No me llames princesa (1)

Capítulo 53

DAMON

Me despierto antes de que suene la alarma.

Odio cuando pasa eso.

Porque significa dos cosas:

Uno, que he dormido como el culo.

Dos, que mi cerebro ya ha decidido empezar a trabajar antes que yo.

Me quedo mirando el techo.

Claro.

Otro fan del techo. Fantástico.

Resoplo y me paso una mano por la cara.

Brad cedió.

Todavía no entiendo cómo.

Bueno.

Sí lo entiendo.

Clarissa Castellón Montijo: arma de destrucción psicológica.

La imagino otra vez en la cocina de ayer. La manta arrastrando por el suelo. La cuchara. La tostadora.

"¿Creéis que Brad tendría mejor personalidad si lo obligáramos a llevar colores?"

Se me escapa aire por la nariz.

Pobre Brad.

Muy pobre Brad.

Aunque honestamente...más pobre de él porque todavía cree que está ganando esa batalla.

Spoiler: no la está ganando.

Porque nadie deja reorganizar mentalmente su vida a alguien que supuestamente le da igual.

Me incorporo.

Y antes de pensar demasiado hago algo bastante estúpido.

Cojo el móvil.

Abro chat.

Lena.

Me quedo mirando la pantalla unos segundos.

Como si escribir fuera una operación delicada.

Idiota.

Al final tecleo: "¿Café después de clase? Tengo algo que contarte."

Lo envío.

Muy bien. Perfecto. Muy casual todo. Nada sospechoso. Ni un poco.

Voy al baño.

Ducha rápida.

Ropa.

Café.

Vida miserable.

Y justo cuando estoy terminando de ponerme la chaqueta vibra el móvil.

Lena: "¿Algo malo?"

Parpadeo.

Directa al trauma. Muy ella.

Escribo: "No. Bueno. Creo. Solo ven."

Tres puntos.

Respuesta inmediata.

Lena: "Eso no tranquiliza 😐"

Se me escapa una mini sonrisa.

Yo: "Cafetería de Dalboroque. La de siempre."

Lena: "Vale, mafiosillo"

Idiota.

Guardo el móvil.

Y, por alguna razón bastante molesta...el día pesa un poco menos.

&&&

La cafetería huele a café caliente y tostadas.

La normalidad siempre me pega raro últimamente. Como si ya no terminara de pertenecer a ella.

Estoy sentado cuando la puerta se abre.

Y ahí está.

Mochila al hombro. Cara de cansancio. Pelo un poco revuelto. Y esa forma de mirar alrededor como si ya estuviera pensando algo sarcástico.

Me ve.

Levanta una ceja.

-Bueno -dice sentándose delante-. Si me citás tan misteriosamente espero mínimo un crimen interesante.

-Buenos días a ti también.

-No. Primero información. Después modales.

Pongo los ojos en blanco.

-Pide algo primero.

-Mandón.

Pero aun así mira la carta.

Cinco minutos después hay dos cafés, algo de comer y Malena criticando la existencia de una tostada demasiado cara.

-Cinco euros por pan deprimido me parece un robo -murmura.

-Nunca cambies.

Ella levanta la vista.

-Eso ha sonado sospechosamente tierno.

Error.

Miro el café.

-Cállate.

Se ríe bajito.

Y joder.

Qué poco debería gustarme escucharla reír.

Me paso una mano por la nuca.

Vale.

Al grano.

-Tengo noticias.

Ella deja la taza.

Demasiado rápido.

-¿Clar?

Ah. Eso. Esa cara. Como si llevara días esperando exactamente esa palabra.

Asiento un poco.

-Brad cedió.

Parpadea. Una vez. Dos.

-¿Qué?

-No mucho. No te emociones todavía.

-Damon.

-Os vais a poder ver.

La frase cae entre nosotros.

Y durante un segundo no dice nada.

Nada.

Solo se queda quieta.

Como procesándolo.

-¿De verdad? -pregunta bajito.

Asiento.

-Tenemos que concretar día, hora, hacerlo bien y sin que todo explote, pero sí.

Se lleva una mano a la cara.

Muy rápido.

Como si quisiera esconder algo.

-Ay, Dios.

Y de repente se ríe un poco. Pero raro. Muy ella cuando está a punto de ponerse sensible y le da rabia.

-La voy a matar -murmura-. La voy a abrazar y después la voy a matar.

Se me escapa aire por la nariz.

-Suena bastante a amistad sana.

-No opinés.

La miro un segundo más. Demasiado. Porque tiene los ojos un poquito brillantes. Y está sonriendo. De verdad.

Como no la veía desde hace días.

Joder.

Algo se me aprieta en el pecho raro.

-Voy a hablar hoy con Brad -digo-. Intentaré mandarte mensaje esta tarde para concretar.

Levanta la mirada.

-¿En serio?

-Sí.

Y entonces hace algo muy poco conveniente.

Muy poco saludable para mi estabilidad mental.

Sonríe. Pero una sonrisa real. De las que le cambian toda la cara.

-Gracias, Didi.

Ah.

Mierda.

Muchísima mierda.

Porque me gusta demasiado cuando me llama así.

Bebo café solo para hacer algo.

-No te acostumbres.

-Demasiado tarde.

Me observa unos segundos.

Luego ladea un poco la cabeza.

-¿Sabés algo?

-Qué.

-Sos mejor persona de lo que querés parecer.

Resoplo.

-No empieces.

-Es verdad.

-Lena.

-¿Qué?

-Me estás incomodando.

Se ríe otra vez.

Y antes de pensarlo demasiado...

Me escucha decir:

-Te extrañé.

Paro. Ella también. El café. La gente. Todo. Mierda. Porque eso no estaba planeado. Pero nada de nada planeado.

Malena parpadea lento. Como si tampoco se lo esperara.

-...Ah.

Genial. Perfecto. Ahora quiero tirarme por la ventana.

Me rasco la nuca.

-Quiero decir... bueno. Las cosas estaban raras.

Ella sigue mirándome. Mucho.

Hasta que baja un poco la voz.

-Yo también te extrañé, boludo.

Y eso.

Eso hace una cosa muy concreta dentro del pecho. Muy molesta. Muy peligrosa. Porque por un segundo dan ganas de quedarse ahí.

Solo ahí.

Con café malo.

Ella enfrente.

Y nada explotando.



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En el texto hay: secuestro, mafia, humor

Editado: 24.08.2026

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