CLARISSA
El techo sigue ahí. Qué sorpresa.
Empiezo a pensar que si un día desaparece, me da algo. O me da igual. No sé. A este punto ya todo es raro.
Me giro en la cama, apoyando la mejilla en la almohada. Está fría.
Todo esto es muy aburrido. Cierro los ojos y en cuanto lo hago...vuelvo a escuchar esa conversación.
"Encargo." "Problemas." "Familia."
Abro los ojos de golpe.
-Maravilloso, Clarissa... -murmuro-. Secuestrada y con replay mental incluido. Planazo.
Me incorporo despacio y me siento al borde de la cama.
Lo que escuché el otro día es muy raro, porque lo dijeron con un tono muy...muy...no sé.
Damon sonaba mucho más serio que de costumbre. Y Brad..., suena como si todo le diera igual. Como si nada le importara, pero no es nada nuevo.
-Vale... -susurro-. Esto me huele a gato encerrado.
Me levanto y empiezo a caminar por la habitación. Despacio. Contando cuantos pasos doy.
No porque crea que sirve de algo. Sino porque necesito hacer algo. Lo que sea.
Me acerco a la puerta y me la quedo mirando. Como hacía normalmente.
La miro como si esperara que me devolviera algo. Claramente, no lo hace.
Resoplo y me dejo caer otra vez en la cama.
-Qué planazo de vida tengo, de verdad...
Me paso las manos por la cara.
Y entonces me doy cuenta. ¡Estoy pensando!
No en salir corriendo, no en gritar, no en romper algo.
Estoy pensando. Frunzo el ceño.
-Vale... esto es nuevo.
&&&
Cuando estoy sentada tranquilamente en la cama moviendo los pies de delante hacia atrás, la puerta se abre sin avisar. Aunque esto es normal Clarissa, estás secuestrada cariño mío.
Ni siquiera me sobresalto. Bien, eso es un progreso.
Brad entra como si nada, cerrando detrás de él.
-Hola, princesa.
-Qué pesado eres con lo de princesa, de verdad -respondo sin mirarlo-. ¿No tienes otro vocabulario o qué?
Se ríe. Pero esta vez suena como si estuviera haciendo un anuncio de pasta de dientes.
Levanto la mirada.
Lo escudriño con la mirada, sintiendo que algo no va bien y no sé por qué.
-¿Qué? -dice, notando que lo miro.
-Nada -respondo rápido-. Solo estoy valorando seriamente tirarme por la ventana.
-No tienes ventana por la que tirarte. Bueno, sí pero tiene barrotes.
-Déjame soñar.
Se queda de pie. Mirándome.
Más de lo normal y no habla. Y eso sí que es raro.
-¿Te pasa algo o estás ensayando para estatua? -digo.
Parpadea y sonríe. La sonrisa de siempre. Pero no le llega a los ojos.
-Hoy estás graciosita.
-Hoy, ayer y siempre. Soy constante.
Se acerca un poco. Y yo no me muevo.
Antes lo habría hecho. Ahora no.
No sé si es valentía o estupidez. Pero me quedo quieta.
-Ten cuidado -dice, bajando un poco la voz-. Que a veces se te olvida dónde estás.
Ahí está. La amenaza. La de siempre.
Pero algo más... tensa.
Lo miro, intentando leer algo en él.
-No se me olvida -respondo-. Créeme.
Nos quedamos en silencio durante un rato.
Y entonces hago algo que no debería. Pero lo hago igual.
-Oye... -digo, fingiendo que no me importa-. ¿Siempre haces encargos así?
Se queda quieto, muy quieto.
-¿Cómo dices?
Me encojo de hombros.
-Nada, curiosidad. Como no tengo Netflix, me entretengo con lo que hay.
Se me queda mirando con una cara entre mezcla de lelo y peligroso.
Y por un segundo...me arrepiento.
Y cambia la mirada, ya no era la de antes, era peor.
-No preguntes cosas que no te interesan, Clarissa.
Había utilizado mi nombre, no "princesa". Clarissa.
Vale. Eso sí que no me gusta.
Levanto las manos, como rindiéndome.
-Vale, vale... relájate, era por hablar.
Se queda unos segundos más. Como dudando. Luego resopla.
-Eres un coñazo.
-Y tú un secuestrador. Mira qué bien nos complementamos.
Se le escapa una risa breve. Y esta vez, era un poquito más real.
-Descansa -dice, dándose la vuelta.
-Claro, estoy agotadísima de no hacer nada.
No responde y sale. La puerta se cierra.
&&&
Silencio otra vez. Pero ya no es el mismo.
Me quedo mirando la puerta.
El corazón me late raro. Otra vez.
-Vale... -murmuro-. Vale, genial.
Me levanto y empiezo a caminar por la habitación.
Una vuelta. Otra. Más rápido.
-Aquí pasa algo. Seguro.
Ni idea de qué. Ni idea de cómo. Pero pasa.
Y yo, como siempre, en medio.
Qué sorpresa. Me paro en seco.
-De verdad, Clarissa... qué suerte tienes, hija.
Me paso una mano por la cara y resoplo.
Esto ya no es solo estar encerrada. Ojalá fuera solo eso.
Me giro hacia la puerta.
-Vale, Brad... -murmuro-. Pues ahora me has picado.
Porque sí. Porque soy imbécil.
Y porque no sé quedarme quieta.
Vuelvo a la cama y me dejo caer.
Miro el techo. El de siempre. Aburrido. Igual que antes. Pero ya no cuela.
-A ver qué coño escondes...
Cierro los ojos. Pero esta vez no es para dormir.
Es para pensar, una habilidad nueva que había descubierto hace nada.
Editado: 17.08.2026