No me llames princesa (1)

Capítulo 37

BRAD

No me gusta esperar.

Mucho menos cuando Damon me suelta un: "Tengo un problema."

Y luego parece que le da una crisis existencial.

Miro el móvil otra vez. Nada. Perfecto.

Me dejo caer en el sofá y me paso una mano por la cara.

-Menuda panda de inútiles estamos hechos...

Yo rayado. Damon rayado. Clarissa haciendo chistes malos en el piso de arriba como si el mayor problema de su vida fuera aburrirse.

Resoplo.

No debería importarme tanto.

Y aun así aquí estoy.

Mirando la maldita pantalla como un adolescente enamorado esperando mensaje.

Qué vergüenza.

El móvil vibra. Damon. Por fin.

Descuelgo.

-Ya era hora.

-Qué amable eres siempre.

-Sí, bueno, intento mantener mi imagen.

Escucho cómo resopla al otro lado.

-¿Qué querías?

Aprieto la mandíbula.

-No me cambies el tema.

-¿Qué tema?

-El de Clarissa.

Se oye algo moverse. Como si estuviera caminando.

-No ha cambiado nada.

-Claro que ha cambiado algo.

-Dime el qué.

Que ahora tiene nombre. Que ahora me importa demasiado. Que llevo días actuando raro. Que cuando desaparece de mi vista me molesta. Que me he acostumbrado demasiado a escucharla hablar.

Pero obviamente no digo nada de eso.

-Que tu padre sigue siendo un puto problema.

-Ah.

-¿"Ah"? ¿Eso es todo?

-¿Qué quieres que haga, Brad? ¿Que lo mate?

-No me parecería mala idea.

Damon se ríe por la nariz.

-Eso dilo más bajito.

Me levanto del sofá y empiezo a caminar por el salón.

-¿Ha vuelto a decir algo?

-No. Pero no me gusta cómo está el tema.

Eso me tensa otra vez.

Genial. Fantástico. Mi semana favorita.

-¿Y ahora qué?

-No sé.

-¿Cómo que no sabes?

-Porque si me niego, manda a otro.

Eso me deja quieto.

Ya. Ese es el problema. Que Damon no es el peligro. El peligro es cualquiera detrás.

Me froto la mandíbula.

-Mierda.

-Sí.

-Pues no voy a dejar que pase.

Damon tarda medio segundo en responder.

-¿Y cómo piensas hacer eso?

Buena pregunta. Porque no tengo ni puta idea. Miro hacia arriba. Hacia el techo. Hacia donde está ella. Probablemente diciendo alguna barbaridad o hablando sola.

-Me la llevaré si hace falta.

La frase sale sola. Tan rápido que hasta yo me quedo callado un segundo. Damon también.

-...Brad.

-Qué.

-Estás jodido.

-Púdrete.

-No, te lo digo en serio.

Resoplo.

-No empieces.

-Amigo mío... -casi me lo imagino negando con la cabeza-. Estás hasta el cuello.

Voy a contestar algo cuando escucho un golpe arriba. Frunzo el ceño. Luego otra cosa. Algo cayéndose. Cierro los ojos.

-No puede ser...

-¿Qué pasa?

-La princesa seguramente ha decidido morir accidentalmente.

-¿Cómo?

-Cuelgo.

Subo las escaleras de dos en dos.

-Clarissa.

Abro la puerta.

Y me la encuentro encima de la cama. De pie. Intentando alcanzar algo del armario. Con una manta enrollada alrededor del cuerpo como si fuera una superheroína de segunda.

La miro. Ella me mira.

-...puedo explicarlo.

Me llevo una mano a la cara.

-Juro por Dios que no puedes estar sola diez minutos.

-¡Necesitaba investigar!

-¿Investigar qué?

-¿Qué guardas ahí arriba!

La miro unos segundos. Luego a la manta. Luego a la cama medio destrozada. Luego otra vez a ella.

-Te odio.

Ella sonríe.

-No tanto.

Y el problema es...que igual tiene razón.



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En el texto hay: secuestro, mafia, humor

Editado: 24.08.2026

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