No me llames princesa (1)

Capítulo 33

BRAD

No he dormido bien. Aunque eso ya no es nada nuevo.

Cojo el móvil y miro mis mensajes. Damon me ha preguntado si estoy bien.

Claro que no estoy bien.

Dejo el teléfono boca abajo sobre la cama.

Me paso una mano por la cara y me levanto.

La casa está demasiado normal. Demasiado limpia. Demasiado tranquila para lo que tengo metido en la cabeza.

Y eso me molesta.

Bajo a la cocina sin pensarlo mucho. Abro un armario. Lo cierro. Abro la nevera. No cojo nada.

-Genial...

Me apoyo un segundo en la encimera.

No es el encargo lo que me jode.

Es que tiene nombre.

Y cara.

Y voz.

Y está en la habitación de arriba actuando como si su mayor problema fuera si le doy o no de desayunar.

Paso una mano por la nuca.

-Qué desastre...

Subo las escaleras.

No llamo.

Entro.

Clarissa está sentada en la cama, con las piernas cruzadas, mirándome como si llevara cinco minutos esperando un espectáculo.

-Buenos días, Braddie.

No respondo al apodo.

Dejo la bandeja en la mesilla.

-Desayuna.

-Qué romántico eres a primera hora.

-No empieces.

Ella sonríe un poco, pero me observa mejor de lo normal.

-Estás peor que ayer.

-No.

-Sí.

Me quedo de pie, sin saber bien dónde ponerme.

-Te lo estás tomando muy personal todo esto, ¿eh?

La miro.

-¿El qué?

Ella se encoge de hombros.

-No lo sé. Pero te noto raro. Más raro de lo habitual, que ya es decir.

Aparto la mirada un segundo.

-Desayuna.

Clarissa suspira exageradamente.

-Vale, vale. Señor ambiente tenso.

Empieza a comer, pero sigue mirándome de vez en cuando.

Eso me pone nervioso. Y odio que me ponga nervioso.

Me apoyo en la pared.

El móvil vibra.

Damon otra vez.

No lo cojo.

Clarissa alza la cabeza.

-¿Te vas a quedar ahí mirando como un fantasma o tienes plan de vida hoy?

-Depende.

-¿De qué?

-De lo que tú consideres plan de vida.

Se queda quieta un segundo.

Luego entrecierra los ojos.

-Eso ha sonado preocupante.

-No lo es.

Mentira.

Ella deja la bandeja a un lado.

-Te pasa algo.

-No.

-Sí.

Me acerco un poco, lo justo para cortar la conversación.

-No hagas preguntas.

-¿Por qué?

Porque si las haces, voy a empezar a pensar en respuestas.

Y eso no me conviene.

Pero no lo digo.

-Clarissa.

-¿Qué?

-Por una vez... no lo hagas más difícil.

Ella parpadea. Baja un poco el tono.

-Eso ha sonado serio.

Lo es.

Me doy la vuelta hacia la puerta.

-Voy a estar fuera.

-¿Cuánto?

-No lo sé.

Eso la frena.

Me mira mientras salgo.

-Brad...

Me detengo sin girarme.

-¿Vas a volver?

Esa pregunta me engancha más de lo que debería.

-Sí.

Y me voy antes de decir otra cosa.

&&&

Bajo las escaleras y cojo las llaves.

Damon me está llamando otra vez.

Ahora sí respondo.

-¿Qué?

-Estás desaparecido.

-No estoy desaparecido.

-Estás raro.

-No eres el primero que me lo dice.

Damon suelta aire por la nariz.

-No he venido a discutir contigo.

-Entonces habla.

Se toma un segundo.

-No puedes seguir así.

Me río, pero sin ganas.

-¿Así cómo?

-Como si nada estuviera pasando.

Me quedo quieto un momento.

-Está pasando todo.

-Ya sabes a qué me refiero.

Sí.

Lo sé perfectamente.

Me paso la mano por la cara.

-¿Has hablado con tu padre?

-No.

-Mejor.

Damon duda.

-¿Qué vas a hacer?

Miro hacia arriba, hacia la casa.

Hacia ella.

-No lo sé todavía.

Y esa es la parte que me jode.

Porque normalmente sí lo sé.

Siempre.

&&&

Cuelgo.

Salgo de casa.

El aire de fuera no arregla nada.

Pero al menos distrae.

Camino sin rumbo claro.

Y por primera vez en mucho tiempo... no es el encargo lo que me pesa.

Es la idea de que, si esto sigue avanzando...Clarissa va a dejar de ser solo un problema.

Y eso sí que no encaja en nada de lo que debería sentir.



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En el texto hay: secuestro, mafia, humor

Editado: 24.08.2026

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