MALENA
Ya pasaron varios días desde que la policía me dijo que iban a buscar a Clarissa, pero todavía no hay señales de ella. Esto me está volviendo re loca.
-Joder, Clarissa... ¿dónde carajo estás?
Me paso las manos por la cara y me tiro en la cama.
-Clar... sea donde sea que estés, ojalá estés bien... y no... no sé... hecha mierda o algo peor...
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Paso el resto de la mañana sin hacer nada, pensando en Clarissa y en qué puedo hacer para ayudar a encontrarla.
Me llega unas llamada y me levanto de golpe a agarrar el celular. Es "Didi cara de piedra".
-¿Te pinta quedar y dar una vuelta?
Resoplo, pero necesito despejarme un poco así que le contesto:
-Ok, Didi.
Corto la llamada y me voy a cambiar.
Abro el armario y me pongo unos pantalones cómodos, una remera verde de tirantes, zapatillas y medias cortitas. Voy al baño, me hago una coleta alta, un poco de colorete... y listo. Salgo de casa.
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Quedamos en el parque y, como siempre, llego antes.
Me siento en un banco y lo espero mientras mi cabeza no para de pensar en mi loquita.
El parque está demasiado tranquilo para todo lo que tengo adentro.
Levanto la vista: niños riéndose, parejas caminando, gente viviendo su vida como si nada.
Y acá estoy yo. Sin mi mejor amiga. Sin Clarissa. Sin respuestas. Sin nada.
Resoplo y apoyo la cabeza hacia atrás.
-Clar... de verdad que sos un dolor de cabeza... -murmuro, pero con cariño.
Me río, pero se me corta enseguida. Esto no tiene nada de gracioso.
Saco el móvil otra vez. Nada. Ningún mensaje de la policía. Nada. Silencio total.
—Dale... buenísimo... todo re controlado, obvio... -susurro.
Cierro los ojos un segundo.
Y siento que alguien se sienta a mi lado.
Me doy vuelta de golpe.
-Didi...
-Hola, Lena -dice tranquilo.
Pero no sonríe. Y eso me da mala espina.
-Te tardaste -digo intentando sonar normal.
-Perdón... -se pasa una mano por el pelo-. Vine lo más rápido que pude.
Me mira distinto. Más serio.
-¿Qué pasa? -pregunto al toque.
Silencio.
-Didi...
-Malena...tengo que preguntarte algo.
Me enderezo un poco.
-Dale...
Me mira como si le costara hablar.
-¿Tú sabes algo de... gente rara alrededor de Clarissa?
Parpadeo.
-¿Qué?
-No sé cómo explicarlo... pero hay cosas que no me cuadran.
Siento un frío en la panza.
-¿Qué cosas?
Niega apenas.
-No, déjalo... no importa.
-No, no me vengas con eso -digo más firme-. Didi, ¿qué estás diciendo?
Me mira... y cambia la cara. Como si se arrepintiera.
-No es nada, Lena. Olvídalo.
Me levanto un poco.
-¿Cómo que lo olvide? ¡Estamos hablando de Clarissa!
Se tensa.
-Malena... no quiero meterte en esto.
-¿En qué?
Silencio.
Y en ese momento lo siento. Algo se rompe entre los dos y no me gusta, porque a pesar de todo este tiempo sin vernos, todavía le quiero mucho.
-No me gusta nada esto... -susurro.
Didi aprieta la mandíbula.
-A mí tampoco.
El viento mueve los árboles.
Y el aire se siente pesado, raro.
-Mira... -dice al final-. Solo... ten cuidado.
-¿Cuidado de qué?
Pero no responde.
Se gira.
Y empieza a irse.
-¡Didi! -lo llamo.
Se detiene un segundo. Pero no se da vuelta.
-Yo en tu lugar... dejaría de buscar respuestas donde no corresponde.
Y se va. Así, sin más.
Me quedo parada en medio del parque sin entender nada.
-Y ahora... ¿qué carajo significa eso? -susurro.
Miro el celular otra vez.
Clarissa sigue sin aparecer.
Y yo me voy a casa con la cabeza explotándome y una sensación horrible en el pecho.
&&&
Llego a casa y me tiro en la cama.
Me duele la cabeza como si me fuera a estallar.
Me tomo una pastilla.
Y me duermo con la angustia clavada en el pecho.
Editado: 24.08.2026