No me llames princesa (1)

Capítulo 40

BRAD

No sé en qué momento mi vida se convirtió en una mala broma.

Una de esas largas. Pesadas. De las que no hacen gracia a nadie.

Me apoyo un segundo en la encimera de la cocina mientras miro el café enfriarse.

No tengo hambre. No tengo sueño. No tengo paciencia. Perfecto.

Damon está raro. Yo estoy raro. Clarissa está... bueno, Clarissa sigue siendo Clarissa. Como si el universo no estuviera planeando joderlo todo.

Me paso una mano por la cara.

La conversación de hace unos días vuelve sola.

"Si no la mato yo, lo hará otro."

Aprieto la mandíbula.

Qué asco me da esa frase. Porque es verdad. Porque llevo días dándole vueltas. Porque, por primera vez en mucho tiempo, no tengo ni puta idea de qué hacer.

Subo la vista hacia el techo. Arriba. Está ella. Probablemente haciendo alguna estupidez. O hablando sola. O insultando objetos domésticos.

Resoplo.

Y, aun así, noto algo raro en el pecho cuando pienso que está ahí. Segura. De momento.

Cojo una taza.Luego otra.

Ni siquiera sé por qué. Solo lo hago.

Rutina. Supongo. O costumbre. O una excusa para no pensar demasiado.

Subo.

No llamo. Entro directamente. Error. Muy grave.

Porque me encuentro a Clarissa sentada en el suelo.

Rodeada de cosas.

Mi armario abierto. Papeles. Sudaderas. Una manta.

Y—¿una linterna?

La miro. Ella me mira.

Levanta una mano.

-Hola.

Parpadeo lento.

-...¿Qué coño haces?

Señala el suelo como si fuera obvio.

-Sobreviviendo.

-No.

-Sí.

Camino despacio hacia ella.

-¿Por qué mi habitación parece un documental de supervivencia?

Clarissa suspira exageradamente.

-Brad, necesito decirte algo importante.

Eso ya me da mala espina.

Cruzo los brazos.

-Habla.

Se pone seria. Demasiado seria.

-He llegado a una conclusión.

No me gusta el tono.

-¿Cuál?

Que se ha vuelto loca del todo.

Que intenta escaparse.

Que—

-Creo que, si llega un apocalipsis zombi, tú durarías bastante.

La miro. Largo rato. Muy largo.

-...¿Perdón?

-Se nota muchísimo que eres de esos intensitos preparados para el caos. Tienes mantas, cajas raras, herramientas, cara de trauma...

Parpadeo.

-Cara de trauma.

-Sí.

Señala mi cara.

-Esa.

Me llevo una mano a la frente.

Dios.

Dios dame paciencia.

-No tengo cara de trauma.

-Tienes cara de "no he abrazado una emoción desde 2017".

La miro mal.

Ella sonríe. Muchísimo. Demasiado.

Y, sin querer, algo me tira un poco de la boca.

Mini. Muy mini.

Lo nota. Obviamente lo nota.

-¡EH! -me señala como si hubiera descubierto vida extraterrestre-. ¡Eso era una sonrisa!

-Se te está yendo la cabeza.

-No, no. La Bradística confirma progreso emocional.

Pongo los ojos en blanco.

-¿Puedes dejar de inventarte ciencias?

-No. Estoy revolucionando el mundo académico.

Resoplo.

Y, por un momento, casi funciona. Casi. Hasta que vuelve. La idea. La realidad. La puta realidad. Porque mientras ella habla de zombis y teorías absurdas... Hay gente que podría entrar por esa puerta y matarla.

El estómago se me tensa. Mucho.

Ella sigue hablando.

-No, porque escucha: si hubiera un asesinato misterioso, tú serías sospechoso número uno. Vas vestido de negro, das miedo y tienes vib—

Me callo sin pensar.

Le agarro suavemente la muñeca.

Demasiado rápido. Demasiado fuerte. Ella se queda quieta. Yo también.

Mierda.

-Brad... -frunce un poco el ceño-. ¿Qué pasa?

Nada. Todo. La suelto enseguida y aparto la mirada.

-Nada.

Claro. Otra vez. Su palabra favorita. La mía.

Ella se levanta despacio. Ya no parece tan de broma.

-Oye.

No respondo.

-En serio.

Levanto la vista.

Y ahí está otra vez esa cara suya. La de cuando deja de hacer el idiota cinco minutos y parece ver demasiado.

-Me estás empezando a preocupar.

Qué mala costumbre tiene. La de preocuparse. La de mirar demasiado. La de importarme más de lo que debería.

Aprieto la mandíbula.

-No pasa nada.

-Mentira.

-Clarissa.

-No, Brad. En serio.

Da un paso. Luego otro. Muy cerca. Otra vez demasiado cerca.

-¿He hecho algo?

Y esa pregunta...esa sí que me jode.

Porque no. No ha hecho nada. Ese es precisamente el problema. La miro un segundo más de lo necesario.

Luego aparto la vista.

-No.

La voz me sale más baja.

-Muy al contrario.

Ella frunce el ceño.

-¿Eso qué significa?

Mierda. Demasiado.

-He dicho una cosa normal y ya te emocionas.

Intento sonar seco. Me sale fatal. Clarissa me mira raro. Muy raro. Como si estuviera montando piezas en la cabeza. Y eso me pone nervioso. Muchísimo.

-Vístete -digo al final-. Vamos a bajar.

Parpadea.

-¿Otra excursión premium?

-Sí.

Sonríe al instante.

-¡Bradística aplicada! Cada vez me quieres menos secuestrada.

Cierro los ojos un segundo. Qué desastre.

Porque lo peor...es que ya ni siquiera sé si está equivocada.



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En el texto hay: secuestro, mafia, humor

Editado: 24.08.2026

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