No me llames princesa (1)

Capítulo 52

BRAD

No debería haber dicho que lo iba a pensar.

Ese fue el primer error.

El segundo fue dejar que Damon lo tratara como si fuera una decisión sencilla.

El tercero... probablemente fue permitir que Clarissa siga viva dentro de mi casa sin un contrato de evacuación firmado por triplicado.

Me paso una mano por la cara mientras la miro desde la encimera.

Está en mi salón.

Otra vez.

Descalza.

Con una manta que no sé de dónde ha salido.

Y con la seguridad de alguien que no entiende el concepto de consecuencias.

-Quiero verla.

Lo dijo como si fuera una cosa normal.

Como pedir pan.

O azúcar.

No como pedir acceso a una situación que, si sale mal, puede acabar en desastre.

Cojo la taza de café y doy un trago largo.

-No.

Ella parpadea.

-¿Perdón?

-He dicho no.

-Eso lo he oído. Estoy preguntando por el motivo.

La miro.

Error.

Porque si la miro mucho, empiezo a pensar en cosas que no me convienen.

Y no estoy para eso.

-El motivo es que es peligroso.

-Todo es peligroso si lo explicas como tú.

-Eso no es cierto.

-Sí lo es.

Se sienta en el sofá como si estuviéramos debatiendo qué película ver.

-Brad.

-Qué.

-La he echado de menos.

Eso no debería afectar a nada.

Pero lo hace.

Y me molesta.

Porque complica la lógica.

Y la lógica era lo único que tenía bajo control.

Dejo la taza en la encimera.

-No es tan simple.

-Ya sé que no es simple.

-Entonces no lo pidas como si lo fuera.

Ella se inclina hacia delante.

-Solo quiero verla.

Repito mentalmente la frase de Damon de ayer:

"Lena quiere verla."

Perfecto.

Dos problemas.

Una idea horrible.

Y yo en medio.

El móvil vibra sobre la mesa.

Damon.

Lo cojo.

-Qué.

-Hola a ti también, Brad el encantador.

-Habla.

-¿Has decidido ya dejar de ser dramático?

Miro a Clarissa.

Ella me mira como si pudiera oír la conversación perfectamente aunque esté a dos metros.

-No empieces.

-Entonces ya has decidido.

-No.

-Sí.

-Estoy valorando.

Damon suelta una risa corta.

-Eso es un sí con pasos extra.

Aprieto la mandíbula.

-No es buena idea.

-Brad, te lo digo en serio. Lena solo quiere verla un momento. Nada más.

-Nada más es una palabra muy optimista.

-Y tú eres un desastre pesimista con café.

Miro otra vez a Clarissa.

Está haciendo algo con una cuchara.

No quiero saber qué.

-Dame un día.

-Ya te lo he dado.

-Dame otro.

-Brad...

-Dame otro.

Pausa.

Damon resopla.

-Vale. Pero si esto explota, no me mires.

-Nunca te miro.

-Mentira.

Cuelga.

Genial.

Me quedo mirando el móvil un segundo más de lo necesario.

-¿Qué ha dicho? -pregunta Clarissa.

-Nada que te importe.

-Todo me importa.

-Eso es el problema.

Ella sonríe como si fuera un cumplido.

-Entonces... ¿sí?

No respondo.

Voy a la cocina.

Abro el armario.

Cierro el armario.

Vuelvo a abrirlo.

Café.

No ayuda.

Clarissa aparece detrás de mí como si no existiera el concepto de espacio personal.

-Brad.

-Qué.

-Si dices que no, voy a seguir preguntando.

-Ya lo estás haciendo.

-Entonces dime que sí.

Me giro.

-No es solo "sí" o "no".

-Todo en la vida es sí o no si lo reduces lo suficiente.

-Eso no es filosofía, es terquedad.

-Gracias.

Me paso una mano por el pelo.

Esto es exactamente el tipo de cosa que no quería gestionar.

Y aun así aquí estoy.

-Una vez -digo al final.

Ella se queda quieta.

-¿Qué?

-Una vez.

-¿Una vez qué?

-La vas a ver una vez.

Sus ojos se abren un poco.

-¿De verdad?

-Con condiciones.

-Siempre hay condiciones contigo.

-Porque si no, te mueres.

-Eso es dramático.

-Es realista.

Me apoyo en la encimera.

-Nada de improvisar.

-Nunca improviso.

La miro.

-Eso es mentira.

-Improviso con estilo.

-No hay estilo en escalar muebles.

-Eso es debatible.

Suelto aire por la nariz.

-Escúchame bien.

Se endereza.

Por una vez.

-Sí, jefe.

La palabra me da ganas de tirarle la taza de café.

No lo hago.

-Una hora. Máximo.

-Ok.

-Con alguien presente.

-Ok.

-Sin correr.

-...Ok.

-Sin hacer estupideces.

-Eso es ambiguo.

-Clarissa.

-Vale, vale. Sin estupideces.

La miro un segundo más.

No me fío.

Pero es lo más cerca de un acuerdo que voy a conseguir sin que esto se convierta en circo.

El móvil vibra otra vez.

Damon.

Contesto.

-Ya está.

-¿Ya está qué?

-Una vez.

Damon tarda medio segundo.

Luego:

-Brad.

-Qué.

-Te estás ablandando.

-Cállate.

Se ríe.

-Voy a decírselo a Lena.

-Hazlo bien.

-Siempre lo hago bien.

Cuelgo.

Clarissa ya está de pie.

Demasiado contenta.

-¿Entonces veo a Leni?

La miro.

-Sí.

-¿Hoy?

-No.

-¿Mañana?

-No lo sé.

-¿Pronto?

-Si te portas bien.

Ella levanta una mano como si jurara algo importante.

-Soy la definición de portarse bien.

-Eso me preocupa.

Se acerca un poco.

-Brad.

-Qué.

-Gracias.

Y por primera vez en mucho tiempo... no contesto de inmediato.

Solo asiento.

Porque si empiezo a pensar demasiado en esto, lo vuelvo a cancelar.

Y ya he cedido suficiente por hoy.

Aunque, por alguna razón que no pienso analizar...no me arrepiento tanto como debería.



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En el texto hay: secuestro, mafia, humor

Editado: 24.08.2026

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