No me llames princesa (1)

Capítulo 49

MALENA

El despertador rompe el silencio demasiado pronto.

Un pitido seco, injusto, que no encaja con la calma de la casa.

Me quedo un segundo mirando el techo, parpadeando lento, mientras desde la ventana entra una luz suave de mañana y se cuela el sonido de los pájaros. Demasiado alegres. Demasiado vivos para la hora que es.

Resoplo.

Me incorporo con desgana, como si el cuerpo pesara el doble, y aparto las sábanas con la sensación de estar negociando con la gravedad.

El suelo está frío cuando lo piso.

Camino hasta el armario casi sin pensar. La habitación sigue medio en penumbra, con esa luz rara que tienen las mañanas temprano, como si el mundo aún no hubiera terminado de encenderse del todo.

Abro el armario.

No pienso mucho. Solo elijo. Sobrevivir al día es suficiente planificación por ahora.

Me visto rápido, mecánicamente, mientras el exterior sigue sonando suave: pájaros, algún coche lejano, vida empezando sin mí permiso.

Cuando termino, me miro un segundo en el reflejo.

Lista. O lo más parecido a lista que puedo estar a estas horas.

Mochila al hombro.

Y salgo de la habitación, para bajar las escaleras hacia la cocina.

&&&

-¿Mamá?

Mi voz rebota por el piso vacío.

Silencio.

Suspiro mientras bajo las escaleras, aún medio dormida, arrastrando los pies hasta la cocina.

Pero en lugar de ella, hay una nota encima de la encimera.

La cojo antes incluso de dejar la mochila.

"Buenos días, Mimi. Espero que hayas dormido bien. Hoy he tenido que ir a trabajar temprano, ha llegado un paciente en condiciones graves. Siento no poder estar ahí, cariño. Un beso, que te vaya muy muy bien la uni. Con cariño, mamá."

Me quedo un segundo mirándola. La letra de mi madre siempre me hace lo mismo: parece tranquila incluso cuando tiene prisa.

Dejo la nota en la mesa con cuidado, como si se fuera a romper.

-Mañana otra vez sin mamá... -murmuro.

La cocina está demasiado silenciosa.

Abro la nevera sin mucha gana, la cierro. No me apetece nada.

Al final me preparo algo rápido, más por inercia que por hambre. Me siento un momento, doy un par de bocados sin pensar demasiado y miro el reloj.

Demasiado temprano para tener ganas de existir.

Cuando termino, dejo todo en el lavavajillas.

Me cepillo los dientes, cojo la mochila y antes de salir paso un segundo por la puerta.

La cierro.

Y ya está.

Otro día normal.

&&&

Mientras voy por las calles, paso por delante de una cafetería con un ambiente bastante acogedor.

Oigo decir a alguien:

-¿Un café para Malena?

Paro en seco.

Parpadeo.

Miro hacia dentro.

Una chica sale con un vaso en la mano y, durante un segundo ridículo, absurdamente pequeño, el corazón me hace algo raro.

Porque mi cerebro, claramente imbécil, tarda medio segundo en aceptar que no.

No es Clar.

Ni siquiera se parece.

Pero aun así...

Joder.

Aprieto un poco la correa de la mochila.

Qué mierda.

Antes podía pasar un día sin verla y daba igual. Porque estaba un mensaje de distancia. Una llamada. Un "Leniiiiii, salí del infierno llamado universidad".

Ahora no.

Ahora todo me la recuerda. Una cafetería. Un vestido feo. Un techo. Una palabra mal dicha. Un calcetín abandonado.

Resoplo.

Qué idiota.

Clar probablemente estaría viva perfectamente aunque la encerraran en una torre medieval. Seguro ya habría manipulado al dragón.

Se me escapa una mini sonrisa. Durísima dos segundos. Porque vuelve. La preocupación. Como una cosa fea instalada en el pecho. Porque Damon dijo viva. Pero también dijo peligro. Y esas dos palabras juntas no me gustan ni un poco.

Miro el móvil.

Nada. Ni un mensaje. Obviamente no esperaba uno.

Porque, sorpresa: la mafia probablemente no tiene grupo de WhatsApp llamado "Secuestramos accidentalmente a tu mejor amiga 😘".

Bufo sola.

Una señora me mira raro al pasar.

Perfecto. Ya hablo sola como Clarissa.

Sigo caminando.

Y justo cuando voy a cruzar una calle...

Vibra el móvil.

Me detengo.

Miro la pantalla.

Damon.

Me quedo quieta. Muy quieta.

Porque, sinceramente, no sé si quiero contestar rápido.

O tardar un poco por orgullo. O gritarle. O abrazarlo. O preguntarle si Clar está bien. O preguntarle por qué demonios me importa tanto alguien tan insoportable.

Resoplo.

Idiota.

Pulso responder.

-Hola, mafiosillo.

Al otro lado tarda un segundo.

-Hola, pesada.

Se me escapa aire por la nariz.

Vale. Bien. Sigue siendo insoportable. Eso tranquiliza un poco.

-Qué educado estás hoy.

-Estoy haciendo esfuerzos sobrehumanos.

Pongo los ojos en blanco mientras espero a que el semáforo cambie.

-¿Qué querés?

Porque Damon no llama por llamar. No es Clar. No existe el:

"Leniiiii, escucha esto porque me acaba de pasar una tragedia social."

Él llama cuando algo pasa. Y eso me pone un poco tensa.

Escucho cómo exhala despacio.

-Quería decirte algo antes de que te rayes.

Ajá. Eso ya me gusta regular.

Cruzo la calle.

-Damon.

-Está bien.

Paro de caminar.

Así. De golpe.

Ni siquiera me había dado cuenta de que estaba esperando escuchar eso hasta ahora.

-¿Clar?

-Sí.

Me ajusto mejor la mochila al hombro.

-¿De verdad?

-Sí, Lena. Sigue viva, sigue siendo insoportable y, por desgracia para cierto idiota, ahora parece haber declarado la guerra al piso entero.

Parpadeo.

-...¿Cierto idiota?

Se le escapa aire por la nariz. Muy poco.

-Mi compañero.

Ah. El compañero. El de aquella conversación. El de "está con alguien de confianza".

Frunzo un poco el ceño.

-¿El mismo que estaba con ella ese día?



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En el texto hay: secuestro, mafia, humor

Editado: 24.08.2026

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