Chad estaba en una reunión con sus socios, que lo estaban apoyando en el tema de los ataques, cuando de pronto sintió un escalofrío recorrer su espalda antes de que su mirada se cruzara con Morell quién entró a la sala sin permiso y sin anunciarse, por su expresión parecía estar por echar humo.
—¿Todo bien querida? —preguntó Chad y aunque Morell quería golpearlo no pudo hacerlo.
—Hablemos ya —Chad se disculpó y salió junto a su prometida— ¿Se puede saber qué demonios hacían tus hombres en este lugar? —le mostró las imágenes que había mejorado Irina.
—No son mis hombres...
—Antes de que continues mintiéndome en la cara —le mostró la foto del hombre del tatuaje— este fue uno de los escoltas que estuvo conmigo en la playa en España; así que preguntaré de nuevo... ¿Qué demonios hacían tus hombres en ese lugar?
—Ya debes saber lo que hacían —Chad no parecía arrepentirse— no es necesario que te diga que estaban ahí cumpliendo con mis órdenes.
—Chad, ¿estás consciente de lo que hiciste? —Morell no sabía qué hacer, no había manera de proteger a Chad si sus enemigos se enteraban de su participación— te estás metiendo en algo muy peligroso.
—Querida, sé bien cúal es la situación, además —Chad respiró para tratar de mantener la situación bajo su control— tu me mentiste primero... pero hablaremos mejor más tarde ¿te parece bien?
—Chad...
—Ya sé lo que vas a decir, pero discutirlo en este momento no va a hacerme cambiar de opinión, sólo va a retrasar nuestras agendas de hoy —Morell lanzó un suspiro de rendición tras recibir un abrazo de él.
—Te quiero en mi casa a las nueve —Chad asintió con una sonrisa—, no llegues tarde.
—Ponte algo sexy —ella lanzó una risilla y se fue.
Durante el camino de regreso trató de pensar en cómo resolver la situación; Irina quien había estado caminando de un lado a otro, corrió a recibirla, en el fondo sabía que todo había empezado después de la visita de As a la casa de Chad.
—¿Está todo bien? —preguntó después de cerrar la puerta— saliste muy rápido, estaba preocupada.
—Lo siento, tenía que confirmar algo —Morell se quedó en silencio.
—¿Y lo confirmaste? —preguntó ella aunque ya conocía la respuesta.
—Chad está metido en esto — presionó su tabique con sus dedos— y eso me preocupa, esto es muy peligroso para él.
—Jefa, sé que es peligroso, pero el jefe Chad no es un niño... a decir verdad —hizo una pausa y Morell la miró para que continuara— creo que sabe mejor que nosotras cómo actuar en estas situaciones.
—¿Cómo es que sabría eso? —aunque no le gustara, su amiga tenía razón.
—El jefe Chad es el dueño de todo el país, a diferencia de ti, él no ganó su posición con un acuario, él llegó a donde está sólo con dos cosas; derramamiento de sangre y mucha violencia, así que si alguien está en condiciones de apoyarte en esta situación, es él.
—Ya sé, pero tengo miedo de perderlo...
—Estoy segura de que él lo sabe, pero ese miedo que sientes ahora... es decir... ¿no crees que él también lo siente? —Morell de pronto sintió una fuerte sacudida, Irina tenía razón.
—Sé que tienes razón, pero...
—Si mi esposo fuera de los nuestros estaría agradecida con él por ayudarme...
—Ya tendré de tiempo de hablar con él sobre ese asunto durante la cena —aquel tema comenzaba a molestarle un poco— y nosotras aún tenemos mucho por hacer, porque no podemos descuidar el acuario; con la brillante actuación de los hombres de mi prometido, estoy segura de que el As de Picas debe estar reagrupándose para volver a atacar, pero eso le tomará algunos días más.
Morell regresó a su casa luego de asegurarse de que todo y todos, ya fuera en el acuario, o en su ejército estuvieran bien; al llegar encontró a Chad preparándole la cena (quizás para minimizar los efectos de la discusión que tendrían poco después), ella sólo se sentó del otro lado de la barra para observarlo trabajar en silencio.
—Comienzas a ponerme nervioso, hablemos de una vez ¿te parece bien? —lo mejor era hablar del asunto rápidamente, de esa manera el hombre tendría tiempo de planear una estrategia para convencerla de aceptar su ayuda mientras comieran.
—Sabes que no debiste hacer eso que hiciste, sin consultarme primero...
—Te equivocas, querida, intenté preguntarte, pero te recuerdo que cuando lo hice, fuiste tú quien me dijo que todo estaba bien y que sólo tenías mucho trabajo —aquel fue un reclamo realmente civilizado y ella pareció entenderlo.
—Sé que te dije que no pasaba nada, pero lo hice porque esto es mucho más peligroso de lo que crees y tengo miedo de que te pase algo por estar apoyándome en esto —Chad la miró con seriedad, sabía que a ella le gustaba dominar todo en todo momento— y sé que estuvo mal no decírtelo en cuanto inició, pero entiéndeme un poco, perdí a mi padre por culpa de ese idiota, sería muy duro para mí perderte a ti también por culpa de él.
—Querida, sé que te preocupas por mi, pero entiende que no puedo quedarme tranquilo mientras alguien amenaza tu seguridad —Morell asintió levemente para darle la razón— te prometo que mantendré los límites para no estorbarte...
—No digas eso —interrumpió usando su arma secreta que era su voz de niña mimada, extendió los brazos mientras abría y cerraba los puños, como los niños cuando piden abrazos y Chad sin pensarlo dos veces saltó por encima de la barra para abrazarla— tu nunca me estorbarías, pero me asusté mucho cuando vi a tus hombres ahí, debiste haberme dicho que te involucrarías antes de hacer algo tan arriesgado como eso.
—Si lo hubiera hecho, habrías rechazado la oferta al instante —Morell lanzó una risilla mientras apoyaba su cabeza en el pecho de él.
—Me moriría de la tristeza si te pasara algo —lo miró a los ojos y sintió como el corazón de Chad se aceleraba— así que no hagas que me preocupe demasiado.
—Te lo prometo...
La cena transcurrió en calma, Chad recibió ciertas advertencias de parte de Morell para que supiera cuando retirarse, sin embargo, aunque le costara la vida, él no iba a retirarse ante el peligro, era una idea simplemente absurda que no merecía ser considerada siquiera.