DAMON
No sé en qué momento se ha vuelto costumbre pensar demasiado.
Antes era fácil.
Hacer cosas. Callar. Seguir órdenes. No mirar atrás.
Ahora no. Ahora miro demasiado. Y lo peor es que no es el trabajo lo que me pesa. Es todo lo demás. Me paso la mano por la cara mientras apoyo el codo en la mesa.
El móvil está ahí, boca abajo. No lo he tocado en un rato.
Malena. No debería llamarla ahora. No debería llamarla nunca, si soy sincero. Pero igualmente cojo el móvil.
Un segundo de duda.
Y la llamo.
Tarda un poco en contestar.
-¡Hola Didi! -dice con alegría a pesar de el confrontamiento que tuvimos el otro día. Y eso, por alguna razón, me molesta un poco.
-¿Estás ocupada? -digo intentando sonar normal.
-Depende del por qué -se ríe un poco.
-Necesito verte -le digo-. Ahora mismo si es posible.
-De acuerdo.
&&&
La veo veinte minutos después.
En el Dalboroque. Es una cafetería acogedor y pequeña.
Ella ya está sentada en una mesa cuando llego. Me mira con una mezcla de alegría y sospecha.
-Hola, Didi.
-Hola, Lena.
Me siento enfrente de ella. Al principio no decimos nada, ni ella ni yo. Y eso es lo malo de Malena, que no llena los silencios por llenar, espera. Y eso, obliga a uno a hablar.
-No sé muy bien como empezar esto... -me rasco la nuca.
Ella, no sonríe, pero me coge de la mano, mostrándome que tengo su apoyo, que se lo puedo contar todo con total confianza. Y todo eso, no me lo merezco nada de nada.
La miro.
-Hay...ciertas cosas que no te estoy contando, Lena...
Hace una mini mueca.
-Eso ya me lo olía yo, Didi.
Resoplo. Claro que lo olía, después de todo siempre que se mencionaba a Clarissa, acababa por contarle alguna que otra cosa o dándole pistas. Menudo imbécil que soy.
-Pues...como sospechas de qué va a ir esta conversación, es sobre Clarissa.
Ahí, su expresión más neutra.
-¿Qué pasa con ella?
Me froto la nuca. No sé si echarme para atrás, porque si le decía la verdad, corría el riesgo de que no me quisiera ver nunca más. Ya basta, Damon, debes ser valiente y si después de contarle todo decide no verte ni hablarte nunca más, que así sea.
-Hace ya como un mes o dos, un compañero de trabajo estaba haciendo un trabajo especial... -trago saliva-. Pues bien, tu querida amiguita estaba allí y tubo que tomar ciertas medidas drásticas.
Paro un poco para beber un poco de mi café.
-Entonces, ahora mi compañero la tiene en un sitio seguro-
-¿¡¿Pero estás bien?!?! -me dice interrumpiéndome de repente.
-Sí, estaba justo por decir eso -me rasco el brazo, algo incómodo por la situación-. Hace las cosas básicas, duerme, come y tiene ropa, así que por eso no te preocupes -me aclaro la garganta-. Pero, ha surgido un pequeño problemilla... -la miro-. Mi padre, es el jefe de una gran mafia...
-¡¡¡ESPERA!!! -me pone una mano en la boca y baja el volumen de su voz-. ¿¡¿ME ESTÁS DICIENDO QUE ERES PARTE DE UNA MALDITA MAFIA?!?
-Sip.
-¡Ay la hostia! -me mira asombrada-. ¿Por qué nunca me lo dijiste?
-Pues por temor a que me vieras como alguien peligroso o yo que sé, es algo que les pasa a los niños como yo, además, temía que dejaras de ser mi mejor amiga...
-Eres tonto, Didi -me sonríe por primera vez en todo el día-. Nunca dejaré de ser tu mejor amiga, bobo.
Le sonrío.
-Bueno, volviendo al tema -la miro serio de nuevo-. Como te decía, mi padre es un jefe de la mafia y todo eso, pues bien, se ha enterado de que Clarissa estaba presente ese día y quiere que la elimine.
Se le borra la sonrisa y todo rastro de calidez de la cara.
-Está en peligro, ¿no?
No respondo al instante.
-Sí.
Me coge de la mano.
-No la vas a matar, ¿verdad?
Aprieto la mandíbula.
-Estoy pensando en qué hacer -le pongo un dedo en la boca antes de que salte-. Porque esto no es tan sencillo como oponerme a la orden de mi padre, porque si no la mato yo, lo hará otro.
Nos quedamos un rato en silencio, sin saber qué hacer y qué decir.
-¿Puedo hacer algo para ayudar?
-No, mientras menos sepas y menos te metas mejor -le digo sin admitir discusión.
No dice nada, pero sé que no está conforme.
Después de eso, nos terminamos nuestras bebidas y salimos de la cafetería.
-Adiós, Didi.
-Adiós, Lena.
&&&
Llego a casa cansado, pero no me puedo dar el lujo de descansar, no cuando ahora mi cabeza está llena de cosas, entre ellas y la más destacada es Malena. Así que para intentar despejarme voy a entrenar un rato.
&&&
Llego a la sala de entrenamiento y me pongo a hacer boxeo, le aporreo al saco con toda la puta fuerza que le puedo dar para desquitarme.
-Con que estabas aquí, D -dice Simon sonriendo mientras camina hacia mi.
Paro de aporrear al saco y lo miro.
-Hola, enano.
-No me llames, enano -dice mientras hace un puchero.
-Te lo llamaré siempre -le saco la lengua-. ¿A qué has venido?
-A decirte que ya está la cena.
-Ok, diles que ahora voy, me ducho y eso.
-Valee.
Editado: 24.08.2026