CLARISSA
Miro a Brad con un mirada de ¿disculpa?, no sé, algo de eso. Había tirado al suelo una caja bastante grandecita y quería saber que contenía, pero por desgracia mi querido Braddie me había interrumpido en la labor.
-¿Puedes bajar de la cama? -me dice mientras se pasa un mano por la cara-. De verdad, ¿tanto te cuesta comportarte como una persona normal y corriente?
Me bajo de la cama, pero no porque me lo haya mandado, sino porque me daba a mi la gana y me acerco a él.
-Querido mío de mi alma -digo poniendo voz y actuando de forma dramática-. Para empezar, yo nunca he sido una persona normal y corriente, yo de toda la vida he sido una persona loquita por la vida -le pongo una mano en el hombro-. Sorry, por si te entras ahora.
Brad me mira. Largo. Mucho rato. Con esa cara de "me arrepiento de cada decisión vital que me ha traído hasta aquí".
-Créeme, princesa. Ya me he dado cuenta.
-Hombre, menos mal -me cruzo de brazos-. Pensaba que eras lento.
-No soy lento.
-Mm... discutible.
Se agacha para recoger la caja del suelo y yo, claramente, intento mirar qué demonios había dentro.
Él lo nota.
-Clarissa.
-¿Qué?
-No.
-¿No qué?
-No metas las narices.
Abro mucho los ojos.
-¡¿Cómo que no meta las narices?! -me llevo una mano al pecho-. Llevo encerrada aquí siglos. Mi entretenimiento ahora mismo es el cotilleo y hablar con el techo.
-Qué vida tan dura.
-No te burles de mi sufrimiento.
Me arrodillo al lado de la caja.
-Un poquito. Solo una miradita.
-No.
-¿Una esquina?
-No.
-¿Un centímetro?
-No.
Resoplo exageradamente.
-Eres un dictador emocional.
-Eso ni siquiera tiene sentido.
-Sí tiene. Todo tiene sentido si lo dices con confianza.
Brad suspira de ese modo suyo que parece significar: "por qué me toca esta persona".
Y, aun así, no me aparta.
Curioso.
Porque normalmente ya me habría echado de la habitación o me habría mandado callar con alguna bordería premium.
Lo miro mejor. Y ahí está otra vez. La cara rara. La de estos días. Como si tuviera algo enorme metido en la cabeza. Como si estuviera cansado, pero de dentro. Y no sé por qué eso me pincha un poquito donde sea que la gente normal siente cosas profundas.
Frunzo un poco el ceño.
-Brad.
-Qué.
Esta vez no bromeo.
-¿Qué te pasa?
Se queda quieto un segundo.
Nada dramático. Nada enorme. Solo quieto. Como si la pregunta pesara demasiado.
-Nada.
Ajá. Otra vez la palabrita.
Lo señalo.
-Mentira sospechosa, detectada por enésima vez.
-No.
-Sí.
-No.
-Sí.
Pone los ojos en blanco.
-¿Cinco años tienes?
-Los suficientes para detectar vibes raras.
-Vibes raras... -murmura como si la palabra le doliera.
Me apoyo un poco en la cama.
-Venga ya... -lo miro mejor-. Estás raro desde hace días. Más borde, más callado, más... emo premium.
-No soy emo.
-Ajá, claro.
Se pasa una mano por el pelo.
-Clarissa, no empieces.
Y ahí.
No sé.
Algo me hace callarme un segundo. Porque ya no suena cansado de mí. Suena cansado de todo. Y eso me gusta cero.
Bajo un poco el tono.
-Oye...
Levanta la vista.
-No hace falta que me lo cuentes si no quieres -me encojo de hombros, intentando sonar normal-. Pero... no sé.
Hago un gesto raro con la mano.
-Si estás fatal, puedo hacerte chistes malos terapéuticos.
Silencio. Luego resopla.
-Dios me castiga demasiado.
Abro mucho los ojos.
-¡ESO HA SIDO CASI UNA BROMA!
Y por un segundo. Solo uno. Le veo la boca moverse apenas. Como si quisiera sonreír. Muy poquito. Mini mini.
Vale.
Otra victoria para mi Bradística.
Editado: 24.08.2026