No me llames princesa (1)

Capítulo 38

CLARISSA

Miro a Brad con un mirada de ¿disculpa?, no sé, algo de eso. Había tirado al suelo una caja bastante grandecita y quería saber que contenía, pero por desgracia mi querido Braddie me había interrumpido en la labor.

-¿Puedes bajar de la cama? -me dice mientras se pasa un mano por la cara-. De verdad, ¿tanto te cuesta comportarte como una persona normal y corriente?

Me bajo de la cama, pero no porque me lo haya mandado, sino porque me daba a mi la gana y me acerco a él.

-Querido mío de mi alma -digo poniendo voz y actuando de forma dramática-. Para empezar, yo nunca he sido una persona normal y corriente, yo de toda la vida he sido una persona loquita por la vida -le pongo una mano en el hombro-. Sorry, por si te entras ahora.

Brad me mira. Largo. Mucho rato. Con esa cara de "me arrepiento de cada decisión vital que me ha traído hasta aquí".

-Créeme, princesa. Ya me he dado cuenta.

-Hombre, menos mal -me cruzo de brazos-. Pensaba que eras lento.

-No soy lento.

-Mm... discutible.

Se agacha para recoger la caja del suelo y yo, claramente, intento mirar qué demonios había dentro.

Él lo nota.

-Clarissa.

-¿Qué?

-No.

-¿No qué?

-No metas las narices.

Abro mucho los ojos.

-¡¿Cómo que no meta las narices?! -me llevo una mano al pecho-. Llevo encerrada aquí siglos. Mi entretenimiento ahora mismo es el cotilleo y hablar con el techo.

-Qué vida tan dura.

-No te burles de mi sufrimiento.

Me arrodillo al lado de la caja.

-Un poquito. Solo una miradita.

-No.

-¿Una esquina?

-No.

-¿Un centímetro?

-No.

Resoplo exageradamente.

-Eres un dictador emocional.

-Eso ni siquiera tiene sentido.

-Sí tiene. Todo tiene sentido si lo dices con confianza.

Brad suspira de ese modo suyo que parece significar: "por qué me toca esta persona".

Y, aun así, no me aparta.

Curioso.

Porque normalmente ya me habría echado de la habitación o me habría mandado callar con alguna bordería premium.

Lo miro mejor. Y ahí está otra vez. La cara rara. La de estos días. Como si tuviera algo enorme metido en la cabeza. Como si estuviera cansado, pero de dentro. Y no sé por qué eso me pincha un poquito donde sea que la gente normal siente cosas profundas.

Frunzo un poco el ceño.

-Brad.

-Qué.

Esta vez no bromeo.

-¿Qué te pasa?

Se queda quieto un segundo.

Nada dramático. Nada enorme. Solo quieto. Como si la pregunta pesara demasiado.

-Nada.

Ajá. Otra vez la palabrita.

Lo señalo.

-Mentira sospechosa, detectada por enésima vez.

-No.

-Sí.

-No.

-Sí.

Pone los ojos en blanco.

-¿Cinco años tienes?

-Los suficientes para detectar vibes raras.

-Vibes raras... -murmura como si la palabra le doliera.

Me apoyo un poco en la cama.

-Venga ya... -lo miro mejor-. Estás raro desde hace días. Más borde, más callado, más... emo premium.

-No soy emo.

-Ajá, claro.

Se pasa una mano por el pelo.

-Clarissa, no empieces.

Y ahí.

No sé.

Algo me hace callarme un segundo. Porque ya no suena cansado de mí. Suena cansado de todo. Y eso me gusta cero.

Bajo un poco el tono.

-Oye...

Levanta la vista.

-No hace falta que me lo cuentes si no quieres -me encojo de hombros, intentando sonar normal-. Pero... no sé.

Hago un gesto raro con la mano.

-Si estás fatal, puedo hacerte chistes malos terapéuticos.

Silencio. Luego resopla.

-Dios me castiga demasiado.

Abro mucho los ojos.

-¡ESO HA SIDO CASI UNA BROMA!

Y por un segundo. Solo uno. Le veo la boca moverse apenas. Como si quisiera sonreír. Muy poquito. Mini mini.

Vale.

Otra victoria para mi Bradística.



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En el texto hay: secuestro, mafia, humor

Editado: 24.08.2026

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