No me llames princesa (1)

Capítulo 27

BRAD

Entro en el gimnasio que tengo, pongo música con mi móvil y me dirijo a la esterilla. La aplano en el suelo y me pongo a hacer flexiones, abdominales...entre otras cosas.

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Después de dos horas de ejercicio, me levanto de press de banca y cojo una toalla para limpiarme el sudor.

-Uff... -digo suspirando-. Ahora me tengo que dar una buena ducha... -me huelo-. Huelo a chope, que asco... -digo haciendo una mueca.

Salgo del gimnasio y entro directamente en el baño de mi cuarto. Me pego una ducha rápida, me pongo un conjunto de sport y voy a la cocina.

-Vamos a ver que le preparamos a mi querida princesita... -digo rebuscando en la nevera-. ¡Ya sé! -digo chocando las manos-. Le haré unos huevos revueltos con... -busco el beicon en la nevera y no paro hasta encontrarlo-...beicon.

Se lo preparo en cero coma y subo a su cuarto.

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Cuando llego y me dispongo a llamar a la puerta, oigo un ruido bastante fuerte, procedente de dentro del cuarto. ¿Se habrá caído? Seguro que sí, no me extrañaría de lo torpe que es a veces...o siempre, vamos.

Abro la puerta, tiro todos los modales a la porra y cuando entro, me la encuentro en el suelo, con el pelo como siempre hecho una mata de pájaros, babeando, y ojo, después del porrazo que se acaba de meter, dormida.

-...Leni... no me robes las patatas...

Levanto una ceja.

-¿Qué cojones...?

Frunzo el ceño.

-¿Habla de comida dormida?

Vuelve a murmurar algo inentendible. Me acerco un poco más, para ver claro, si entiendo algo de su lenguaje, que parece que está invocando algo, cuando se gira y me aparto para no recibir una hostia endemoniada.

Me giro y dejo la bandeja como siempre, en la mesilla. Y, ahora sí, me acerco y la zarandeo hasta que se despierta.

Cuando se despierta, abre los ojos como platos y esta vez, no he sido capaz de esquivar la torta.

-¡Auch! -digo llevándome una mano a la mejilla.

-¡Eso te pasa por despertarme!

Me recupero de la bofetada y la miro de arriba a abajo. Me encanta observarla por la mañana, es cuando tiene su aspecto más loco, por así decirse.

-Porque claro...despertarme como si fueras la policía era súper necesario -gruñe mientras vuelve a dejarse caer en el suelo.

La miro.

-¿Piensas quedarte ahí tirada mucho tiempo?

-Sí. He conectado emocionalmente con el suelo.

Resoplo.

-Eres rarísima.

-Gracias, intento dar una imagen profesional.

Se incorpora despacio mientras se toca la cabeza.

-Creo que me he quedado sin las pocas neuronas funcionales que tenía...

-No te preocupes, tampoco había tantas.

Me fulmina con la mirada.

-Qué gracioso eres a veces. Deberías dedicarte a la comedia en vez de al secuestro.

Se me escapa una risa corta.

-Toma. Come antes de que se enfríe.

Le acerco la bandeja y, en cuanto ve el plato, abre mucho los ojos.

-¿Huevos con beicon?

-¿Sabes reconocer comida? Increíble.

-Te odio.

-Pero te los vas a comer igual.

-Sí.

Se sienta en la cama y empieza a comer mientras yo me apoyo en la pared.

Nos quedamos en un silencio por así decirse, cómodo. Pero lo arruina el tono de llamada de mi móvil. Miro la pantalla y veo que es Dinamita. Descuelgo.

-¿Qué quieres?

Silencio al otro lado.

Y luego su voz.

-Tenemos un problema.

La sonrisa se me borra sola.

-¿Qué has hecho ahora?

-No he sido yo esta vez.

Eso me gusta todavía menos.

Frunzo el ceño y me aparto un poco mientras Clarissa sigue desayunando en la cama como si nada.

-Habla.

Silencio.

-Damon.

-Mi padre sabe lo de la chica.

Siento algo raro en el pecho. Como un golpe seco.

Miro a Clarissa sin querer. Ella sigue comiendo, completamente ajena.

-¿Qué pasa? -pregunta con la boca medio llena.

No le respondo.

-¿Brad? -insiste Damon.

Aprieto la mandíbula.

-¿Cómo que lo sabe?

-No lo sé exactamente. Pero tiene su nombre, su información y sabe que estuvo en Guadalupe.

Se me hiela algo por dentro.

-...mierda.

-Eso no es lo peor.

Ya. Claro que no.

-¿Qué quiere?

Se queda mudo durante unos segundos. Y entonces lo dice.

-Quiere que la elimine.

Todo se queda quieto. Literalmente quieto.

Clarissa levanta la vista al notar el silencio.

-¿Qué cara es esa? -pregunta frunciendo el ceño-. Pareces estreñido.

Ni siquiera me hace gracia.

-Dile que no.

-¿Tú eres gilipollas? -suelta Damon al instante-. Sabes perfectamente que no funciona así.

-Me da igual cómo funcione.

-¡Pues a mí no! -dice más bajo, pero peor-. ¡Porque si no lo hago yo, mandará a otro!

Aprieto tanto el móvil que casi cruje.

-Claro... fantástico...

Clarissa ya no está comiendo. Ahora nos mira raro.

-Mmm... ¿hola? -dice lentamente-. ¿Tengo que preocuparme o...?

La ignoro.

-¿Qué vas a hacer? -pregunto.

-No lo sé.

Mentira. Sí lo sabe. Damon siempre sabe.Solo que no le gusta. Me paso una mano por la cara.

-Joder...

Escucho cómo Damon respira al otro lado.

-Brad... esto ya no es solo un encargo.

Miro otra vez a Clarissa.

Tiene la bandeja encima de las piernas y esa cara de "algo pasa y nadie me cuenta nada".

Y eso me pone nervioso de una forma que odio.

-Lo sé.

-¿Seguro?

-Sí, joder.

Silencio otra vez.

Luego Damon habla más bajo.

-Ten cuidado.

Eso me hace soltar una risa seca.

-¿Tú me estás diciendo eso a mí?

-Te lo digo en serio.

Me quedo callado unos segundos.

-Ya te llamaré luego.

Y cuelgo.

Clarissa me mira desde la cama.

-...vale -dice despacio-. Eso ha sido muy creepy.

No respondo. Porque el problema es que, por primera vez en mucho tiempo...no sé qué coño hacer.



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En el texto hay: secuestro, mafia, humor

Editado: 24.08.2026

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