No me llames princesa (1)

Capítulo 23

BRAD

Me remuevo en la cama, sin poder pegar ojo.

Otra vez. Y otra.

Y, sorpresa, mi cabeza vuelve al mismo sitio. Ella.

Resoplo, girándome boca arriba.

-Qué puta mierda...

Me incorporo de golpe y me enciendo un cigarro. La primera calada entra fuerte. Bien. Necesitaba eso.

-Menuda pesadilla... -murmuro, soltando el humo-. Y lo peor es que me he metido yo solito.

Le doy otra calada, pero no ayuda. Nada ayuda.

Apago el cigarro antes de terminarlo y me levanto. Me visto sin pensar demasiado: pantalón de chándal, camiseta. Lo primero que pillo.

Bajo a la cocina.

Abro la nevera. La cierro. Vuelvo a abrirla.

-...genial.

Al final cojo lo básico y preparo algo rápido. Sin ganas. Sin motivo claro.

Bueno, sí lo hay. Pero paso de pensarlo.

Coloco la bandeja y subo.

&&&

-Toc toc.

-¿Quién es? -dice al otro lado, con la voz dormida.

-El coco.

Silencio.

-¿El coco quién?

-El que te va a dar el desayuno.

Otro silencio.

-...ah.

-¿Le dejas pasar al coco?

-Sipi.

Abro y está hecha un cuadro. Pelo revuelto, cara de sueño, medio enterrada en la cama.

Dejo la bandeja en la mesita y se me escapa una risa.

-¿Que te hace tanta gracia, querido Coco loco?

-Nada, nada... -me limpio una lágrima-. Todo perfecto.

-Ya, claro.

-¿Te vas a comer el desayuno o tienes pensado hacer el loco de nuevo?

-Me como el desayuno, señor Coco loco gruñón...

Me apoyo en la pared mientras empieza a comer.

Y entonces pasa.

Se le inflan los carrillos.

Paro. La miro.

Hámster.

Parpadeo una vez y aparto la vista rápido.

-Joder...

-¿Qué dices? -pregunta con la boca medio llena.

-Nada.

Silencio.

Termina de comer y se limpia.

-¿Quieres algo, princesa?

-Ir al baño -dice-. Y ya si me sueltas, perfecto.

-Lo primero sí. Lo segundo no.

Hace una mueca.

-Había que intentarlo.

&&&

Cuando entra al baño, me quedo quieto. Demasiado.

Y sin venir a cuento...Ucrania.

El prado. Las flores moviéndose por el viento. Damon corriendo delante mientras me sonríe. Mi madre riéndose.

Aprieto la mandíbula.

-Ya está bien...

Me paso una mano por la cara. No. No hoy.

Se abre la puerta y Clarissa aparece con su conjunto de deporte de siempre, ya que obviamente no le iba a dar ropa de vestir a la criatura.

La llevo de nuevo a su cuarto, pero está vez, hace algo que me desconcierta, pues es la primera vez que lo hace.

-¿Tienes padres? -me mira con curiosidad y con algo de...¿nostalgia?

-No -digo, seco.

-Ah -camina a mi lado-. Yo tampoco... -sonríe de lado.

La miro, ahora con curiosidad, porque nunca me había preguntado si ella tenía padres, familia con la que volver, solo sabía de la existencia de su amiga Malena, que me estaba tocando los cojones por estar tan preocupada por Clarissa.

-Curioso -murmuro-. Cuéntame más.

-Never forever, baby -sonríe-. Tú primero.

Resoplo.

-Pesada.

Silencio.

-Va -dice-. ¿Lo tuyo viene de familia o eres edición limitada?

Se me escapa una risa corta.

-...creo que es solo mío.

-Vale. Siguiente. ¿Te hablas con ellos o pasas olímpicamente?

No respondo y seguimos andando. Un paso. Dos. Me paro.

-¿A ti qué te importa?

Ella se gira, pero no retrocede.

-Curiosidad.

La miro unos segundos. Demasiado, he de decir.

-...se murieron -digo al final.

Y sigo andando.

Silencio.

-¿Qué? -añado-. Tampoco es para tanto.

-Ya... claro -murmura.

No me gusta ese tono.

-¿Te querían?

Me tenso y lo nota. Claro que lo nota.

-Supongo.

Silencio.

-Me alegro... -dice en voz baja.

No sé por qué... pero eso me molesta.

-¿Y tú?

-¿Eh?

-Que te hago la misma pregunta.

Se queda callada y no me mira.

-Mi madre murió al darme a luz -dice al final-. Y mi padre...de cáncer, cuando tenía un año.

Abre y cierra las manos.

-Así que no. No tuve nada de eso.

Silencio. Pero largo.

-Pero bueno...el director del orfanato era majo -añade, como si nada.

La miro. Más de lo normal. No parece estar mintiendo. Pero tampoco parece estar bien.

Me acerco un poco. Levanto la mano, pero dudo. Así que la final, la bajo.

-Venga -murmuro-. Camina.

&&&

La dejo en su cuarto.

Cierro la puerta. Y me quedo un segundo ahí. Quieto. Como un imbécil.

Me paso la mano por la cara y me voy a mi habitación.

Me doy una ducha rápida con agua fría.

Me tumbo en la cama y miro al techo.

Y, sin querer...vuelve. Su voz. Su cara. Lo que ha dicho.

Aprieto la mandíbula.

-Joder...

Cierro los ojos. Y esta vez no hay prado. No hay flores.

Solo una idea de mierda que no debería estar ahí.

Y que no pienso tocar.



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En el texto hay: secuestro, mafia, humor

Editado: 24.08.2026

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