CLARISSA
Me siento en la cama como los indios y recorro con la mirada toda la habitación. Hay pocos muebles, pero algunos podrían ser efectivos si los uso para atacar...
Me levanto de la cama y me acerco a una silla de madera. Me agacho y la toco, creo que serviría para herir a alguien y poder salir por patas de este lugar.
-Umm...sip, yo creo que me sirve -digo mientras me toco el mentón.
-¿Qué crees que te sirve, princesa? -dice una voz a mi espalda, yo sobresaltada, me levanto y le estampo la silla en todo el cuerpo.
-¡Toma!, ¡le he dado! -digo triunfante y haciendo gestos con las manos en señal de victoria.
Después, enfoco la vista y veo que es Braddie y me quedo mirándolo en el suelo con cara de haber visto a un fantasma.
-Yo...emm...creo...que...¿lo siento?... -digo sin saber muy bien que decir.
-¿"Lo siento"? -dice mientras se levanta-. ¿Es una broma? -dice con cara de gato aguantándose las ganas de ir al baño-. ¡Que me has estampado una puta silla!
-Ha sido sin querer... -le digo mientras hago un puchero-. Estaba absorta en una cosa, y de repente has aparecido tú de la nada y me he asustado...y claramente, me he defendido con lo que tenía.
Brad se quita los restos de madera que se le han quedado en la ropa. Y mientras lo hace, veo como sus músculos tan apetecibles, se mueven. Este tío podrá ser malo, pero lo bueno que está no se lo quita nadie.
-Ya... -dice con una mueca-. ¿Se puede saber qué coños haces desde tan temprano por la mañana?
-Nada...
-¿Cómo qué nada? -me mira inquisitivo-. Algo tendrás que estar haciendo para estar tan "absorta" -dice poniendo los ojos en blanco.
-He dicho que nada, leñes -le digo-. Si una dama te dice que nada es nada, chaval. Aprende etiqueta.
Se le escapa una risa.
-¿Dama? -me mira burlón-. ¿Tú? -me dice señalándome-. Por favor, no me hagas reír.
Después de ese comentario tan poco halagador hacia mi persona, me mosqueo un poco.
-Sí, yop -me señalo de arriba a abajo-. Esta querida damisela a la que no sé por qué puñetas la llamas "princesa" -digo poniendo voz grave para intentar imitarle mientras dice ese apodo-. Y que encima, por si fuera poco, la tienes encerrada en una habitación, que solo le faltaría ser blanca para simular que estoy en un manicomnio.
Lo miro con mirada acusadora y lo veo agarrándose a una cómoda para no caerse de la risa.
-¡No hace gracia!
Me mira.
-Tienes que admitir que una poca si que tiene.
Hago un mohín.
-Sí, sí...lo que tú digas -lo miro ahora curiosa-. Por cierto, ¿a qué has venido ahora?
-A preguntarte si quería comer algo.
-Ahh -me quedo con la boca abierta como un pasmarote-. ¡Pues claro que tengo hambre!, ¡si casi no me das de comer! -me acerco a él y levanto una manga de mi camiseta para enseñarle como se me marcaban los huesos.
-¡Mira! -se lo digo modo acusadora-. ¡Si se me notan hasta los huesos!
Me escudriña la zona detenidamente.
-Eres una exagerada -me dice-. Si eso no es nada, peores cosas habrás pasado.
Me remueve algo por dentro, pero lo dejo pasar.
-Bueno, ¿cuándo me piensas dar mi comida?
-Ahora mismito, princesa. Si a usted le parece bien, claro está.
Paso a su lado intentando imitar el andar de la realeza.
-Lo tiene usted muy permitido, querido señor.
&&&
Estamos en la cocina, yo claramente sentada, y con una pierna atada a una silla y el cocinando.
-¿Te queda muchoooo?
-No.
-Ok.
Miro a toda la cocina y luego le miro a él con disimulo. Menudo culo que tiene...me encanta. La verdad, es que me lo puedo imaginar haciendo un striptis.
De repente, mi querido Don Secuestrador me saca de mis ensoñaciones poniéndome un par de tostadas de jamón york y un vaso de leche, delante mía.
Me como mi desayuno y él me observa comer, cosa que me incomoda un poco, pero bueno, me estaba alimentando y no iba a dejar de comer solo por que un tío random me esté mirando.
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Después de comer, como siempre, me lleva al baño. Me ducho rápidamente, para luego ir a mi cuarto.
&&&
Cuando cierra la puerta, me quedo mirando el lugar en el que había estado. Luego, miro al techo, mi querido amiguito del encierro, mira que es feo el pobre, pero no se lo he dicho no vaya a ser que se ofenda. Después de eso, Malena entra en mi mente.
-Te echo de menos, Leni... -suelto un suspiro-. Ojalá y me eches de menos y estés haciendo esfuerzos por dar conmigo...
Me paso las manos por la cara.
-Porque esto será un poco el infierno...pero lo es más...porque tú no estás aquí...
Me seco una pequeña lagrimilla que se me resbala por la mejilla, luego me duermo.
Editado: 24.08.2026