No me llames princesa (1)

Capítulo 19

BRAD

Cierro la puerta de Clarissa.

Mientras me alejo, escucho su voz al otro lado. Algo entre queja y monólogo absurdo. Como siempre.

-De verdad que esta chica no sabe cuándo callarse... -murmuro.

Bajo las escaleras sin prisa y voy a mi cuarto. Cojo un cigarro y lo enciendo. La primera calada entra suave. Familiar.

Exhalo el humo despacio.

Silencio. Por fin.

Oigo un golpe arriba. Algo cae. Una silla, quizá.

Cierro los ojos un segundo.

-Uno nunca puede estar tranquilo...

Le doy un par de caladas más y apago el cigarro con calma.

La ignoro.

Bajo al sótano.

&&&

La puerta se abre con ese quejido metálico de siempre.

Dentro, el chico sigue donde lo dejé.

Atado. Roto. Respirando por pura inercia.

No es como Clarissa.

Con ella... es distinto.

Con él... no.

-¡Hola, chaval! -sonrío mientras me acerco-. ¿Cómo estás?

Levanta la cabeza como si pesara toneladas.

-Cap... pullo...

Se me escapa una risa suave.

-Chico... eso me ha dolido -me llevo la mano al pecho con dramatismo-. ¿Quieres agua?

-S... sí...

Voy al lavadero, cojo un vaso de plástico y lo lleno.

Regreso tranquilo.

-¿Ves como sí soy bueno? No soy malo.

Le agarro la cara sin cuidado y le meto el agua en la boca. Demasiado. Mucho más de lo que puede tragar.

Empieza a ahogarse, a hacer gestos para que pare.

No paro.

Hasta que tose como un loco.

-¿No querías agua? -inclino la cabeza, fingiendo inocencia-. Te la he dado.

Se queda jadeando. Y entonces me mira. Con odio. Del de verdad.

-¡Eres un infeliz que no sabe hacer otra cosa que joder la vida a los demás para divertirte! -escupe-. ¡Nadie te va a querer en tu puta vida!

Silencio. Un segundo. Solo uno.

La sonrisa se me queda a medias.

Algo se clava. No en el pecho. Más abajo. Más antiguo.

Golpeo la mesa de al lado con fuerza.

-¡YA BASTA, JODER!

El chico se queda mudo. Respira como si acabara de ver algo peor que la muerte.

Cojo la vara de metal. Noto la tensión en los dedos.

-N-no te atrevas... -susurra.

Lo miro y sonrío. Pero ya no es la misma sonrisa.

-Claro que me atrevo, estúpido niñato.

Levanto la vara.

El primer golpe suena seco.

El segundo, más fuerte.

El tercero ya no tiene ritmo.

Y después... ya da igual.

Golpeo. Una y otra vez.

Como si eso arreglara algo. Como si eso borrara algo. Como si eso hiciera callar esa frase que sigue repitiéndose en mi cabeza.

Nadie te va a querer.

Sonrío.

Pero no porque me haga gracia.

Sino porque no sé hacer otra cosa.

&&&

Al rato, paro.

El silencio vuelve.

Me agacho.

-¿Sigues vivo, chiquillo...?

Le toco la cara. Fría. Demasiado.

Pongo un dedo bajo su nariz.

Nada.

Resoplo. Lo cargo al hombro como si no pesara.

Salgo por la parte trasera de la casa. El aire de fuera huele a nada.

Me acerco al barranco. Y lo dejo caer sin más.

&&&

Vuelvo dentro.

Subo a mi cuarto. Estoy cansado.

La sangre seca tira de la piel.

Entro al baño y me meto en la ducha.

El agua cae.

Y por un rato...no pienso en nada.

&&&

Salgo, me pongo el pantalón de pijama y me tumbo en la cama.

Miro al techo.

Silencio.

Y entonces aparece ella.

Clarissa.

Su voz. Sus quejas. Su forma de mirarme como si no terminara de tenerme miedo del todo.

Frunzo el ceño.

-Qué coñazo...

Pero no dejo de pensar en ella. En lo mucho que lo complica todo.

En lo mucho que...

Aprieto la mandíbula.

-Joder...

Y cierro los ojos.



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En el texto hay: secuestro, mafia, humor

Editado: 17.08.2026

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