BRAD
No he dormido bien. Aunque eso ya no es nada nuevo.
Cojo el móvil y miro mis mensajes. Damon me ha preguntado si estoy bien.
Claro que no estoy bien.
Dejo el teléfono boca abajo sobre la cama.
Me paso una mano por la cara y me levanto.
La casa está demasiado normal. Demasiado limpia. Demasiado tranquila para lo que tengo metido en la cabeza.
Y eso me molesta.
Bajo a la cocina sin pensarlo mucho. Abro un armario. Lo cierro. Abro la nevera. No cojo nada.
-Genial...
Me apoyo un segundo en la encimera.
No es el encargo lo que me jode.
Es que tiene nombre.
Y cara.
Y voz.
Y está en la habitación de arriba actuando como si su mayor problema fuera si le doy o no de desayunar.
Paso una mano por la nuca.
-Qué desastre...
Subo las escaleras.
No llamo.
Entro.
Clarissa está sentada en la cama, con las piernas cruzadas, mirándome como si llevara cinco minutos esperando un espectáculo.
-Buenos días, Braddie.
No respondo al apodo.
Dejo la bandeja en la mesilla.
-Desayuna.
-Qué romántico eres a primera hora.
-No empieces.
Ella sonríe un poco, pero me observa mejor de lo normal.
-Estás peor que ayer.
-No.
-Sí.
Me quedo de pie, sin saber bien dónde ponerme.
-Te lo estás tomando muy personal todo esto, ¿eh?
La miro.
-¿El qué?
Ella se encoge de hombros.
-No lo sé. Pero te noto raro. Más raro de lo habitual, que ya es decir.
Aparto la mirada un segundo.
-Desayuna.
Clarissa suspira exageradamente.
-Vale, vale. Señor ambiente tenso.
Empieza a comer, pero sigue mirándome de vez en cuando.
Eso me pone nervioso. Y odio que me ponga nervioso.
Me apoyo en la pared.
El móvil vibra.
Damon otra vez.
No lo cojo.
Clarissa alza la cabeza.
-¿Te vas a quedar ahí mirando como un fantasma o tienes plan de vida hoy?
-Depende.
-¿De qué?
-De lo que tú consideres plan de vida.
Se queda quieta un segundo.
Luego entrecierra los ojos.
-Eso ha sonado preocupante.
-No lo es.
Mentira.
Ella deja la bandeja a un lado.
-Te pasa algo.
-No.
-Sí.
Me acerco un poco, lo justo para cortar la conversación.
-No hagas preguntas.
-¿Por qué?
Porque si las haces, voy a empezar a pensar en respuestas.
Y eso no me conviene.
Pero no lo digo.
-Clarissa.
-¿Qué?
-Por una vez... no lo hagas más difícil.
Ella parpadea. Baja un poco el tono.
-Eso ha sonado serio.
Lo es.
Me doy la vuelta hacia la puerta.
-Voy a estar fuera.
-¿Cuánto?
-No lo sé.
Eso la frena.
Me mira mientras salgo.
-Brad...
Me detengo sin girarme.
-¿Vas a volver?
Esa pregunta me engancha más de lo que debería.
-Sí.
Y me voy antes de decir otra cosa.
&&&
Bajo las escaleras y cojo las llaves.
Damon me está llamando otra vez.
Ahora sí respondo.
-¿Qué?
-Estás desaparecido.
-No estoy desaparecido.
-Estás raro.
-No eres el primero que me lo dice.
Damon suelta aire por la nariz.
-No he venido a discutir contigo.
-Entonces habla.
Se toma un segundo.
-No puedes seguir así.
Me río, pero sin ganas.
-¿Así cómo?
-Como si nada estuviera pasando.
Me quedo quieto un momento.
-Está pasando todo.
-Ya sabes a qué me refiero.
Sí.
Lo sé perfectamente.
Me paso la mano por la cara.
-¿Has hablado con tu padre?
-No.
-Mejor.
Damon duda.
-¿Qué vas a hacer?
Miro hacia arriba, hacia la casa.
Hacia ella.
-No lo sé todavía.
Y esa es la parte que me jode.
Porque normalmente sí lo sé.
Siempre.
&&&
Cuelgo.
Salgo de casa.
El aire de fuera no arregla nada.
Pero al menos distrae.
Camino sin rumbo claro.
Y por primera vez en mucho tiempo... no es el encargo lo que me pesa.
Es la idea de que, si esto sigue avanzando...Clarissa va a dejar de ser solo un problema.
Y eso sí que no encaja en nada de lo que debería sentir.
Editado: 24.08.2026