No me llames princesa (1)

Capítulo 30

MALENA

Odio el silencio. Antes me gustaba más, porque era descansar tranquila, poner música bajito y tirarme en la cama a pensar en cualquier pavada.

Ahora no. Ahora solo significa la ausencia de Clarissa, que sigue sin aparecer. La policía hace ya varias semanas que armó un equipo de búsqueda, pero por ahora no encontraron nada. Así que no recibí ni llamadas, ni mensajes, ni noticias.

Resoplo y dejo el celular en la mesa.

Fantástico.

Me dejo caer en el sillón.

-Como aparezcas viva te mato yo primero... -murmuro.

Y lo peor es que sé perfectamente qué me diría.

"Qué lindo, Leni, yo también te quiero."

Se me escapa una sonrisa chiquita. Y se me borra enseguida.

La puta madre...

Me tapo la cara con las manos un momento.

No me gusta sentirme inútil. Y últimamente me siento así todo el tiempo.

&&&

El timbre me hace pegar un salto.

Frunzo el ceño.

-¿Quién carajo será...?

Me levanto arrastrando los pies y abro la puerta.

Y ahí está él. Didi. Bueno... Damon. Pero para mí siempre va a ser Didi cara de piedra.

Lleva buzo negro, las manos en los bolsillos y esa cara de "me chupa todo un huevo" que parece permanente.

-Qué milagro -digo apoyándome en el marco-. Pensé que te había tragado la tierra.

-No tuvo tanta suerte.

Pongo los ojos en blanco.

-También te quiero, tranqui.

Se le escapa una sonrisita mínima. De esas que casi no existen.

Lo miro mejor, porque normalmente Didi sonríe más de lo que lo está haciendo ahora.

-Mmm... -lo observo-. Tenés mala cara.

-Eres siempre demasiado opinativa.

-Es un talento.

Nos quedamos callados, sin saber qué decir.

-¿Puedo pasar? -pregunta al final.

Lo miro unos segundos.

-Siempre que no vengas a matarme -le digo riendo un poco.

-Hoy no -me guiña un ojo.

-Bueno, reconfortante.

Se le escapa una risa cortita y entra.

&&&

Estoy sentada arriba de la mesada porque las sillas me resultan incómodas en este momento y él está apoyado enfrente, con los brazos cruzados.

El ambiente está... tenso.

Como si hubiera algo enorme en el medio que ninguno quiere tocar.

-¿Y bien? -pregunto-. ¿Viniste a mirarme como si fuera un fantasma o hay otro motivo?

Damon mira para otro lado un segundo.

-Didi.

Aprieta la mandíbula. Y ahí lo noto: algo serio pasa. Sacando a Clarissa, que ya es un desastre en sí mismo.

-¿Qué pasa? -le digo más seria.

No responde. Después me mira otra vez.

-Malena... necesito que dejes de buscar a Clarissa.

Se me corta la respiración.

Parpadeo lento, varias veces, pero no me entra lo que acabo de escuchar.

-...qué.

-No sigas metiéndote en esto.

Me bajo de la mesada de golpe.

-¿Perdón?

-No es seguro.

-¿No es seguro? -me río, pero me sale horrible-. ¿Vos te escuchás?

Damon cierra los ojos un segundo, como si le doliera estar acá.

-Te estoy hablando en serio.

-Y yo también -doy un paso hacia él-. ¡Clarissa es mi mejor amiga!

-No lo empeores.

Eso me enoja todavía más.

-¿Empeorar QUÉ?

Y otra vez se queda callado. Ese silencio... es peor que cualquier respuesta.

Siento un nudo feo en el pecho.

-Didi... -me sale más bajito-. ¿Vos sabés algo?

No responde. Pero no hace falta. Se le nota en la cara. Y eso me da muchísimo más miedo.

Retrocedo un paso.

-No... no, no, no...

-Malena...

-¿Qué hiciste?

Su expresión cambia al instante.

-Dejálo.

-Y una mierda lo dejo -siento la voz temblarme-. ¡¿Dónde está Clarissa?!

-Malena.

-¡Decímelo!

El silencio explota entre los dos.

Y por primera vez desde que lo conozco... Damon parece roto.

No triste. Roto.

-Me estás asustando... -susurro.

Aprieta la mandíbula como si se le fuera a partir.

-Yo también tengo miedo.

Y eso... eso sí que me hiela la sangre.



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En el texto hay: secuestro, mafia, humor

Editado: 24.08.2026

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