No me llames princesa (1)

Capítulo 24

DAMON

Bajo las escaleras despacio, hoy mi casa estaba muy silenciosa, más de lo normal. Y es de ese tipo de silencios que no es paz.

Entro sin hacer ruido al despacho de mi padre y me siento en una de las sillas que hay para quedar frente a frente con él.

Él está sentado. Recto. Mirándome como si me estuviera juzgándome, como siempre.

-Has llegado tarde.

Me recuesto en la silla.

—No estaba seguro de cuando venir para que a usted le agrade mi visita. Por lo que se ve, nunca acierto.

Silencio.

No le gusta mi tono. Lo noto. Pero no dice nada todavía y me da igual.

-¿Qué quieres?

Mi padre entrelaza las manos.

-Hay un asunto que empieza a complicarse.

No me gusta cómo suena eso.

-Todos los asuntos se complican cuando tú estás dentro.

Ahora me dirige una mirada más fría y directa.

-No juegues conmigo, Damon.

Respiro hondo por la nariz.

-No estoy jugando.

Se levanta despacio.

El tipo de movimiento que no necesita prisa porque sabe que ya ganó antes de empezar.

-El encargo de Guadalupe no salió limpio.

Ahí está. Lo dejo caer dentro de mí.

Guadalupe.

El nombre me raspa por dentro aunque no quiera.

No respondo y mi padre camina alrededor de la mesa.

-Hay testigos que no deberían existir.

-Siempre los hay -murmuro.

-Y hay gente hablando y rebuscando demasiado.

Me quedo quieto.

-¿Qué quieres que haga?

Ahora sí se detiene.

Me mira como si esa fuera la única pregunta que importaba.

-Que lo cierres.

Simple. Directo. Como todo lo que dice él.

-¿"Lo cierre"? -repito.

-Ya sabes lo que significa.

Silencio.

Me paso la lengua por el interior de la mejilla.

-¿Y si no quiero?

No cambia la expresión. Ni un poco.

-Entonces lo hará otro.

Eso sí me tensa. Porque no es amenaza. Es realidad.

Mi padre se acerca un poco.

-No estás en posición de elegir, Damon.

Me río, pero sin humor.

-Nunca lo he estado, ¿no?

No responde. Y eso lo dice todo.

Me giro un poco, mirando por la ventana del despacho. La ciudad ahí fuera sigue igual. Como si nada de esto existiera.

-¿Esto tiene que ver con... ella? -pregunto sin mirarlo.

Silencio. Demasiado largo. Eso ya es respuesta.

Aprieto la mandíbula.

-No la metas en esto.

Suelta una pequeña exhalación.

Casi una risa.

-Tú la has metido solo.

Me giro.

-No sabes de lo que hablas.

-Sé más de lo que crees.

Nos quedamos mirándonos. Y ahí está el problema. Siempre sabe más de lo que dice.

Se sienta otra vez.

-No quiero errores, Damon.

-No los hago.

-Últimamente... los acumulas.

Silencio. Siento el peso en el pecho, pero no lo muestro. No aquí. No con él.

Abre un cajón y saca una carpeta.

La deja sobre la mesa.

-Esto es lo que queda por cerrar.

No la cojo.

-¿Quién?

No responde de inmediato. Eso no me gusta.

-Alguien que presenció la escena cuando Brad, tu querido amigo estaba en acción.

Respiro lento.

-¿Nombre?

Ahora sí me mira.

-No te hace falta.

Me tenso.

-Siempre hace falta.

Se levanta.

-Sin insistes... -se encoge de hombros-. Se llama Clarissa Castellón Montijo, tiene 19 años y vive en Guadalupe.

Pasa a mi lado.

-Quiero que la encuentres y la elimines del mapa -me mira serio-. A ser posible hazlo bien y no te distraigas.

Me mira unos segundos que se me hacen eternos.

-Puedes irte -me levanto, pero antes de marcharme me dice-.Pero no te olvides de la carpeta.

Resoplo, me acerco a la mesa y cojo la carpeta.

&&&

Llego a mi habitación y dejo lo que me ha dado mi padre en la mesilla.

-Menudo marrón el que tenemos ahora, querido Bradley... -me pongo mirando hacia el techo-. Y es que tengo que eliminar a tu princesita querida del alma...cojonudo...



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En el texto hay: secuestro, mafia, humor

Editado: 24.08.2026

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