BRAD
No sé por qué sigo aquí despierto.
Podría estar durmiendo. Podría estar fumando. Podría estar haciendo literalmente cualquier cosa menos pensar.
Pero aquí estoy.
Me paso la mano por la cara y resoplo.
-Qué puta mierda...
Me levanto de la cama sin ganas y voy a la cocina. Abro la nevera, la cierro. No quiero nada.
Nada nuevo.
Enciendo un cigarro en la encimera, apoyado como si esto fuera mi casa de toda la vida. Que lo es. Pero me sigue dando igual.
El humo sube lento.
Y entonces lo oigo. Un ruido arriba.
No era fuerte, pero lo suficiente como para descolocarte un poco por la mañana.
Me quedo quieto.
-...de verdad... -murmuro-. No puede ser.
Subo las escaleras despacio.
No porque tenga miedo. Sino porque me da pereza.
La puerta de la habitación está entreabierta.
Entro.
Clarissa está ahí. Sentada en la cama. Como siempre.
Me mira.
-Hola, princesa.
-Te odio -responde sin emoción-. Buenos días.
Me río por lo bajo.
-Eres un encanto cuando quieres.
-¿Has venido a hacer algo malévolo conmigo o a tocarme las pelotas?
Me apoyo en la pared.
-Depende del día.
Silencio.
La miro. Ella me mira. Y ninguno de los dos dice nada útil.
Hasta que hablo.
-Estás rara hoy.
-Gracias por la observación, Sherlock.
Me acerco un poco.
-No te pongas borde.
-No me pongo borde. Soy borde.
Resoplo.
-Qué coñazo eres.
-Y tú un secuestrador con problemas de atención. Estamos empatados.
Me río.
Y por un segundo... todo está normal.
Demasiado normal.
&&&
Doy vueltas en la cama una y otra y otra vez. Pero eso no quita que las malditas voces de mis padres se metan en mi cabeza como unos mosquitos chupa cerebros.
Abro los ojos y veo mi casa, esta misma solo que cuidada, alegre, viva...
Me levanto y mi madre aparece en frente mía, sonriéndome como cuando era un niño y hacía algo bueno...ya basta Brad, no es hora de ponerse sentimental.
-¿Ma...mamá? -digo ahora atónito, porque ella no debería de estar aquí, esto no era normal.
-Hijo -lo dice con lágrimas en los ojos-. Mi dulce niño, ven con tu madre y dale un abrazo.
Yo, sin darme cuenta, mi cuerpo reacciona antes que yo y la abrazo. Ella me acaricia la cabeza, de forma tan suave...¡YA VALE, JODER BRAD!
-Mi niño, ¿has visto a tu padre? -me dice suavemente.
-No...
Entonces a mi madre le cambia el rostro por completo y me asusto, porque su expresión ya no era dulce ni de lejos, ahora era...¿mala?
-¿Qué te pasa, mamá? -digo sin saber qué hacer.
-Muy mal hecho, niño malo, muy malo -no sé por qué, pero escuchar eso me duele, porque nadie nunca me lo había dicho que no fuera mi madre en una ocasión cuando rompí una ventana-. ¿Sabes dónde está tú padre? -me dice y cuando vuelvo a negar ella me mira con muchísima rabia-. ¡Pues yo sí! -dice rabiosa y con lágrimas.
Coge mi mano y me arrastra al salón. Cuando llegamos, mi padre está en el suelo degollado.
-¡Mira lo que le has hecho a tu padre! -me mira-. ¡Eres un monstruo!
Silencio.
-¡Solo sabes destruir a la gente! -se gira para no mirarme-. ¿Sabes que él y yo nos enteramos de que eras un asesino a sueldo?, ¡cómo se te ocurre!
-¡NO LO SÉ! -estallo ya, cansado de que mi madre, a la que quería tanto me esté echando eso en cara de nuevo.
-Sí..., sí lo sabes... -se ríe-. Te gusta matar mi niño, y eso está muy feo, nadie te querrá si sigues por ese camino, cariño...pero todavía puedes cambiar -se gira hacia mi.
Yo la miro sin comprender muy bien, pero ilusionado y esperanzado de que mi madre de verdad cree que todavía hay redención para un ser como yo.
-¡Já! -se ríe a carcajadas-. ¿De verdad te has creído que hay redención para ti? -me mira con una mueca despectiva-. Ya eres peor que un demonio, mi amor. Solo hay que ver lo que le has hecho a tu padre -me acaricia la mejilla y luego se acerca a mi oído-. Te creí capaz de ser algo... pero eres justo lo que siempre me dio miedo de ti...
Ya, sin soportarlo más, con el cuchillo que tenía en mano sin saber por qué, se lo clavo en el pecho con una lágrima deslizándose por mi mejilla.
-Qué descanses madre...una pena que no haya podido cumplir tus expectativas...
&&&
Abro los ojos de golpe, me los froto y veo que ya todo vuelve a ser normal, la habitación ahora tiene las paredes raídas, descoloridas...todo en sus sitio.
Me levanto de la cama mareado. Voy al baño y me río.
-Esto es para reírse -me río más-. Todavía la hecho de menos...es para partirse.
Me paso las manos por la cara, luego voy al gimnasio que tengo cerca del sótano y paso allí un buen rato.
&&&
Salgo del gimnasio sudoroso y con ganas de morirme, bueno, más ganas de las que ya tenía antes.
De repente, oigo unos gritos arriba y subo corriendo, no sé por qué, se ve que el sueño me había afectado al cerebro. Cuando abro la puerta del cuarto de Clarissa, ella está en el centro de la habitación riendo como una loca mientras da saltitos.
-¿Princesa?
En nada más oírme, ella para y se vuelve hacia mi con una gran sonrisa que derrite un poco la piedra que hay en mí, pero solo un poco.
-Psicópata -saluda ella.
-¿Se puede saber que carajos estás haciendo?
-¿Divertirme? -me mira como si eso fuera lo más normal del mundo, claro para Clarissa quizás, pero para alguien como yo no.
-Ah.
-¿Has terminado ya, Don Secuestrador? -dice impaciente porque quería retomar lo que estaba haciendo.
-Nop -la miro-. Solo venía a ver si no te habías matado.
-Pues ya ves que no, así que ya puedes largarte.
Cansado ya del estúpido y horrible día que había tenido me marcho a mi cuarto.
&&&
Me tumbo en la cama y leo un rato hasta quedarme dormido.
Editado: 24.08.2026