—Es la mamba negra... estamos perdidos —los ojos de él estaban abiertos como platos.
—¿Qué demonios es la mamba negra? —la chica no parecía entender del todo las palabras de su aliado.
—Es una leyenda en el bajo mundo —la seriedad con la que aquellas palabras alarmaron a Donattella— si continuamos, nos va a encontrar y estaremos realmente fritos, es una persona peligrosa, nadie se atreverá a intentar piratear a tu padre nunca más. Creí que la mamba negra había muerto, pero parece que regresó del más allá.
—¿Cómo sabes que no es un truco? —Donattella sabía que tendría problemas si no enviaba la información en el plazo determinado.
—Es imposible, ya una vez trabajé para la mamba negra, no hay forma de que sea un truco —Luciano comenzó a cerrar sus servidores para que no lo rastrearan.
—¿Por qué estás...
—Si continúo más allá de ese punto mi información será robada y el FBI me encontrará —el alcance de la mamba negra era inimaginable— y este aviso lo colocaron hace poco, porque estoy seguro de que ese aviso no estaba la primera vez que pirateé a tu padre.
—Esto es obra de esa bruja, estoy segura de eso —poco a poco Donattella veía que su padre tenía razón, sin embargo, no podía cambiar de bando, estaba atrapada y obligada a continuar con su labor.
Estaba perdida en sus pensamientos cuando de pronto una llamada hizo vibrar el teléfono de Luciano, extrañados, pero con un mal pálpito decidieron contestar mientras rezaban para que todo estuviera bien.
—Pequeña comadreja —la voz distorsionada de una mujer se escuchó del otro lado de la línea— ¿cómo te atreves a meterte con mi gente?
—Mamba, lo siento yo...
—Cierra la boca, Luciano —el hombre se quedó frío, la mamba negra conocía su nombre—, me encargaré de ti después; le estoy hablando a la persona que está junto a ti...
—Yo...
—Cierra la boca, despreciable criatura, se te perdonó una vez tu estupidez, sería bueno si recordaras que eso no se repetirá en una segunda ocasión—aquella voz era realmente intimidante— y dejes de morder la mano que te da de comer, si no quieres que te saquen los dientes, espero haber sido clara...
—Morell, ¿crees que te tengo miedo? —Donattella parecía creer que la mamba negra era Morell— me aseguraré de destruirte ya verás...
La risa de la persona del otro lado de la línea interrumpió las palabras de la chica, lo cual hizo que se enfadara aún más, sin embargo, no se atrevía a decir nada más.
—¿Te refieres a La Reina de Corazones del clan de las máscaras? —Luciano tragó grueso al escuchar aquel nombre— me siento honrada, pero no soy ni la mitad de poderosa de lo que es ella... sin embargo, me veo en la obligación de advertirte un cosa... si sigues con tus intentos absurdos de hacer... lo que sea que estés intentando hacer, ella personalmente irá por ti y créeme, vas a rogar desesperadamente por tu vida.
—Ya sé que eres tu Morell... bruja despreciable, te voy a destruir con mis propias manos...
—Entonces que la suerte esté de tu lado, pequeña comadreja —dijo la voz luego de una breve risilla— y tu Luciano, lo dejaré pasar esta vez, pero ya sabes lo que pasará en el futuro.
—Si, señora —él intentaba parecer calmado, pero sus manos temblaban sin parar al escuchar a la mamba negra decir su nombre con tanta naturalidad.
La llamada terminó luego de las palabras de Luciano, naturalmente sus vidas se separaron en ese momento, ya que ni él ni ningún otro hacker se atrevía a meterse con la Mamba Negra, lo cual hacía sentir increíblemente frustrada a Donattella.
Al día siguiente Morell atacó los sitios estratégicos que el As de Picas retenía y venció tan fácilmente que tiró al piso la moral del resto de los hombres de su rival, ella parecía haber recuperado el control de la situación y eso no le gustó nada al bando contrario.
—Felicidades por la victoria, querida —felicitó Chad a Morell cuando se reunieron en la base del clan, pues habían estado liderando equipos diferentes—, sabía que lo lograrías.
—Gracias, pero no habría podido hacer nada sin tu apoyo, cariño —le dió un beso corto y procedieron a anexar los territorios tomados a su lista de posesiones.
(...)
El As de Picas estaba furioso, sólo ese día siete de sus bases habían sido tomadas por la Reina de Corazones y sus seguidores, pues todos habían atacado a la vez, Giano, el As de Corazones, Red King, Purple Queen, Chad, William y Morell, todos eran monstruosos luchadores sedientos de sangre, violentos y despiadados; aunque las bases habían resistido el ataque, al final sucumbieron ante los atacantes y sumieron a los restantes en un temor aplastante que los hizo sentirse al borde de la muerte.
—¡Que alguien me ponga en contacto con esa cualquiera ahora mismo! —el As de Picas estaba furioso porque ese ataque había salido de la nada.
—Lo intentamos señor, pero no contesta; su teléfono está apagado —informó uno de sus asistentes.
—Entonces que alguien la encuentre y la traiga ahora mismo —todos se quedaron en silencio mientras se miraban unos a otros— ¿qué les pasa ahora?
—Señor es peligroso salir ahora, además tenemos que contabilizar las péŕdidas y reagrupar a los hombres que quedan, en este momento no tenemos tiempo para buscar a la informante.
El hombre no tuvo más remedio que encargarse de las cosas que su asistente le había mencionado, aquel golpe había sido demasiado fuerte, sus hombres habían sido reducidos a menos de la mitad; lo lógico era retirarse al verse en desventaja, sin embargo, aunque muriera en el intento, estaba determinado a hacer que La Reina de Corazones cayera de su pedestal. En un intento desesperado contactó a Chad y lo citó para que se vieran en secreto, a lo cual Chad accedió a pesar de las quejas de William.
—No creo que debas reunirte con él a espaldas de Morell, podría ser peligroso —William estaba preocupado por las acciones de su jefe.
—William, trataré de resolver esto para que Morell no tenga que ensuciarse las manos —trataría de hacer entrar en razón al As de Picas para que reconociera que estaba en desventaja y se detuviera.