DAMON
No me gusta este tipo de encargos.
Y no porque me dé pena la persona. Ni de cerca.
El problema es otro. Es que me obligan a pensar demasiado.
La nave industrial huele a humedad, metal viejo y algo agrio que prefiero no identificar. La luz parpadea arriba como si también estuviera cansada de existir.
Perfecto ambiente deprimente. Muy nosotros.
Me apoyo un segundo contra una mesa metálica mientras lo observo.
Está sentado delante de mí. O lo que queda de la imagen pública de alguien importante.
Hace años salía en televisión. Trajes caros. Sonrisas medidas. Voz de hombre respetable.
Político famoso. Mucho dinero. Mucha influencia.
Hasta que salió todo.
Más de veinte chicas. Menores.
Historias enterradas. Silenciadas. Amenazas. Dinero. Poder.
Y luego cárcel. La justicia hizo una parte.
Mi familia, aparentemente, quería encargarse del resto.
Qué bonito.
El hombre levanta la vista hacia mí.
Tiene miedo. Bien. No me inspira nada. Ni satisfacción. Ni rabia. Ni justicia divina. Solo cansancio.
Porque últimamente todo me cansa.
Todo.
Me paso una mano por la nuca.
-¿No vas a decir nada? -pregunta con voz rota.
Lo miro unos segundos.
-¿Quieres conversación?
Silencio.
Aparta la vista primero.
Claro. La gente habla mucho hasta que deja de sentirse poderosa.
Camino despacio por la habitación.
No tengo prisa.
No pienso demasiado en lo que estoy haciendo. Nunca lo hago. Si piensas demasiado, empiezas a preguntarte cosas. Y si preguntas demasiado, acabas jodido.
Aprendido desde pequeño.
Pero hoy...
Hoy la cabeza va sola.
Malena.
Joder.
Aprieto un poco la mandíbula.
La cafetería.
Su cara cuando le conté parte de la verdad.
Ese:
"Nunca dejaré de ser tu mejor amiga, bobo."
Idiota.
Se me escapa aire por la nariz.
Y eso me mosquea. Porque debería estar concentrado. No pensando en Lena.Ni en cómo me agarró la mano. Ni en cómo me miró como si todavía hubiera algo bueno que salvar. Qué mala costumbre tiene.
El hombre vuelve a hablar.
-¿Quién te manda?
No respondo.
-¿Tu padre? ¿Algún enemigo político?
Resoplo.
Qué pesado.
Miro el reloj.
Quiero irme. Quiero entrenar. Dormir. No pensar. Quiero dejar de tener la cabeza llena de gente.
Brad rayado. Clarissa siendo un problema con piernas. Malena existiendo demasiado fuerte dentro de mi cabeza. Y mi padre ahí, como una bomba con patas.
Fantástico.
El móvil vibra en mi bolsillo. Una vez. Luego otra. Brad. Claro. Siempre oportunísimo.
No lo cojo. Aún.
Cierro los ojos un segundo. Solo uno. El cansancio me pesa raro. No físico. De dentro. Como si algo estuviera empezando a romperse lentamente. O cambiar. No sé qué palabra me gusta menos.
Abro los ojos otra vez.
-¿Sabes qué es lo peor? -dice el hombre de repente.
Lo miro.
-No.
-Que todos fingían no verlo.
Silencio.
Y por primera vez en toda la noche, algo me resulta desagradable de verdad.
No por él. Por lo que dice. Porque igual tiene razón. La gente mira hacia otro lado muchísimo. Con monstruos. Con familias. Con cosas rotas. Con padres.
Aprieto la mandíbula.
Mi padre aparece en mi cabeza sin permiso.
Sebastián.
Su voz. Sus órdenes. Su forma de decidir vidas ajenas como si fueran papeles.
Qué asco.
Me doy la vuelta hacia la salida. Ya no quiero estar aquí.
-¿Me vas a dejar aquí? -pregunta el hombre, nervioso.
Me detengo un segundo.
-No.
Pero tampoco añado nada más. Porque no tengo ganas de hablar. Ni de explicarme. Ni de existir demasiado hoy.
Saco el móvil. Marco un número. Brad contesta rápido.
-¿Qué?
Resoplo.
-Tenemos que hablar.
Porque algo me dice...Que el tiempo se nos está acabando.
Editado: 24.08.2026