MALENA
La universidad tiene una habilidad impresionante para hacerte sentir agotada incluso antes de empezar el día.
No sé cómo lo consigue.
Quizá sean las luces. La gente. El ruido constante de mochilas, pasos, conversaciones demasiado despiertas para la hora que es.
O quizá sea yo.
También puedo ser yo.
Voy caminando por el pasillo mirando el móvil sin mirar realmente el móvil. Porque mi cerebro, como siempre, está en otra parte.
Concretamente en: Clarissa.
Otra vez. Qué sorpresa.
Resoplo.
Porque ahora existe algo peor que extrañarla.
Esperarla.
Que es muchísimo más horrible.
Porque cuando extrañas a alguien estás triste.
Cuando esperas algo... estás nerviosa.
Y yo ahora mismo tengo el pecho haciendo cosas raras cada cinco minutos.
Muy molesto todo.
-¿Malena?
Levanto la vista.
Ah. Leo. Vale. Esto es ligeramente incómodo.
Está delante de mí con un café en la mano y esa sonrisa de chico demasiado simpático para las ocho de la mañana.
Leo va conmigo a dos asignaturas. Es majo. Un poco pesado a veces. Y tiene esa cosa muy evidente de intentar disimular que le gusto mientras lo hace fatal.
-Hola -digo ajustándome la mochila.
-¿Qué tal? Tienes cara de no haber dormido.
-Gracias. Qué amable.
Se ríe un poco.
-No iba por ahí.
-Ya, ya.
Me señala el café.
-¿Quieres?
Parpadeo.
-¿Tu café?
-No, bueno... te puedo comprar uno.
Ah. Ajá. Seguimos en estas.
Le sonrío un poquito, porque tampoco tiene culpa de nada.
-Gracias, pero hoy ya tengo suficiente caos interno sin cafeína extra.
Se ríe. Otra vez. Demasiado encantado consigo mismo.
-Algún día voy a entenderte.
-No apuestes mucho dinero a eso.
Se acomoda la mochila al hombro.
-¿Comes conmigo luego?
Y ahí. Mini culpa. Porque Leo es buena gente.
Pero también...
No.
Simplemente no.
No porque ahora mismo mi cerebro está demasiado ocupado sobreviviendo a mafias, secuestros, mejores amigas desaparecidas y cierto idiota que me llama pesada por teléfono.
-Hoy no puedo -digo al final-. Tengo cosas.
No pregunto qué cara pongo porque probablemente sea la típica de "lo siento de verdad".
Él hace una mini mueca pero intenta ocultarla.
-Vale. Otro día.
Asiento un poco.
-Otro día.
Mentira probablemente. Pero mentira amable.
La gente pasa alrededor. El pasillo sigue lleno.
Y justo cuando voy a despedirme...
El móvil vibra.
Damon.
Paro en seco.
Literalmente.
Leo mira la pantalla.
Luego mi cara.
Ajá.
Detective.
-Bueno -dice despacio-. Creo que alguien importante te llama.
Odio un poco lo perceptiva que es la gente a veces.
-Nos vemos, Leo.
-Sí, sí. Anda.
Se aleja.
Y joder.
Me siento un poco mala persona. Muy poquito.
Resoplo y descuelgo.
-Hola, mafiosillo.
Al otro lado tarda medio segundo.
-Hola, pesada.
Bien. Normalidad. Eso tranquiliza un poco.
-¿Qué pasó?
Escucho una puerta cerrarse. Luego pasos. Como si estuviera caminando mientras habla.
-Tengo noticias.
Mi estómago hace una cosa rarísima. Otra vez.
-¿Buenas o malas?
-Depende de cuánto te guste sufrir.
Pongo los ojos en blanco.
-Damon.
Resopla. Vale. Eso ya me dice que está haciendo el esfuerzo de hablar en serio.
-Mañana.
Paro de caminar.
-¿Qué?
-Mañana la vas a ver.
Y ahí. Ahí mi cerebro directamente deja de funcionar dos segundos. Porque sí. Porque sabía que iba a pasar. Pero una cosa es saberlo. Y otra muy distinta es escucharlo.
De verdad. Confirmado. Real. Mañana.
-...¿De verdad? -pregunto bajito.
-Sí.
Su voz sale un poco más suave. Muy poco. Pero lo noto.
-Brad aceptó. Costó. Muchísimo. Pero aceptó.
Me apoyo contra la pared del pasillo. Porque siento algo raro. Muy raro. Como si me hubieran aflojado algo apretado dentro del pecho.
-Ay Dios.
Se me escapa. Y me tapo media cara con la mano. Qué vergüenza existir.
-No llores -dice Damon rápido.
-No estoy llorando.
-Tienes voz de estar llorando.
-Cállate.
Escucho aire por la nariz. Mini risa.
-Va a estar bien.
Y joder. Qué frase tan simple. Pero me calma un poco. Muchísimo.
-¿Dónde? -pregunto enseguida.
-Todavía no lo tengo cerrado del todo. Brad quiere hacerlo como si estuviera organizando una misión militar.
-Muy Traumatrón de su parte.
Se ríe. Muy poquito.
-No le digas eso delante.
-Ahora tengo más ganas.
Apoyo la cabeza un segundo contra la pared.
-¿Ella sabe?
-Sí.
Pausa mínima.
-Casi le da algo.
Se me escapa una risa pequeña.
Claro.
Obvio.
Mi drama queen personal.
-Seguro creyó que iba a ponerse digna y acabó entrando en crisis.
-Más o menos.
Me muerdo un poco el interior de la mejilla. Porque ahora sí. Ahora ya viene. La parte fea. Los nervios.
-Damon.
-Qué.
-¿Y si está rara?
Tarda un segundo.
-Lena.
-Qué.
-Es Clarissa.
Pausa.
-Va a seguir siendo insoportable.
Y eso. Eso me hace reír. Poquito. Pero de verdad.
-Idiota.
-Tú más.
Miro la hora.
Mierda.
Clase.
-Tengo que entrar.
-Luego te escribo.
-Vale.
Mini pausa.
-Y... gracias.
Tarda un segundo.
-De nada, pesada.
Y cuelga.
Me quedo mirando el móvil. Quietísima. Muy quieta.
Mañana.
Voy a verla mañana.
Joder.
Mañana.
&&&
El resto del día pasa lento.
Demasiado lento.
Como si el universo hubiera decidido hacerme esperar a propósito.
Las clases entran por un oído y salen por el otro. Tomo apuntes sin leerlos. Contesto cosas sin pensar. Y cuando suena el timbre final, salgo casi antes de que el profesor termine de hablar.
Editado: 24.08.2026