No me llames princesa (1)

Capítulo 54

CLARISSA

Hay una cosa muy poco comentada en esta vida.

Y es lo profundamente humillante que resulta echar muchísimo de menos a alguien.

Porque una cosa es decir: "ay sí, extraño a mi mejor amiga."

Muy bonito. Muy poético.

Y otra MUY distinta es descubrir que llevas media hora mirando el techo pensando: ¿Y si Leni me abraza y me pongo a llorar como señora de telenovela?

Qué vergüenza. Muchísima vergüenza.

Miro el techo otra vez.

Mi relación con los techos ya empieza a ser médicamente preocupante.

Resoplo y me tapo la cara con una mano.

No.

No vamos a llorar.

No vamos a ponernos sentimentales.

No vamos a actuar como una persona emocionalmente estable.

Bueno. Eso último tampoco hay que exagerarlo.

Me incorporo de golpe.

Vale.

Plan.

Necesito un plan.

Porque aparentemente voy a ver a Leni.

Leni.

Mi Lenita.

Mi boluda emocionalmente funcional-ish.

Mi reina del "te juzgo pero te quiero".

Ay Dios.

Me levanto tan rápido que casi me tropiezo con la manta.

Perfecto.

Elegancia.

Muchísima.

Bajo las escaleras medio despeinada, todavía procesando cosas, y encuentro a Brad en la cocina.

Claro.

Dónde si no.

Café.

Cara de funeral premium.

Aura de "odio existir".

Muy él.

Me apoyo en el marco de la puerta.

-Buenos días, hombre funeralish.

Ni levanta la vista.

-Buenos días, problema.

Qué bonito.

Qué relación tan ligeramente disfuncional tenemos.

Cruzo los brazos.

-Tengo una crisis.

-Acabamos de empezar el día.

-Exacto. Crisis temprana.

Brad suspira. Muy fuerte. Como si ya supiera que le he arruinado la paz espiritual.

-¿Qué pasa ahora?

Me siento frente a él. Muy seria. Demasiado seria.

-¿Y si Leni me abraza y me pongo a llorar?

Silencio.

Brad levanta la vista despacio.

Parpadea.

Y, muy lentamente:

-Creo que acabas de decir la cosa más normal que te he oído en semanas.

Se me escapa una mini risa. Qué raro. Creo que hoy mi cerebro está menos payaso de lo habitual.

-Qué gracioso -le hago una mueca.

Brad da un sorbo al café.

No dice nada durante unos segundos.

Eso ya me pone nerviosa.

Porque Brad normalmente responde rápido. Aunque sea para insultarme psicológicamente.

Pero ahora solo me mira.

Como si estuviera pensando demasiado.

Qué horror.

Odio cuando la gente piensa demasiado sobre mí.

Me remuevo un poco en la silla.

-¿Qué?

-Nada.

-Mentira. Tienes cara de pensamiento.

-Tú siempre tienes cara de problema.

-Bueno, pero eso es mi esencia.

Resopla.

Muy mini.

Casi una no-risa.

Bradística: progreso microscópico.

Me apoyo en la mesa.

-Es que no sé... -arrugo un poco la nariz-. ¿Y si se pone sentimental y me hace ponerme sentimental? Qué horror. Qué humillante.

-Puedes sobrevivir a emociones humanas cinco minutos.

Lo miro.

-Qué poco me conoces.

Da otro sorbo al café.

-Creo que eres más dramática que frágil.

Parpadeo.

Ajá.

Eso ha sido sospechosamente profundo para alguien emocionalmente averiado.

Entrecierro los ojos.

-¿Acabas de analizarme psicológicamente?

-No te emociones.

-Me estoy emocionando igual.

Se hace un silencio pequeñito.

Raro.

No incómodo.

Solo... raro.

Miro la taza entre sus manos.

Luego a él.

Luego otra vez a la taza.

Muy detective de mí.

-Muy bien -digo despacio-. Ahora mi pregunta importante.

-No.

-Ni siquiera la dije.

-Te conozco.

Le señalo con un dedo.

-¿Qué me pongo?

Brad se queda quieto.

Parpadea lento.

-No me metas en esto.

-Es IMPORTANTÍSIMO.

-Es tu mejor amiga. No una entrevista de trabajo.

-Eso no ayuda.

-Sí ayuda.

-No. Porque necesito verme emocionalmente estable pero no demasiado estable. Tipo "te extrañé pero sigo siendo icónica".

Silencio.

Muchísimo silencio.

Brad deja la taza.

Y, por primera vez desde que lo conozco...parece estar aguantándose la risa.

-Mira -dice al final-. Ponte cualquier cosa normal.

Abro mucho los ojos.

-¿NORMAL?

-Sí.

-Qué poco entiendes el arte emocional de vestirse.

-Tú te vestirías de negro para ir a comprar pan.

-Eso se llama estética.

Brad me mira un segundo más. Muy largo. Demasiado largo.

Como si estuviera valorando seriamente una tragedia.

-Tú llamas estética a cualquier cosa negra y ligeramente deprimente.

-Primero: ofensivo.

-Segundo: cierto.

Lo señalo.

-Qué poca visión artística tienes.

-Tú pareces asistir emocionalmente a un funeral las veinticuatro horas.

-Eso es una marca personal.

Se pasa una mano por la cara.

Muy cansado. Muy Brad.

-Ponte unos pantalones, una sudadera y ya está.

Parpadeo.

-Qué consejo tan triste.

-Es ropa.

-No. La ropa comunica cosas.

-¿Y qué quieres comunicar?

Me quedo quieta.

Porque, mierda.

Buena pregunta.

Muy buena.

Demasiado buena.

Juego un poco con la manga de la sudadera.

-No sé.

Brad arquea apenas una ceja.

Ajá.

Odia cuando tardo en responder.

-Quiero que vea que estoy bien... -digo despacio-. Bueno. Más o menos bien.

Silencio.

Miro la mesa.

-Y también que la extrañé.

Pausa.

-Pero sin parecer una persona emocionalmente frágil porque eso sería vergonzoso.

Brad tarda unos segundos en responder. Muchos.

Y cuando habla, su voz sale rara.

Más suave.

-Malena ya sabe cómo eres.

Parpadeo.

-No necesitas disfrazarlo.

Ay.

No.

Eso no.

Eso ha sonado sospechosamente...¿amable?



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En el texto hay: secuestro, mafia, humor

Editado: 24.08.2026

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