CLARISSA
Brad ya se había ido hace un rato, la verdad es que su actitud antes de pirarse había sido un tanto extraña la verdad. Últimamente me está empezando a preocupar...
Me levanto de la cama y guardo todos los cachivaches que había sacado del kit de supervivencia de Braddie. Cuando termino me levanto.
-A eso se le llama una buena sesión de ejercicio -me sentía orgullosa de mi misma después de recolocar las cosas.
Me paseo por el cuarto.
-La verdad si a Braddie le pasara algo me sentiría algo mal... -me paro en seco-. No, no, no. Ni de coña. Clarissa Castellón Montijo, ni de puta coña estás sintiendo compasión por Don Secuestrador -me quedo de pie, pasmada por la cosa que había supuesto mi subconciente sobre Brad. Le podrían mandar a hacer puñetas y yo seguiría mi vida tranquilamente. Creo. Espero. Bueno... no sé.
Me vuelvo a mover, intento pensar en otra cosa, pero por desgracia y como siempre, mi mente era una mierda en ciertos momentos, porque mi cerebro, claramente traidor, decidió ponerse a pensar en Brad. En su voz. En esa cara de señor enfadado permanente. En sus mini sonrisas estúpidas. En—
No. Qué asco.
-Esto es impresionante... -me tapo la cara con las manos y me tiro a la cama.
Mi querido techito. Mi compañero de traumas.
-Mira... -le señalo como si pudiera juzgarme-. Tú no vas a decir nada de esto.
El techo, sorprendentemente, no opina.
-Bien.
Cruzo los brazos sobre el pecho. Vale.
Situación actual: Mi secuestrador está raro. Yo estoy empezando a pensar demasiado en mi secuestrador. Y eso, sinceramente, me parece una falta de respeto hacia mi estabilidad mental.
Resoplo.
-No, no, no. Esto tiene explicación lógica.
Levanto un dedo.
-Teoría número uno: síndrome de Estocolmo.
Otro dedo.
-Teoría número dos: llevo demasiado tiempo encerrada y el cerebro ha decidido sabotearme.
Otro dedo.
-Teoría número tres...
Me quedo callada. Porque qué asco. Qué asco la teoría número tres. Que quizá no sea solo costumbre. Que quizá me importe.
Me giro rápido hacia un lado.
-No. Ni de broma.
Silencio.
Luego frunzo el ceño.
Aunque...algo sí me preocupa.
No lo de "ay pobrecito Brad", porque tampoco dramaticemos.
Es esa cara. La cara rara. La de estos días. Como si estuviera esperando algo malo. Como si estuviera cansado de dentro.
Como si—
Me incorporo de golpe. Vale. No. No me gusta esto.
Porque una cosa es que Brad sea un emo premium con problemas de gestión emocional. Otra es que parezca protagonista de película a punto de hacer algo muy estúpido. Y eso me da mal rollo. Mucho.
&&&
Brad aparece un rato después.
Ni siquiera llama. La puerta se abre y ahí está. Cara de funeral emocional premium incluida.
Me incorporo un poco.
-Hombre. El emo ejecutivo ha regresado.
Él me mira.
-Vamos.
Parpadeo.
-¿Hola? ¿Qué tal? ¿Cómo estás, Clarissa preciosa, luz de mis ojos?
-No abuses de la imaginación.
Me levanto igualmente.
-Qué borde eres. Yo habría preguntado mínimo si sigo viva.
-Lo comprobé al entrar. Desgraciadamente sí.
-Absolutamente enamorado de mí.
Pone los ojos en blanco.
-Vamos al baño.
Lo miro.
Luego entrecierro los ojos.
-¿Perdón?
-A ducharte.
Abro mucho los ojos.
-Ah. Vale. Porque durante dos segundos eso ha sonado rarísimo.
-No todo gira alrededor de tus dramas mentales.
-Uf, menos mal.
Lo sigo por el pasillo.
Y ahí está otra vez. Ese algo raro.
Va callado. Más de la cuenta. Hombros tensos. Como si estuviera pensando demasiado. Como si caminara pero tuviera la cabeza en otro sitio.
No me gusta. O sea. No me gusta porque el ambiente se pone raro. Obviamente. Nada más.
Entramos al baño.
Brad me deja ropa limpia encima del lavabo.
-Tienes veinte minutos.
-¿Cronometrados?
-Sí.
-Qué agobio. Mi secuestrador resulta ser además controlador del tiempo. Fatal servicio.
Nada. Ni mini sonrisa. Vale. Confirmado. Está fatal fatal.
Cruzo los brazos.
-Oye.
-Qué.
Lo miro mejor.
-Mira que eres un borde profesional, pero estás como... apagado.
Aprieta un poco la mandíbula.
-No empieces.
-No estoy empezando.
Levanto una mano.
-Estoy siendo una ciudadana preocupada.
-No necesito ciudadanía emocional.
-Bueno, pues yo la doy gratis.
Silencio.
Me apoyo un poco en el lavabo.
-Vale, pregunta rápida.
No responde.
-¿Te persigue Hacienda?
Nada.
-¿Has matado accidentalmente al presidente?
Nada.
-¿Te has dado cuenta de que en realidad me echarías muchísimo de menos?
Ahí sí. Muy poquito. Muy mini. La comisura le tiembla apenas.
-Dúchate, Clarissa.
Lo señalo.
-¡ESO ERA CASI UNA SONRISA!
-Cállate.
Pero no suena tan seco. Y eso me hace algo raro. Porque por un segundo parece menos lejos. Solo un poco. Lo suficiente para que se me apriete algo dentro. Qué asco.
Me rasco el brazo.
-Oye... -bajo un poco el tono sin querer-. En serio.
Levanta la vista.
-Si te pasa algo... puedes decirlo.
Silencio. Largo. Raro.
Como si hubiera dicho algo demasiado grande sin querer.
Brad aparta la mirada primero.
-Dúchate.
Ajá.
Otra vez huyendo. Pero esta vez, no sé. Esta vez me preocupa un poco más. Y odio muchísimo eso.
Editado: 24.08.2026