BRAD
Entro en el gimnasio que tengo, pongo música con mi móvil y me dirijo a la esterilla. La aplano en el suelo y me pongo a hacer flexiones, abdominales...entre otras cosas.
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Después de dos horas de ejercicio, me levanto de press de banca y cojo una toalla para limpiarme el sudor.
-Uff... -digo suspirando-. Ahora me tengo que dar una buena ducha... -me huelo-. Huelo a chope, que asco... -digo haciendo una mueca.
Salgo del gimnasio y entro directamente en el baño de mi cuarto. Me pego una ducha rápida, me pongo un conjunto de sport y voy a la cocina.
-Vamos a ver que le preparamos a mi querida princesita... -digo rebuscando en la nevera-. ¡Ya sé! -digo chocando las manos-. Le haré unos huevos revueltos con... -busco el beicon en la nevera y no paro hasta encontrarlo-...beicon.
Se lo preparo en cero coma y subo a su cuarto.
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Cuando llego y me dispongo a llamar a la puerta, oigo un ruido bastante fuerte, procedente de dentro del cuarto. ¿Se habrá caído? Seguro que sí, no me extrañaría de lo torpe que es a veces...o siempre, vamos.
Abro la puerta, tiro todos los modales a la porra y cuando entro, me la encuentro en el suelo, con el pelo como siempre hecho una mata de pájaros, babeando, y ojo, después del porrazo que se acaba de meter, dormida.
-...Leni... no me robes las patatas...
Levanto una ceja.
-¿Qué cojones...?
Frunzo el ceño.
-¿Habla de comida dormida?
Vuelve a murmurar algo inentendible. Me acerco un poco más, para ver claro, si entiendo algo de su lenguaje, que parece que está invocando algo, cuando se gira y me aparto para no recibir una hostia endemoniada.
Me giro y dejo la bandeja como siempre, en la mesilla. Y, ahora sí, me acerco y la zarandeo hasta que se despierta.
Cuando se despierta, abre los ojos como platos y esta vez, no he sido capaz de esquivar la torta.
-¡Auch! -digo llevándome una mano a la mejilla.
-¡Eso te pasa por despertarme!
Me recupero de la bofetada y la miro de arriba a abajo. Me encanta observarla por la mañana, es cuando tiene su aspecto más loco, por así decirse.
-Porque claro...despertarme como si fueras la policía era súper necesario -gruñe mientras vuelve a dejarse caer en el suelo.
La miro.
-¿Piensas quedarte ahí tirada mucho tiempo?
-Sí. He conectado emocionalmente con el suelo.
Resoplo.
-Eres rarísima.
-Gracias, intento dar una imagen profesional.
Se incorpora despacio mientras se toca la cabeza.
-Creo que me he quedado sin las pocas neuronas funcionales que tenía...
-No te preocupes, tampoco había tantas.
Me fulmina con la mirada.
-Qué gracioso eres a veces. Deberías dedicarte a la comedia en vez de al secuestro.
Se me escapa una risa corta.
-Toma. Come antes de que se enfríe.
Le acerco la bandeja y, en cuanto ve el plato, abre mucho los ojos.
-¿Huevos con beicon?
-¿Sabes reconocer comida? Increíble.
-Te odio.
-Pero te los vas a comer igual.
-Sí.
Se sienta en la cama y empieza a comer mientras yo me apoyo en la pared.
Nos quedamos en un silencio por así decirse, cómodo. Pero lo arruina el tono de llamada de mi móvil. Miro la pantalla y veo que es Dinamita. Descuelgo.
-¿Qué quieres?
Silencio al otro lado.
Y luego su voz.
-Tenemos un problema.
La sonrisa se me borra sola.
-¿Qué has hecho ahora?
-No he sido yo esta vez.
Eso me gusta todavía menos.
Frunzo el ceño y me aparto un poco mientras Clarissa sigue desayunando en la cama como si nada.
-Habla.
Silencio.
-Damon.
-Mi padre sabe lo de la chica.
Siento algo raro en el pecho. Como un golpe seco.
Miro a Clarissa sin querer. Ella sigue comiendo, completamente ajena.
-¿Qué pasa? -pregunta con la boca medio llena.
No le respondo.
-¿Brad? -insiste Damon.
Aprieto la mandíbula.
-¿Cómo que lo sabe?
-No lo sé exactamente. Pero tiene su nombre, su información y sabe que estuvo en Guadalupe.
Se me hiela algo por dentro.
-...mierda.
-Eso no es lo peor.
Ya. Claro que no.
-¿Qué quiere?
Se queda mudo durante unos segundos. Y entonces lo dice.
-Quiere que la elimine.
Todo se queda quieto. Literalmente quieto.
Clarissa levanta la vista al notar el silencio.
-¿Qué cara es esa? -pregunta frunciendo el ceño-. Pareces estreñido.
Ni siquiera me hace gracia.
-Dile que no.
-¿Tú eres gilipollas? -suelta Damon al instante-. Sabes perfectamente que no funciona así.
-Me da igual cómo funcione.
-¡Pues a mí no! -dice más bajo, pero peor-. ¡Porque si no lo hago yo, mandará a otro!
Aprieto tanto el móvil que casi cruje.
-Claro... fantástico...
Clarissa ya no está comiendo. Ahora nos mira raro.
-Mmm... ¿hola? -dice lentamente-. ¿Tengo que preocuparme o...?
La ignoro.
-¿Qué vas a hacer? -pregunto.
-No lo sé.
Mentira. Sí lo sabe. Damon siempre sabe.Solo que no le gusta. Me paso una mano por la cara.
-Joder...
Escucho cómo Damon respira al otro lado.
-Brad... esto ya no es solo un encargo.
Miro otra vez a Clarissa.
Tiene la bandeja encima de las piernas y esa cara de "algo pasa y nadie me cuenta nada".
Y eso me pone nervioso de una forma que odio.
-Lo sé.
-¿Seguro?
-Sí, joder.
Silencio otra vez.
Luego Damon habla más bajo.
-Ten cuidado.
Eso me hace soltar una risa seca.
-¿Tú me estás diciendo eso a mí?
-Te lo digo en serio.
Me quedo callado unos segundos.
-Ya te llamaré luego.
Y cuelgo.
Clarissa me mira desde la cama.
-...vale -dice despacio-. Eso ha sido muy creepy.
No respondo. Porque el problema es que, por primera vez en mucho tiempo...no sé qué coño hacer.
Editado: 24.08.2026