No me llames princesa (1)

Capítulo 18

CLARISSA

El techo sigue exactamente igual.

Qué sorpresa. Qué novedad. Qué emoción.

Si me pagan por mirar esto el tiempo suficiente, igual me hago rica... aunque probablemente me vuelva más loca antes.

Me giro en la cama otra vez. Y otra. Buscando una postura que no me haga sentir como si estuviera atrapada dentro de mi propio cuerpo.

Spoiler: no existe.

Estoy encerrada aquí... y lo peor es que ya no sé ni cuánto tiempo llevo.

A veces pienso que si dejo de contar los días, todo esto pasa más rápido.

No funciona. Obviamente. Pero eh, intento lo que puedo.

Escucho pasos fuera. Me quedo quieta al instante.

La puerta no se abre. Una parte de mí respira... y la otra se queda esperando que se abra igual.

Me incorporo despacio y me acerco. Apoyo la oreja en la puerta.

Voces. Esta vez no son paranoia.

Reconozco una.

Brad.

Y otra...Damon.

Me quedo congelada.

Vale. Esto no debería estar pasando. Esto es de esas cosas que en cualquier película significan "la protagonista toma decisiones horribles en 3...2...1".

Pero esto no es una película. Y yo no soy protagonista de nada.

-...te estás complicando demasiado -dice Brad, riéndose como si hablara del tiempo.

-Cállate -responde Damon, seco.

Silencio.

Y luego algo que no entiendo del todo. Palabras sueltas. "Encargo". "Problemas". "Familia".

No entiendo todo, pero lo poco que entiendo me sobra.

Y aun así... escucho más.

Porque soy imbécil.

Me separo de la puerta lentamente.

El corazón me late raro. No rápido. No fuerte.

Raro. Como si no supiera qué hacer dentro de mí.

-Vale, Clarissa... -murmuro-. Cotilleando conversaciones mafiosas. Estás fatal, hija de puta.

Me dejo caer en la cama otra vez.

Me río sola.

Pero no es risa de "qué divertido".

El tiempo pasa... o no pasa.

Aquí da igual.

La puerta se abre de golpe.

Me incorporo como un resorte.

Brad aparece en el marco, apoyado como si esto fuera su casa de vacaciones.

-Hola, princesa -dice.

-Por favor, no empieces -respondo cansada-. No estoy para tus mierdas hoy.

Sonríe como si le encantara.

-Me gusta cuando estás de mal humor.

-Y a mí me gusta cuando te mueres de forma simbólica... o literal.

Levanta una ceja, divertido.

-Auch.

Se acerca un poco.

No lo suficiente como para huir... pero sí lo suficiente como para recordarme que podría hacerlo cuando quisiera.

-Tienes suerte -dice-. Hoy estoy de buen humor.

-Vaya, qué privilegio... estoy viviendo un sueño, de verdad.

Se ríe por lo bajo.

Se gira como si se fuera... pero se detiene.

-Ah, Clarissa...

Me tenso.

-No hagas tonterías -dice sin mirarme-. Porque para un día que no me apetece hacer nada contigo... no lo estropees.

Silencio.

Se va. La puerta se cierra.

Y me quedo mirando el techo otra vez.

Genial. Increíble. Maravilloso todo.

Me paso las manos por la cara.

-Vale... -susurro-. Esto se está yendo cada vez más a la puta mierda.



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En el texto hay: secuestro, mafia, humor

Editado: 17.08.2026

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