DAMON
El pitido de la llamada terminada dura medio segundo.
Luego nada.
Miro al hombre. Él me mira.
Sigue atado a la silla. Temblando un poco. Mucho menos importante de lo que fue un día. Qué cosas.
La nave sigue oliendo fatal. Metal. Humedad. Algo podrido.
La luz parpadea arriba otra vez. Qué ambiente tan acogedor.
El hombre traga saliva.
-¿Qué... qué va a pasar ahora?
Resoplo.
Buena pregunta.
Me acerco despacio.
-No te va a gustar la respuesta.
Retrocede lo poco que puede.
-Mira, yo-
No le dejo terminar. Cojo la barra metálica apoyada en la mesa. Pesada. Fría. La giro una vez entre los dedos. Ni rabia. Ni satisfacción. Solo cansancio. Muchísimo cansancio.
Porque ya ni siquiera sé si me molesta hacer estas cosas o me molesta seguir haciéndolas sin sentir gran cosa.
El hombre abre mucho los ojos.
-Espera, por fav-
El golpe suena seco. Fuerte. Un solo movimiento. Silencio. La barra cae al suelo unos segundos después.
Me paso una mano por la cara.
-Menuda mierda...
No me quedo mirando. Nunca lo hago. Cojo las llaves. Salgo. El aire de fuera pega frío. Bien. Me despeja un poco. Solo un poco.
Subo al coche. Arranco.
Y a los tres minutos me acuerdo de algo. Cerveza. Brad.
"Trae cerveza."
Resoplo.
-Ni de coña.
&&&
Cinco minutos después estoy aparcando delante de una tienda.
Durante diez minutos considero seriamente no comprarla.
Solo por tocar las narices.
Al final entro.
Cojo un pack cualquiera.
El dependiente me mira raro. Yo lo miro peor.
Se acaba rápido la conversación no verbal.
Cuando vuelvo al coche, dejo las cervezas en el asiento del copiloto.
-Menudo consentido estás hecho...
Aunque tampoco es por él. Bueno. Un poco sí. Porque Brad está fatal. Y cuando Brad está fatal, normalmente significa que algo muy malo se acerca.
Conduzco el resto del camino sin música. No me apetece. La cabeza ya hace suficiente ruido sola. Malena. Mi padre. Brad. Clarissa. Joder, Clarissa. Ni siquiera es mi problema y aun así se ha convertido en un problema global. La niña parece un accidente de tráfico emocional. Un segundo estás bien. Al siguiente te está gritando teorías absurdas mientras Brad parece a dos pasos de una crisis nerviosa.
Se me escapa aire por la nariz.
Muy poco. Muy mini. Porque sí. Brad está jodidísimo. Ni siquiera hace falta que lo admita. Se le ve en la cara. En cómo habla de ella sin hablar de ella.
&&&
Aparco y cojo las cervezas del asiento del copiloto.
Me acerco a la puerta y cuando estoy en frente de ella, llamo.
Brad abre rápido y con cara de mala uva.
-Buenas tardes a ti también -digo entrando.
-No empieces.
Levanto la bolsa.
-Te traje tu premio por existir.
Mira las cervezas.
-Creía que ibas a hacerte el gracioso y no traerlas.
-Lo pensé.
Entramos en la cocina.
Nos bebemos ambos una cerveza y cuando me quiero dar cuenta Brad abre otra cerveza. La segunda en menos de cinco minutos.
-Bueno... -digo-. ¿Qué tal la princesa?
Brad me mira con cara de pocos amigos.
-¿Qué? -le digo burlón-. ¿Te ha molestado que la llame princesa?
Tarda en responder, eso ya es buena señal o mala, no sé.
-Sí -dice al final.
-Umm.
-Ni umm ni amm.
-Lo que tú digas, Bradley.
Me fulmina con la mirada, después da otro sorbo.
-¿Te ha líado alguna? -le pregunto-. Porque menuda cara que tienes, tío. Parece que no has dormido en días.
Hace una mueca.
-Más o menos.
-Define mejor eso -le digo levantando la cerveza.
-Ayer estaba encima de una cómoda, con una manta alrededor suya y en una misión de rescate de un calcetín en una lámpara -me mira con una cara de amargado de la vida, que me hace tanta gracia que me quiero reír, pero no lo hago por...yo qué sé.
-Joder, tío. ¿Cómo sobrevives con tremenda loca?
-Sinceramente, no lo sé -dice pasándose una mano por la cara, luego me mira mientras da otro trago-. ¿Y tú con Malena?
Me atraganto.
-¿Yo?
-Sí, tú, pequeño mafiosillo -me dice burlón.
-No me llames pequeño mafiosillo.
-Sí lo haré -se ríe, y solo por escucharle reír por primera vez desde hace mucho tiempo, le permito llamarme así aunque sea solo por hoy-. Bueno, no te desvíes del tema, que nos conocemos.
-Bueno... -me froto las manos nervioso-. Esto puede que no te guste mucho pero...emm...el otro día, fui a su casa y...
-¿Te la tiraste? -me dice Brad tan intrigado como si estuviera en una peli, creo, porque esa es la impresión que da.
-¡NO! -digo negando efusivamente de todas las maneras posibles.
-Vaya, que pena, bueno sigue.
-Y...le conté que tenemos a Clarissa...y algún que otro detallito... -le miro y él me está mirando con los ojos salidos de cuencas, como un pez globo cuando se hincha-. ¡Pero no le he dicho tú nombre!, solo te mencioné como compañero...
Antes de que me pudiera replicar nada, se oye un estruendo arriba y ambos miramos ak techo, luego nos giramos para vernos las caras al mismo tiempo, como si hubieras activado el Blutu.
-Hostias... -dice Brad.
-¿Qué pasa?
-Se me ha olvidado encerrarla...
Después de pronunciar eso, aparece Clarissa bajando por las escaleras como una loca, en todos los sentidos, estaba cubierta con una manta y dando vueltas mientras bajaba las escaleras. Cuando llega hasta donde estamos nosotros para y tiene el pelo más desordenado de lo que hubiera podido imaginar a una persona y la cara de la más absoluta felicidad. Empiezo a preguntarme si Clarissa siempre fue así o si el cautiverio le ha desbloqueado una personalidad nueva.
-¡BRADDIEEEEEEE! -se acerca a Brad muy contenta y le abraza, a lo que él se tensa como un palo y yo me los quedo mirando con la boca abierta, pero la cierro rápidamente, porque casi se me escapa una puta carcajada, adoraba en sus momentos a esta chica.
Editado: 24.08.2026