujer maravillosa... Soy increíblemente bella y mi inteligencia está en otro nivel si lo miras con detenimiento —Morell sonrió al ver que su prometido sólo asentía sin parar ante aquellos argumentos.
—Apoyo totalmente tus argumentos, así que espero que sepas entender que es imposible para mí contener mis celos, ya que mi futura esposa es la mujer más hermosa de la creación...
—Deja de adularme, no me comprarás con esa palabrería elocuente... Aún estoy enfadada contigo —ella se levantó para mirarlo a los ojos— arruinaste mi buen humor hace un momento.
—Lo sé, lo siento mucho —la abrazó dulcemente para luego mirarla a los ojos— no puedo prometer que no volverá a pasar, pero haré un gran esfuerzo... aunque...
—¿Ahora qué? —Chad se mantenía serio y bastante sereno para la situación.
—¿No crees que ese tipo estaba demasiado cerca?...
—Te recuerdo que es el esposo de Irina y que fue él quien salvó mi vida en el primer secuestro —Chad asintió apenado; aparentemente sus celos bloquearon aquella parte de sus recuerdos.
—Está bien, está bien —la abrazó dulcemente para luego darle un beso en la frente— te prometo que no se repetirá lo de hoy.
—Eso espero... ¿te sientes bien? —Chad asintió para luego sentarse al lado de ella.
—Si, estaba tratando algunos asuntos cerca de aquí y quise pasar a verte por un momento —Chad miraba a Morell y sus ojos brillaban.
—Está bien, dejaré que admires mi belleza —bromeó ella con una sonrisa.
—Gracias, su majestad —Morell lanzó una risilla breve— es usted muy considerada.
Conversaron de otras cosas hasta que él tuvo que irse hacia otro lado para atender otros asuntos acerca de su negocio, ella por su parte se quedó trabajando, pero el tema del acuario le seguía incomodando más y más.
—Irina, ¿los peces del acuario están bien? —le preguntó cuando estuvieron solas.
—Si, están bien, los peces circulan normalmente y están saludables, el asunto podría resolverse rápido si hacemos las cosas bien.
—Conozco bien a ese bastardo y estoy segura de que hará su mejor esfuerzo para darnos problemas.