No me llames princesa (1)

Capítulo 51

CLARISSA

Hay recuerdos que aparecen sin permiso.

Como los traumas.

O los anuncios de perfumes caros que nadie entiende.

O Malena.

Porque, sinceramente, no sé qué demonios tiene mi cerebro últimamente, pero le ha dado fuerte con ponerme recuerdos de Leni cuando menos me lo espero.

Tipo ahora.

Porque estoy medio despierta, mirando el techo (mi relación con los techos ya empieza a ser preocupante) y de repente:

Boom.

Flashback emocional.

&&&

CLARISSA (16 años)

-Leni.

-No.

Parpadeo.

-¿Cómo que no?

-Porque cuando decís mi nombre así siempre viene una estupidez enorme detrás.

Me siento ofendida.

-Vale. Primero: qué feo prejuzgarme.

Ella sigue escribiendo algo en el portátil.

Segundo error.

Porque claramente no está prestándome atención.

Me acerco más a su cama.

-Lenita preciosa de mi corazón.

-Dejá de hablarme así.

-Nunca.

Le saco la lengua.

Ella ni me mira.

Traición.

Qué poca entrega emocional.

Resoplo exageradamente.

-Vale. Tengo un dilema importantísimo.

Silencio.

Leni suspira. Largo.

-¿Qué pasó ahora?

Levanto el móvil delante de su cara.

-Un test.

Ella me mira.

Luego al móvil.

Luego otra vez a mí.

No le gusta nada lo que ve.

-¿Qué clase de test?

-Levísimo detalle sin importancia: qué tipo de alma gemela tóxica te tocaría en una novela.

Silencio.

Muchísimo silencio.

-Clarissa.

-Sí.

-Son las once de la noche.

-Y el drama no duerme.

Me mira cinco segundos enteros. Cinco. Largos. Decepcionantes.

Luego cierra el portátil despacio.

OHHHH.

GANÉ.

-Diez minutos -dice señalándome-. Y después me dejás estudiar.

Sonrío muchísimo.

-Sabía que me amabas.

-No exageres.

Media hora después seguimos riéndonos tan fuerte que casi nos echan bronca desde el salón.

Porque resulta que, aparentemente, Leni sería "la protagonista emocionalmente estable que se enamora de un hombre peligroso".

JA.

JAJA.

Qué mentira tan enorme.

-¿Emocionalmente estable? -me estoy muriendo de risa-. Vos lloraste por un perro de TikTok durante tres días.

-¡ERA TRISTE!

-Yo también lloré.

-PERO VOS TE REÍAS AL MISMO TIEMPO.

-Me gusta el caos.

Me tira un cojín.

-Se nota.

La miro un momento.

Mucho menos drama ahora.

Mucho más calma.

Mi persona favorita.

Y antes de pensar demasiado lo digo:

-Si algún día me secuestran, vas a venir a rescatarme, ¿no?

Ella ni pestañea.

-Sí.

Parpadeo.

-¿Así de rápido?

-Sí, boluda. Pero primero te voy a insultar por meterte en la situación.

Me río tanto que casi me caigo de la cama.

-Qué romántica eres.

-Ni se te ocurra morirte antes.

-La verdad no estaba en mis planes.

-Y no te enamorés de un psicópata raro.

La señalo.

-Eso ha sonado muy específico.

-Tengo mala espina con tus decisiones.

&&&

Abro los ojos otra vez.

Miro el techo.

Qué horror.

Porque por un segundo el pecho me hace una cosa rara. Muy pequeña. Muy estúpida.

Echo muchísimo de menos a Leni.

Muchísimo muchísimo.

Y eso me da rabia.

Porque yo soy una persona fuerte, independiente y ligeramente espectacular.

No una persona sentimental.

Aunque técnicamente hablar con techos quizá ya me quite credibilidad.

Resoplo y me incorporo.

-Bueno -me digo sola-. Hoy no lloramos. Hoy sobrevivimos.

Muy inspirador.

Muy TED Talk emocional.

&&&

Bajo las escaleras.

Y ahí está Brad.

En la cocina.

Con café.

Cara de funeral premium.

Qué sorpresa.

Pero algo está raro. Más raro.

Como cuando alguien tiene un pensamiento horrible y todavía no sabe cómo decirlo.

Me apoyo en el marco de la puerta.

-Buenos días, hombre trauma.

Me mira.

-Buenos días, problema.

Qué bonito. Qué familiar. Qué tóxico todo.

Me acerco.

Está callado. Mucho. Demasiado.

Entrecierro un poco los ojos.

Ajá.

Sospechoso.

-Bueno -me siento en una silla-. ¿Qué pasa?

-Nada.

Mentiroso.

Y malo encima.

Lo miro.

Luego el café.

Luego otra vez a él.

-¿Te vas a morir?

Brad parpadea lento.

-No.

-¿Te están persiguiendo?

-No.

-¿Has matado accidentalmente a alguien importante?

Silencio.

Frunzo el ceño.

-...Eso no ha sido un no suficientemente rápido.

-Se te da fatal tranquilizar gente.

-Bueno, yo lo intento.

Él se pasa una mano por la cara.

Cansado.

Qué asco.

No me gusta.

Nada.

Cruzo un poco los brazos.

-Oye.

-Qué.

-Sé que eres emocionalmente estreñido y todo eso...

Resopla.

-Pero estás raro.

-No estoy raro.

-Estás rarísimo.

Silencio.

Ajá.

Gané.

Se hace un momento raro.

De esos que pesan un poco.

Y sin querer digo:

-Echo de menos a Leni.

Muy bien, Clarissa.

Maravilloso.

Ahora eres vulnerable.

Qué humillación.

Miro la mesa.

-La odio un poco porque seguro está viva tranquilamente sin mí.

Pausa.

-Aunque también me extrañaría porque soy increíble.

Brad no dice nada enseguida.

Solo me mira raro.

Muy raro.

Como si estuviera pensando demasiado.

No me gusta.

No me gusta NADA.

Se apoya contra la encimera.

Y tarda tanto en hablar que ya me estoy montando teorías horribles.

Hasta que dice:

-¿Y si pudieras verla?

Parpadeo.

¿Qué?

Parpadeo otra vez.

No.

No no no.

Mi cerebro tarda.

Muchísimo.

Porque seguro entendí mal.



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En el texto hay: secuestro, mafia, humor

Editado: 24.08.2026

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