No me llames princesa (1)

Capítulo 28

CLARISSA

Me despierto porque noto algo raro.

Y no, esta vez no es porque me haya caído de la cama. Milagro histórico, sinceramente.

Abro un ojo y luego el otro.

Y me quedo mirando el techo.

Mi querido techo feo sigue ahí. Qué alivio. Pensaba que me había abandonado.

-Buenos días, techo horroroso... -murmuro con la voz dormida.

Frunzo un poco el ceño.

Normalmente ya habría escuchado pasos. O una puerta. O a Brad entrando sin respeto ninguno hacia mi intimidad.

Pero nada.

Me incorporo despacio. Y ahí noto otra cosa.

Tengo esa sensación rara en el pecho que aparece antes de que pase algo malo.

-Ugh... odio esto...

Me levanto de la cama y empiezo a caminar por la habitación.

Bueno. "Caminar". Realmente estoy dando vueltas como una cucaracha estresada.

Me muerdo el interior de la mejilla.

Desde ayer todo está raro. Más raro de lo normal, vamos.

Y eso ya es decir bastante teniendo en cuenta que estoy secuestrada por un tío que cocina huevos con beicon y otras cosas mientras me llama princesa.

La llamada de ayer vuelve a mi cabeza.

La cara de Brad. Su silencio. La forma en la que dejó de mirarme normal.

-Pues genial, Clarissa... ahora encima el secuestrador está emocionalmente raro...

Me dejo caer en la cama otra vez.

¿Qué habrá pasado?

Porque pasó algo. Lo sé.

Y no me gusta sentir que soy la única persona que no sabe nada.

Cruzo los brazos.

-A lo mejor se le ha muerto el cerebro... aunque tampoco creo que hubiera mucho que enterrar...

La puerta se abre de golpe.

Y pego un bote digno de récord olímpico.

-¡LA MADRE QUE TE PARIÓ, BRAD!

Él me mira. Serio. Demasiado serio.

Y ahí vuelve esa sensación incómoda.

-Uf... vale, no. Esa cara no me gusta nada.

Cierra la puerta detrás de él.

Trae comida, pero ni siquiera hace algún comentario idiota. Ni una sola provocación.

Eso ya me preocupa.

Deja la bandeja sobre la mesa.

-Desayuna.

Parpadeo.

-...¿Eso es todo?

-Sí.

Lo miro unos segundos.

Qué incómodo. ¿Qué demonios le pasa?

Entrecierro los ojos.

-Tú estás raro.

-No.

-Sí.

-No.

-Sí.

Suspira.

-Pesada.

-Ay, volvió un poco el Brad borde. Qué alivio.

No sonríe. Y ahí sí me callo. Porque vale. Ahora sí estoy preocupada.

Me levanto despacio de la cama.

-¿Ha pasado algo?

-No.

Mentiroso.

Se le nota muchísimo cuando miente. Bueno, no realmente. Pero yo quiero creer que sí porque me hace sentir investigadora privada profesional.

Me acerco un poco más.

-¿Seguro?

-Me estás agobiando, princesa.

Frunzo el ceño.

Normalmente ese apodo me pone de los nervios.

Hoy no. Hoy suena distinto. Más apagado.

Lo observo unos segundos.

Tiene ojeras y parece cansado. Muy cansado. Como si hubiera dormido fatal. Como si llevara horas pensando demasiado.

Y no sé por qué... pero eso me remueve algo raro por dentro.

-Ugh... qué asco de empatía... -murmuro para mí misma.

-¿Qué has dicho?

-Nada.

Silencio otra vez. Odio los silencios. Especialmente estos.

Así que hago lo que mejor sé hacer: hablar.

-Mira, si has matado a alguien y estás deprimido por eso, tampoco sería tan raro teniendo en cuenta tu vibra de asesino traumadito...

Y ahí pasa.

Brad me mira de golpe.Fijo.

Y siento un escalofrío horrible.

Porque por un segundo...parece asustado.

No enfadado. No frío. Asustado.

El aire se queda quieto.

-...Brad?

Aparta la mirada enseguida.

-Come antes de que se enfríe.

Y sale de la habitación.

Así. Sin más. Me quedo inmóvil. Mirando la puerta cerrada. Con el corazón latiéndome raro. Muy raro.

Bajo la vista lentamente hacia la bandeja.

Y de repente ya no tengo hambre. Porque algo está pasando. Algo grande.

Y empiezo a sentir que, haga lo que haga...yo estoy justo en medio.



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En el texto hay: secuestro, mafia, humor

Editado: 24.08.2026

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