Aquella mujer era conocida como la mejor doctora del país, ¿cómo era posible qué estuviera involucrada con un clan tan peligroso? Chad hizo a un lado sus pensamientos al ver que Morell se abrochaba el cinturón de seguridad.
—No me avisaste que tendríamos compañía —dijo la mujer mientras se ponía una chaqueta para cubrir su cuerpo.
—Lo siento, olvidé hacerlo, te presento a mi prometido, Chad Davies —dijo con una sonrisa cálida.
—Un placer —extendió su mano para saludarlo— señor Davies.
—Cariño, te presento a la Dalia Blanca, su nombre es Kassandra Smith... mi hermana menor —Chad se quedó frío al escuchar aquella última frase.
—Creí que había conocido a toda tu familia en nuestra cena de compromiso —en el pasado había notado cierto parecido, pero creyó que era su imaginación.
—Me disculpo, estuve unos meses en Alemania en varias conferencias médicas —dijo la chica con una sonrisa igual de encantadora que la de Morell.
—Intenté convencerla de que faltara, pero ella insistió en que la oradora no podía faltar a la conferencia —Kassandra comenzó a reírse al recordar la ocasión.
—Suena lógico —argumentó Chad al intentar procesar aquella información.
Dejaron a Kassandra en la clínica y esperaron a que Irina que iba en el auto de Morell los siguiera; una vez que llegaron a la casa de Chad fueron directamente al "patio de juegos" donde los esperaban los involucrados en el ataque.
—No esperaba verlo aquí... "Su majestad" —dijo Morell con sarcasmo evidente.
—Reina de Corazones, usted siempre tan esplendorosa y por lo que veo muy bien acompañada —respondió el hombre refiriéndose a Chad.
—Se lo presentaré, él es mi prometido, Chad Davies —Chad asintió como saludo.
—Un placer conocerlo, lamento no poder darle la mano... pero como verá estoy un poco impedido —saludó el hombre de unos cincuenta años de ojos claros y piel blanca.
—Cariño, él es el Rey de Picas y hasta hace unos años el hombre más leal de mi padre —Chad se puso muy serio, si algo odiaba era la deslealtad.
—Ya veo... ¿dónde los encontraron? —le preguntó a William que apareció entre las penumbras.
—Según los informes, estaba con los perpetradores en el muelle de la costa Norte —Chad lanzó una risilla cargada de ironía.
—Parece que no sabía que ese territorio es dominado por mi dulce prometido —dijo Morell entre risas.
—Yo no tuve nada que ver, se lo aseguro —argumentó el Rey de Picas.
—Señor, esto fue encontrado en el poder de este hombre, parece que estaban a mitad de una transacción muy generosa —el hombre señaló un par de maletines en una de las mesas de la habitación, al abrirlo una gran cantidad de dinero en efectivo tiró al piso la apelación del hombre.
—Uuuh, un regalo muy generoso ¿no lo cree? —dijo Morell burlonamente— ¿tú que dices Purple Queen?
—Tienes toda la razón —Chad observó la mirada aterradora de la pequeña Irina posarse en los hombres retenidos— una ofrenda muy generosa.
—Siempre lo consideré un hombre muy inteligente, pero veo que me equivoqué —la pelinegra se acercó a Irina y apoyó su mano en su hombro— son todos tuyos, querida, te veo después, ya sabes que hacer.
—Si, mi señora —Irina parecía otra persona ahora y eso sorprendió a Chad.
—Vamos querido, hemos terminado con nuestros asuntos aquí —el hombre la siguió en silencio.
—¡Ella te vá a destruir cuando no le seas de utilidad, muchacho! —exclamó el hombre antes de que se cerraran las puertas.
—¿Está bien que dejemos a la pequeña Irina ahí con ellos? —Morell lo tomó de las manos.
—No te preocupes, Purple Queen es toda una maestra de la tortura —Chad asintió y continuaron caminando.
—Veo que Irina no es tan inofensiva como creí —parecía un poco desilusionado.
—No te confundas —dijo Morell sin soltar su mano— la pequeña tiene dos identidades muy bien diferenciadas; mientras que nuestra pequeña Irina es una chica dulce y muy amable, su identidad de Purple Queen es todo lo contrario, además, en estos momentos debe estar furiosa por lo que le hicieron a su esposo.
—Ya veo, pero igual no me parece correcto dejarla sola entre tantos hombres —se negaba a creer lo que había visto.
—Está con tu hombres, no tengo nada de qué preocuparme ¿verdad? —él asintió en respuesta— entonces no veo nada malo en que se quede.
—¿Y cómo es que aprendió?... ya sabes...
—Aprendió del mejor, desde luego, nuestro As es todo un artista —de a poco Chad estaba notando lo peligroso que podía llegar a ser el clan de las máscaras.
Las palabras del Rey de Picas resonaban en su cabeza una y otra vez, Morell había demostrado ser bastante despiadada y eso comenzaba a preocuparlo.
—Morell, ¿me amas? —preguntó él mientras la veía observar el recorrido de regreso a la mansión como si nada.
—¿Por qué lo preguntas? —al instante notó que las palabras del hombre habían afectado a su prometido.
—No es nada...
—Chad, escúchame bien —se detuvo y él la miró— nada en este mundo, es más importante para mí que tú...
—Y si te pido que dejes el clan de las máscaras, ¿lo harías? —aquella pregunta sonó desesperada.
—Por ti acabaría con todo el clan, sin importarme nada; si tú me lo pides haré cualquier cosa —estaba sorprendido, pero no sabía si para bien o para mal— así que no vuelvas dudar de lo que siento por ti.
—Eso...
—Chad, ¿de verdad crees que estoy contigo por conveniencia? —Chad negó con la cabeza rápidamente y ella se acercó a él— al inicio creí que involucrarme contigo sería peligroso para mi fachada de empresaria, pero luego de ese beso en la sala de conferencia, quedé atrapada y dejaron de importarme muchas cosas —Morell bajó la mirada como si estuviera pensando en lo que iba a decir.
—Sé que estabas asustada, pero no es como si algo como eso fuera a hacer que me detuviera —parecía aliviado y su voz volvió a la normalidad.
—Cuando... ese pervertido me secuestró... realmente estaba muy asustada; nunca le dije esto a nadie, pero quería llorar mientras ellos discutían lo que iban a hacer conmigo; sabía que Irina me encontraría enseguida, pero también sabía que el clan podía tardar en rescatarme y que para cuando lo hicieran, quizás podía ser tarde...