DAMON
Salir de casa de Brad siempre me deja una sensación rara.
Como si acabara de sobrevivir a una discusión rara, una comedia absurda y una crisis existencial colectiva al mismo tiempo.
Cierro la puerta del coche y dejo caer la cabeza un segundo contra el respaldo.
Silencio.
Por fin.
Bueno. No realmente.
Porque mi cabeza no se calla ni aunque le paguen.
Brad está jodido. Muy jodido.
Y lo peor es que ni siquiera hace falta ser inteligente para verlo. Se le nota en la cara. En cómo habla de Clarissa sin hablar de Clarissa. En cómo deja que exista dentro de su casa sin perder completamente la cabeza.
Aunque honestamente...
No sé cómo sigue cuerdo.
La chica es un desastre con patas.
Un accidente doméstico emocional.
Un minuto está haciendo teorías absurdas sobre sentimientos y al siguiente parece notar cosas que nadie debería notar.
"¿Te pasa algo?"
"Me estás empezando a preocupar."
Resoplo mientras arranco el coche.
Pobre Brad. Está perdidísimo.
Y luego estoy yo. Fantástico. Yo tampoco puedo hablar mucho.
Porque, aparentemente, mi cerebro ha decidido obsesionarse con una chica que me agarra de la mano mientras le cuento que pertenezco a una mafia.
Qué experiencia tan romántica.
Aprieto un poco la mandíbula.
Lena.
Joder.
Se me aparece la imagen sola.
Su cara cuando le dije la verdad.
El susto.
La preocupación.
Y aun así: "Nunca dejaré de ser tu mejor amiga, bobo."
Idiota. Muy idiota.
¿Por qué tiene que ser tan buena?
¿Por qué no salió corriendo?
¿Por qué sigue mirándome como si todavía hubiera algo salvable?
El volante cruje un poco bajo mis dedos.
Porque lo peor es que ya ni siquiera sé qué me asusta más.
Mi padre. O empezar a necesitar demasiado a ciertas personas.
&&&
Aparco en el garaje de mi casa, bajo del coche y me acerco a la entrada.
-Buenas noche, señortio Damon -me dice Max, el guardia que mejor me cae de todos los que hay.
-Buenas noches, Max -le saludo-. ¿Me dejas pasar por favor?
-Claro, es su casa al fin y al cabo -después de eso, me abre la puerta y entre.
Oigo el sonido de la puerta cerrándose detrás de mi.
Avanzo por el vestíbulo hasta llegar a la cocina. Me acerco a un armario y cojo un vaso que relleno con agua fría.
-¡Hola, D! -me saluda Simon mientras entra a la cocina.
-Hola, enano -le digo sonriendo.
-¡Te he dicho que no me llames enano! -dice haciendo un puchero, aunque en el fondo yo sé que le gusta que le llame así.
-Si, si..lo que tú digas, enano -doy un trago al agua.
Me mira enfadado, pero puedo atisbar una pizca de diversión en sus ojos.
-¿Dónde has estado?
-En casa de Brad.
-¿Has ido a ver a Bradzilla?
-Sip.
-¿Y por qué no me has avisado? Hace mucho tiempo que no lo veo y más, teniendo en cuenta que ya casi no se pasa por aquí...
Cada vez que usaba Bradzilla para referirse a Brad, me partía de la risa por dentro.
-Lo siento, enano. La próxima te aviso -le guiño el ojo.
-Más te vale -me dice con un dedo acusatorio.
-¿Has terminado los deberes que te han mandado?
-Ups...
-Anda, tira a hacerlos.
-Vaaaleee... -se da la vuelta y se va.
Me termino de beber el vaso de agua y lo meto al lavavajillas.
Ahora, tocaba ir a hablar con mi madre. Necesitaba confirmar si las indirectas que nos daba y nos sigue dando a veces a Clark, Simon y a mí son reales o alguna causa rara de mi cerebro.
&&&
Estoy delante de su despacho. Las manos me sudan más de lo que me gustaría admitir. No sé por qué estoy nervioso. Bueno... sí lo sé. Y ese es exactamente el problema.
El sonido es seco. Demasiado pequeño para todo lo que estoy a punto de decir.
Toc toc toc.
-Adelante -responde la voz de mi madre.
Serena, controlada, calmada, en fin, como siempre.
-Hola, madre.
Cierro la puerta.
El despacho está ordenado,como era de esperar, siendo mi madre la que lo ocupa.
-Hola, hijo - dice con calma, señalando la silla frente a ella - Siéntate.
Obedezco.
Me siento y trago saliva.
-¿Qué te trae por aquí?
Su tono no cambia. Ni un milímetro. Pero me está observando demasiado bien. Y eso me pone más nervioso. Me rasco la nuca.
-Pues... quería hablarte de una cosa.
Carraspeo.
-Vale... he venido porque Brad y yo estamos... - exhalo aire - digamos que estamos pensando en quitarnos de en medio a padre.
La digo mirándola directamente. Sin rodeos. Como si decirlo rápido lo hiciera menos real.
No reacciona de inmediato. Y eso es peor que cualquier reacción. Se inclina ligeramente hacia delante, apoyando los codos sobre la mesa. Me observa. Como si estuviera decidiendo si esto es una conversación... o un punto de no retorno.
Yo me quedo completamente recto en la silla. Demasiado recto.
-Y... - continúo, forzando la voz - me preguntaba si tú estarías dispuesta a ayudarnos con esto.
Termino. Y ahora sí. Silencio total. El tipo de silencio que no es vacío. Es pesado.
Ella se mueve por fin. Se recuesta un poco, como si estuviera acomodando una idea dentro de la cabeza.
-Hijo...
Trago saliva.
-No sabes las ganas que tenía de que me dijeras eso.
Parpadeo. Eso no era lo que esperaba. Ni de lejos.
Sigue hablando, tranquila, como si estuviera comentando el clima.
-Ya he tratado este tema con Clark. Él está de acuerdo.
Una pausa mínima.
-A Simon se lo insinué... y me dejó claro que no le importaba.
Se le escapa una leve sonrisa.
-Así que solo quedabas tú.
Me recuesto un poco en la silla sin darme cuenta. La tensión en mis hombros empieza a aflojarse. Demasiado tarde me doy cuenta de que la estaba aguantando.
Ella se inclina otra vez hacia atrás, relajada.
Editado: 24.08.2026