DAMON
Bajo las escaleras despacio, hoy mi casa estaba muy silenciosa, más de lo normal. Y es de ese tipo de silencios que no es paz.
Entro sin hacer ruido al despacho de mi padre y me siento en una de las sillas que hay para quedar frente a frente con él.
Él está sentado. Recto. Mirándome como si me estuviera juzgándome, como siempre.
-Has llegado tarde.
Me recuesto en la silla.
—No estaba seguro de cuando venir para que a usted le agrade mi visita. Por lo que se ve, nunca acierto.
Silencio.
No le gusta mi tono. Lo noto. Pero no dice nada todavía y me da igual.
-¿Qué quieres?
Mi padre entrelaza las manos.
-Hay un asunto que empieza a complicarse.
No me gusta cómo suena eso.
-Todos los asuntos se complican cuando tú estás dentro.
Ahora me dirige una mirada más fría y directa.
-No juegues conmigo, Damon.
Respiro hondo por la nariz.
-No estoy jugando.
Se levanta despacio.
El tipo de movimiento que no necesita prisa porque sabe que ya ganó antes de empezar.
-El encargo de Guadalupe no salió limpio.
Ahí está. Lo dejo caer dentro de mí.
Guadalupe.
El nombre me raspa por dentro aunque no quiera.
No respondo y mi padre camina alrededor de la mesa.
-Hay testigos que no deberían existir.
-Siempre los hay -murmuro.
-Y hay gente hablando y rebuscando demasiado.
Me quedo quieto.
-¿Qué quieres que haga?
Ahora sí se detiene.
Me mira como si esa fuera la única pregunta que importaba.
-Que lo cierres.
Simple. Directo. Como todo lo que dice él.
-¿"Lo cierre"? -repito.
-Ya sabes lo que significa.
Silencio.
Me paso la lengua por el interior de la mejilla.
-¿Y si no quiero?
No cambia la expresión. Ni un poco.
-Entonces lo hará otro.
Eso sí me tensa. Porque no es amenaza. Es realidad.
Mi padre se acerca un poco.
-No estás en posición de elegir, Damon.
Me río, pero sin humor.
-Nunca lo he estado, ¿no?
No responde. Y eso lo dice todo.
Me giro un poco, mirando por la ventana del despacho. La ciudad ahí fuera sigue igual. Como si nada de esto existiera.
-¿Esto tiene que ver con... ella? -pregunto sin mirarlo.
Silencio. Demasiado largo. Eso ya es respuesta.
Aprieto la mandíbula.
-No la metas en esto.
Suelta una pequeña exhalación.
Casi una risa.
-Tú la has metido solo.
Me giro.
-No sabes de lo que hablas.
-Sé más de lo que crees.
Nos quedamos mirándonos. Y ahí está el problema. Siempre sabe más de lo que dice.
Se sienta otra vez.
-No quiero errores, Damon.
-No los hago.
-Últimamente... los acumulas.
Silencio. Siento el peso en el pecho, pero no lo muestro. No aquí. No con él.
Abre un cajón y saca una carpeta.
La deja sobre la mesa.
-Esto es lo que queda por cerrar.
No la cojo.
-¿Quién?
No responde de inmediato. Eso no me gusta.
-Alguien que presenció la escena cuando Brad, tu querido amigo estaba en acción.
Respiro lento.
-¿Nombre?
Ahora sí me mira.
-No te hace falta.
Me tenso.
-Siempre hace falta.
Se levanta.
-Sin insistes... -se encoge de hombros-. Se llama Clarissa Castellón Montijo, tiene 19 años y vive en Guadalupe.
Pasa a mi lado.
-Quiero que la encuentres y la elimines del mapa -me mira serio-. A ser posible hazlo bien y no te distraigas.
Me mira unos segundos que se me hacen eternos.
-Puedes irte -me levanto, pero antes de marcharme me dice-.Pero no te olvides de la carpeta.
Resoplo, me acerco a la mesa y cojo la carpeta.
&&&
Llego a mi habitación y dejo lo que me ha dado mi padre en la mesilla.
-Menudo marrón el que tenemos ahora, querido Bradley... -me pongo mirando hacia el techo-. Y es que tengo que eliminar a tu princesita querida del alma...cojonudo...
Editado: 24.08.2026