No me llames princesa (1)

Capítulo 34

CLARISSA

Creo que mi secuestrador tiene una crisis existencial.

Y no lo digo en plan broma.Bueno... sí lo digo en plan broma, pero también en serio.

Porque lleva días raro.

Más raro.Nivel:"protagonista masculino a punto de tomar una decisión cuestionable en película dramática".

Y eso ya es preocupante, teniendo en cuenta que su personalidad habitual consiste en: gruñir, parecer enfadado con el universo y mirarme como si yo fuera un problema con piernas.

Estoy tirada en la cama mirando el techo mientras hago teorías absurdas para no pensar demasiado.

Teoría número uno:Brad tiene una enfermedad terminal y no quiere contármelo.

Teoría número dos:ha descubierto que soy insoportable y está buscando dónde devolverme.

Teoría número tres:me está escondiendo algo MUY gordo.

Resoplo y miro al techo. Mi compañero de cautiverio. Mi amigo. Mi enemigo. Mi soporte emocional arquitectónico.

-A ver, techito... -murmuro-. Tú que lo ves todo. ¿Qué coño le pasa al emo premium?

No me responde.

Qué poca colaboración.

Me dejo caer hacia atrás.

De verdad, mi vida parece escrita por alguien con problemas.

-Voy a echar una cabezadita... -me acomodo en la cama y me duermo.

&&&

Creo que han pasado como dos horas, cuando nuestro querido Braddie o Don Secuestrador, irrumpe en mi cuarto y me despierta de la siestita que me estaba dando, así que lo miro con cara de malas pulgas.

-Buenos días, princesa -dice con una sonrisa divertida en la cara.

-¿Buenos días? -gruño y pienso si es de día o por la tarde, mira, no voy a pensar en nada porque de verdad esto de estar encerrada 365 días al año no es lo mío.

-Alguien se ha levantado con el pie izquierdo -dice silbando.

-No será porque alguien, llamado Brad me ha despertado, ¿no? -le digo arqueando una ceja.

Él resopla.

-Llevas durmiendo dos horas.

-Perfecto. Otras diez y quizá sobreviva a este secuestro.

No se ríe.

Vale.

Eso sí es raro.

Me incorporo un poco.

-¿Qué pasa? -frunzo el ceño-. ¿Se ha muerto alguien?

Silencio.

Y ahí.

AHÍ.

Algo se me retuerce un poquito por dentro.

Porque normalmente habría soltado alguna bordería. O un "ojalá".

Pero no.

Solo me mira.

-Madre mía... -me llevo una mano al pecho dramáticamente-. ¿Te has enamorado de mí y no sabes gestionarlo?

Se pasa una mano por la cara.

-Clarissa.

-No, espera. Déjame teorizar. ¿Te persigue Hacienda? ¿Has matado sin querer a alguien importante? ¿Te ha dejado tu peluquero?

Nada.

Y cuanto menos responde... menos gracia me hace todo.

Me siento mejor en la cama.

-...vale. Fuera bromas.

Ahora sí.

-¿Qué coño te pasa?

Él aprieta la mandíbula.

-Nada.

Ah, claro.

La palabra favorita de los hombres emocionalmente estreñidos.

-Lo sabía -asiento lentamente-. Tienes una enfermedad terminal.

-Clarissa.

-¿Qué? Estoy intentando ayudarte a comunicarte.

Se queda callado unos segundos.

Demasiados.

-Luego bajamos -dice al final.

Parpadeo.

-¿Abajo abajo? ¿Fuera de mi reino acolchado?

-Asombrosamente sí.

Abro mucho los ojos.

-¿Me estás dando privilegios de secuestrada premium?

Pone los ojos en blanco.

-Sí.

-Yeiiii.

&&&

Bajo las escaleras detrás de él como si me acabaran de conceder una excursión escolar.

Ojo.

Que igual para alguien normal esto es una cocina.

Para mí ahora mismo es prácticamente un parque temático.

Voy mirando alrededor exageradamente.

-Madre mía... el exterior...

-No estamos fuera.

-Déjame dramatizar mi experiencia.

Brad camina delante de mí con esa energía de "estoy cansado de existir" que últimamente tiene aún más fuerte.

Y no me gusta.

Porque una cosa es Brad siendo borde.

Otra es Brad pareciendo protagonista masculino a tres minutos de cometer una estupidez.

Entro en la cocina y me siento directamente en una silla y esta vez, para mi sorpresa, no me ata.

-Bueno -me apoyo en la mesa-. ¿Qué privilegio premium me he ganado hoy?

-Que no te calles cinco minutos.

-Uf, complicado.

Él abre la nevera y empieza a sacar cosas.

Lo observo.

Mucho. Demasiado quizá. Va lento. Más distraído. Como si estuviera pensando en otra cosa. Como si estuviera muy lejos aunque esté aquí.

-Te pasa algo -digo de repente.

-No.

-Mentira.

-Deja el FBI, Clarissa.

-No puedo. Dios me dio ansiedad y curiosidad.

Brad suelta aire por la nariz. Ni siquiera parece una risa.

Y eso confirma mi teoría. Está fatal.

Cruzo los brazos encima de la mesa.

-¿Te has peleado con Damon?

-No.

-¿Con alguien de tu mafia de emos intensitos?

Me mira.

-No somos emos.

-Ah, perdón. Criminales estreñidos.

Eso normalmente le habría sacado aunque fuera una mini mueca.

Hoy no. Qué mal rollo.

Apoyo la barbilla en la mano.

-Brad.

-Qué.

Esta vez bajo un poco el tono.

-Estoy hablando en serio.

Se gira un segundo hacia mí.

Y algo en la cara me hace callarme.

Está cansado. No de sueño. Cansado de dentro. Como si llevara demasiado peso encima.

Y no sé por qué eso me aprieta algo raro en el pecho.

-No pasa nada -dice al final.

Ajá.

Otra vez esa palabra.

Miro la cocina. Miro la tostadora. Miro una planta medio triste en la esquina. Miro a Brad.

Y de pronto se me ocurre una idea brillantemente terrible.

Vale.

Si el señor drama oscuro no quiere hablar...

Habrá que animarlo a la fuerza.

-Braddie.

-No.

-Aún no he dicho nada.

-Pero te conozco.

Sonrío lentamente.

-¿Qué hace un pez mago?

Brad cierra los ojos.

-No quiero saberlo.



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En el texto hay: secuestro, mafia, humor

Editado: 24.08.2026

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