No me llames princesa (1)

Capítulo 61

BRAD

Me despierto a las seis.

Como siempre. Sin alarma. Sin dramas. Sin una planta llamada Ernesto.

Una mañana prometedora.

Me incorporo, me visto y salgo a correr antes de que el sol termine de aparecer del todo.

El aire frío ayuda. Siempre ayuda.

Porque correr tiene una ventaja enorme sobre las personas. No habla. No opina. No reorganiza tu casa psicológicamente.

Corro durante casi una hora.

Después gimnasio, luego ducha y para finalizar un café.

Y ahí es donde empiezan los problemas.

Porque llevo exactamente treinta segundos en la cocina cuando me doy cuenta de algo.

La casa está demasiado tranquila.

Parpadeo.

Da igual.

Mejor.

Mucho mejor.

Llevo semanas soportando conversaciones con muebles, plantas y teorías absurdas sobre la existencia humana.

Esto es paz.

Paz.

Exactamente lo que quería.

Doy un sorbo al café.

La casa sigue igual.

Frunzo un poco el ceño.

Qué raro.

Normalmente a estas horas ya habría escuchado alguna de estas cosas:

-¡Brad, tu tostadora me odia!

O:

-¡Creo que Ernesto tiene problemas de autoestima!

O:

-¡He encontrado una conspiración!

Siempre hay conspiraciones.

Siempre.

Miro la hora.

Las nueve y cuarto.

Ajá.

Raro. Muy raro. No porque me importe. Porque no me importa. Simplemente es raro.

Nada más.

Absolutamente nada más.

Me sirvo otro café.

&&&

A las diez estoy sentado en el salón.

Portátil abierto.

Documentos abiertos.

Café abierto.

Vida emocionante.

El móvil vibra.

Damon.

Acepto la videollamada.

Su cara aparece en pantalla.

Parece cansado.

Como siempre.

-Buenos días.

-Calla.

-Buenos días para ti también.

-Habla.

Damon pone los ojos en blanco.

-Qué hombre más agradable.

-Gracias.

-No era un cumplido.

-Lo sé.

Durante los siguientes veinte minutos repasamos información.

Rutas. Nombres. Movimientos. Contactos.

Todo relacionado con Sebastián. Todo relacionado con el plan que Pamela necesita revisar antes de dar el siguiente paso. Nada divertido. Nada agradable. Nada opcional.

-Mi madre quiere revisar las rutas otra vez -dice Damon.

-Bien.

-También quiere los horarios actualizados.

-Los tendrá esta tarde.

Damon asiente.

Silencio breve.

Luego vuelve a mirar algo fuera de pantalla.

-¿Y tu secuestrada?

Parpadeo.

-¿Qué pasa con ella?

-No la oigo.

Miro automáticamente hacia las escaleras.

Vacías.

Frunzo un poco el ceño.

-Está durmiendo.

Damon tarda un segundo.

-¿Cómo lo sabes?

Mierda.

-Porque no ha bajado.

-Ajá.

-Cállate.

Damon sonríe.

Lo suficiente para resultar molesto.

-No he dicho nada.

-Lo has pensado.

-Eso sí.

Resoplo.

Idiota.

-Concéntrate.

-Lo estoy intentando.

-Hazlo más.

Seguimos hablando.

Cinco minutos. Diez. Quince.

Y aun así...

Nada.

Ni pasos.

Ni puertas.

Ni gritos.

Ni Ernesto.

Nada.

Damon sigue explicando algo sobre uno de los movimientos de Sebastián cuando me escucha dejar la taza sobre la mesa.

-¿Qué?

-Nada.

-Has puesto voz de "nada".

-No existe una voz de nada.

-Claro que existe.

Miro otra vez hacia las escaleras.

Vacías.

-Brad.

-Qué.

-Sube.

Lo miro.

-¿Perdón?

-Llevas veinte minutos mirando las escaleras.

-Mentira.

-Quince entonces.

-No estoy mirando las escaleras.

-Brad.

-Qué.

-Sube.

Aprieto la mandíbula.

-No voy a subir.

-Claro.

-Estoy trabajando.

-Por supuesto.

-Y ella está durmiendo.

-Seguramente.

-Exacto.

Damon asiente muy despacio.

Como si estuviera observando una especie rara de animal.

-Voy a colgar.

-¿Por qué?

-Porque me estás irritando.

-Perfecto.

-Te llamo luego.

-Vale.

Pausa.

-Y Brad.

-Qué.

-Dale los buenos días a Ernesto.

Cuelgo.

Inmediatamente.

Porque el asesinato sigue siendo ilegal.

De momento.

Aunque, ya mato y es ilegal, así que no sé porque pienso eso.

&&&

Me quedo sentado unos segundos.

Después cierro el portátil.

Termino el café.

Y miro otra vez hacia las escaleras.

No porque quiera.

Porque están ahí.

Las escaleras suelen estar ahí.

Es una característica bastante importante de las escaleras.

Me levanto.

Voy hasta la cocina.

Abro un armario. Lo cierro. Abro otro. Lo cierro también.

Perfecto.

Ya he perdido suficiente tiempo.

Tengo trabajo. Documentos. Problemas reales. Personas peligrosas.

No necesito preocuparme por una chica que probablemente sigue durmiendo.

Empiezo a caminar hacia el despacho.

Paso de largo.

Paro.

Maldigo mentalmente.

Y giro hacia las escaleras.

Solo para comprobar una cosa.

Nada más.

Una cosa.

Subo.

Paso frente a varias puertas.

Todo normal.

Hasta que escucho una voz.

-...y además nadie aprecia tu talento.

Me quedo quieto.

Parpadeo.

Otra vez.

-No, Ernesto. No te victimices.

Cierro los ojos.

Claro. Por supuesto. Ya está despierta. Y está hablando con una planta.

El universo vuelve a estar equilibrado.

Sigo caminando.

Por primera vez en toda la mañana...la casa vuelve a sonar como siempre.

Y, por alguna razón bastante molesta...eso resulta más agradable de lo que debería.



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En el texto hay: secuestro, mafia, humor

Editado: 24.08.2026

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