BRAD
-¿Qué?
Me apoyo contra la encimera mientras miro el café frío delante de mí. Lleva ahí demasiado rato. Como yo.
La voz de Damon tarda un segundo en llegar.
-Tenemos que hablar.
Frunzo el ceño.
-Eso ya lo has dicho.
-Y tú sigues siendo igual de insoportable, veo.
-Ve al grano.
Escucho cómo resopla al otro lado. Raro. Damon normalmente no resopla.
Damon suele hablar, decidir cosas y hacerme sentir que soy yo el dramático. Así que ya empezamos mal.
-Mi padre está apretando demasiado -dice al final-. Y esto no va a quedarse quieto mucho más tiempo.
Aprieto un poco la mandíbula.
Genial. Mi tema favorito.
-Ya.
-Y hay otra cosa.
Me quedo quieto. No me gusta el tono.
-¿Qué cosa?
Tarda unos segundos.
-Creo que voy a hablar con mi madre.
Parpadeo.
-¿Pamela?
-No conozco muchas más madres, Brad.
-No te pongas gracioso.
Se oye un ruido metálico al otro lado. Como si hubiera dejado algo encima de una mesa.
-Lleva tiempo soltando indirectas -dice-. Tú ya lo sabes.
Sí. Claro que lo sé. Pamela nunca decía las cosas directamente. No hacía falta.
Miradas largas. Frases raras.
Comentarios tipo: "Algunas personas hacen daño demasiado tiempo." "A veces alguien tiene que parar ciertas cosas."
Y luego esa mirada a sus hijos. Muy sutil todo. Muy familia funcional.
Me froto la mandíbula.
-¿Estás diciendo lo que creo?
-Estoy diciendo que igual ya no somos los únicos cansados de Sebastián.
Eso me deja callado un momento. Porque no me sorprende.
Pero aun así...
Joder.
-¿Y qué quieres hacer?
-Hablar primero. Ver qué piensa. Ver hasta dónde llega.
-Suena peligrosamente razonable para ti.
-No te acostumbres.
Resoplo.
Miro hacia arriba. Hacia el techo. Hacia el problema con piernas.
-Vale. Ven a casa.
-Voy para allá.
-Trae cerveza.
-Púdrete.
Me cuelga.
Perfecto. Me paso una mano por el pelo. La cabeza ya va demasiado rápido. Sebastián. Pamela. Clarissa. El tiempo. Todo junto. Qué maravilla.
Subo las escaleras.
Y entonces escucho un golpe. Luego otro.
Luego algo parecido a un:
-¡NOOOO, VUELVE!
Cierro los ojos.
No. No. Por favor no.
Abro la puerta.
Y me quedo quieto. Muy quieto.
Porque Clarissa está subida ENCIMA de la cómoda.
Encima. De pie. Con una manta atada al cuello. Una cuchara de madera en la mano. Y un calcetín colgando sospechosamente de la lámpara.
La miro. Ella me mira.
Levanta la cuchara.
-Antes de que hables...
Señala el techo.
-No es lo que parece.
Parpadeo lento. Muy lento.
-¿Qué coño haces?
-Una misión de alto riesgo.
La miro mejor. Luego al calcetín. Luego otra vez a ella.
-¿Por qué hay un calcetín en mi lámpara?
Se lleva una mano al pecho.
-Porque estaba MUY arriba.
-Eso no responde a nada.
-Exacto.
Me paso una mano por la cara.
Dios.
Dios.
Dame paciencia.
-Bájate ahora mismo.
-No puedo.
Frunzo el ceño.
-¿Cómo que no puedes?
Mira hacia abajo. Luego me mira.
-Porque ahora me da un poco de miedo bajar.
La observo un momento. Increíble. Simplemente increíble.
-Clarissa.
-¿Sí?
-Eres la persona más problemática que he conocido nunca.
Sonríe. Muchísimo.
-Ay, gracias.
-No era un cumplido.
-Yo decido que sí.
Camino hasta la cómoda.
-Ven.
Me mira raro.
-¿Me vas a dejar caer?
-Estoy considerando seriamente la opción.
-Brad.
-Clarissa.
Se cruza de brazos. O lo intenta. La manta casi se le cae.
-No me mires así.
-¿Así cómo?
-Como si fueras un padre decepcionado.
Resoplo por la nariz. Muy poquito. Casi una risa. Casi.
-Baja de una vez.
Me mira unos segundos. Luego suspira exageradamente.
-Vale. Pero si me muero, quiero que quede claro que fue culpa del sistema.
-El sistema eres tú.
Da un paso. Se tambalea un poco. Y, antes de pensarlo demasiado, le agarro la cintura para bajarla. Muy rápido. Demasiado natural. Ella se queda quieta un segundo. Yo también.
Mierda.
La dejo en el suelo enseguida.
-Gracias -dice, sorprendentemente normal.
-No vuelvas a hacer eso.
-No prometo nada.
Claro. Obviamente.
Miro la manta. La cuchara. El calcetín criminal.
-¿Puedo preguntar qué demonios era esto?
Se pone muy seria. Demasiado seria.
-Operación rescate.
-...
-El calcetín se quedó atrapado en una expedición científica.
La miro largo.
-Tu cerebro me preocupa.
-El tuyo me preocupa más. Tienes cara de trauma premium otra vez.
Ahí. Otra vez eso. La palabra. La cara. La preocupación rara.
Aprieto un poco la mandíbula.
-Voy a estar ocupado un rato.
Frunce el ceño.
-¿Todo bien?
No respondo enseguida.
Porque, por alguna razón, mentirle últimamente me pesa más.
-No lo sé.
Y eso...eso hace que ella deje de sonreír un poco. Solo un poco
Editado: 24.08.2026