No me llames princesa (1)

Capítulo 59

BRAD

Ya ha pasado un rato demasiado largo desde que la casa dejó de parecer una base operativa y empezó a parecer... otra cosa.

Algo que no tengo muy claro cómo nombrar sin que me dé dolor de cabeza.

Desde el sofá observo la escena como si no fuera del todo mía.

Clarissa está sentada en el suelo otra vez. Porque parece que le gusta esa posición vital. Malena está cerca de la ventana, hablando con ella como si llevasen años compartiendo el mismo espacio.

Damon está apoyado en la pared, brazos cruzados, mirando el móvil a ratos.

Y yo estoy aquí.

En medio.

Intentando no pensar demasiado.

Cosa que claramente no está funcionando.

Clarissa levanta la planta de antes.

-Ernesto dice que deberíamos democratizar las casas -anuncia.

Malena ni se inmuta.

-Ernesto no dice nada porque es una planta.

-Eso es lo que quieren que creas.

Damon suelta aire por la nariz, casi una risa. Yo no reacciono.

No porque no me haga gracia.

Porque si empiezo, no paro.

Y eso es peligroso en esta casa.

Me levanto a por café.

Error.

Siempre es error.

Porque en cuanto me muevo, Clarissa ya me ha visto.

-¡Hombre funeralish!

-No me llames así.

-Te pega.

Sigo con lo mío.

Damon levanta la vista del móvil en ese momento.

Y ahí cambia algo.

No mucho. Pero suficiente.

-Es hora de irnos -dice.

Directo.

Sin rodeos.

Malena deja de hablar a medio gesto.

Clarissa también.

Y por primera vez en horas, la casa se siente... distinta.

No incómoda.

Solo distinta.

Malena parpadea.

-¿Ya?

Damon asiente.

-Sí.

Clarissa abre la boca.

-No.

Malena le mira de reojo.

-Clar...

-No.

Se cruza de brazos como si eso fuera a cambiar algo.

Damon suspira.

-Clarissa.

-Damon.

-No es negociable.

Ella lo mira como si acabara de traicionarla a nivel personal.

-Esto es abuso emocional organizativo.

-Eso no existe -digo sin pensar.

Los tres me miran.

No sé por qué hablo.

No suelo hacerlo cuando no es necesario.

Malena suelta una mini risa.

Eso me descoloca un segundo.

Damon aprovecha.

-Tenemos cosas que hacer.

Clarissa baja la mirada hacia la planta.

-Ernesto no está de acuerdo.

-Ernesto no decide nada -responde Malena.

-Ernesto me entiende más que vosotros.

Damon se separa de la pared.

-Venga.

No lo dice duro.

Pero tampoco deja espacio.

Malena se acerca un poco a Clarissa.

Y por primera vez desde que llegaron, su expresión cambia.

Más quieta.

Menos broma.

-Tenemos que irnos -dice suave.

Clarissa frunce el ceño.

-No me gusta esa frase.

-A mí tampoco -responde Malena.

Eso hace que Clarissa la mire.

Y ahí está.

El problema real.

No es enfado.

Es que no quiere que se vaya.

Y no lo dice.

Solo hace puchero.

Uno muy poco digno.

Pero efectivo.

Malena la imita sin querer.

Un segundo después las dos están en modo tragedia infantil.

Damon me mira.

Yo ya sé lo que viene.

Y sinceramente... estoy de acuerdo.

Esto ya ha durado demasiado.

Me acerco a la mesa.

-Ya habéis estado juntas.

Clarissa me señala.

-Eso no es argumento válido.

-Sí lo es.

-No.

Malena cruza los brazos también.

-Podemos quedarnos cinco minutos más.

Damon niega.

-No.

-Dos minutos.

-No.

-Un minuto.

-No.

Clarissa se levanta de golpe.

-Esto es dictadura emocional.

Malena le da un toque en el brazo.

-No exageres.

-Estoy siendo precisa.

Damon resopla.

-Dos veces a la semana.

Silencio breve.

Eso cambia el aire de la habitación.

Malena levanta la vista rápido.

-¿Qué?

-Dos veces -repite Damon-. Como máximo.

Clarissa parpadea.

-¿Eso es... oficial?

-Sí.

Malena mira a Clarissa.

Y luego a Damon.

-¿De verdad?

Damon asiente.

-Sí.

Me cruzo de brazos.

No digo nada.

Pero lo apoyo.

Es lo más lógico.

Lo único que mantiene esto bajo control.

Clarissa se queda quieta un segundo.

Luego sonríe.

Demasiado feliz para lo que acaba de aceptar.

-Ok -dice.

Malena la mira.

-¿Ok?

-Ok.

-¿Solo ok?

-Me parece insuficiente, pero acepto la realidad por ahora.

Damon la señala.

-Esa frase me preocupa.

-Es parte de mi crecimiento personal.

-No estás creciendo -murmuro.

Clarissa me mira.

-Sí estoy creciendo. Emocionalmente. En espiral.

Malena se ríe otra vez.

Esta vez más claro.

Y eso... vuelve a hacer que el ambiente cambie.

No del todo.

Pero lo suficiente.

Damon se aparta de la pared.

-Vamos.

Malena asiente.

Pero antes de moverse, mira a Clarissa.

Y Clarissa la mira a ella.

Sin chistes.

Sin capa.

Solo ellas.

-Dos veces -dice Clarissa más bajo.

-Dos veces -confirma Malena.

Y entonces sí.

Se mueven.

Damon abre la puerta.

Malena pasa primero.

Clarissa se queda un segundo atrás.

Como si no supiera caminar si no la está mirando.

Malena se gira desde la puerta.

-No te acostumbres a estar tranquila sin mí.

Clarissa levanta una ceja.

-Demasiado tarde.

Damon sale.

Malena también.

La puerta se cierra.

Y la casa vuelve a cambiar otra vez.

Pero esta vez no es caos.

Es algo más vacío.

Clarissa se deja caer en el sofá como si le hubieran quitado batería.

Ernesto sigue ahí.

La planta.

Inmóvil.

Como siempre.

-Esto es una estafa -dice.

Me acerco a la encimera.

-Es un acuerdo.



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En el texto hay: secuestro, mafia, humor

Editado: 24.08.2026

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