No me llames princesa (1)

Capítulo 62

DAMON

El despacho de mi madre siempre parece más frío de lo que debería.

No es la temperatura.

Es la forma en la que está todo colocado.

Perfecto.

Demasiado perfecto.

Como si el orden pudiera evitar que las cosas salgan mal.

Entro sin llamar.

Ya sabe que soy yo.

Pamela está de pie frente a la mesa, revisando documentos con una carpeta abierta y una taza de café intacta a su lado.

Ni siquiera levanta la vista al principio.

-Has tardado.

-He venido en cuanto he podido.

-Eso no es lo mismo.

Cierro la puerta con el pie y dejo la mochila sobre la silla.

-Brad necesitaba revisar una cosa.

Ahora sí levanta la mirada.

Una ceja.

-¿Brad?

-Sí.

-Interesante.

No pregunto por qué le parece interesante. No quiero saberlo.

Saco los documentos.

Todo lo que hemos estado revisando estos días.

Rutas. Horarios. Puntos de movimiento. Contactos nuevos de Sebastián.

Mi madre los observa sin tocarlos todavía.

-Está moviéndose más de lo que debería -dice.

-Lo sabemos.

-Y aun así sigue vivo.

No responde a eso. Porque no hay respuesta útil.

Dejo la carpeta encima de la mesa.

-Está todo actualizado.

Ella por fin la abre. Pasa páginas despacio. Demasiado despacio. Como si cada detalle pudiera cambiar algo si lo mira el tiempo suficiente.

-Brad lo ha hecho bien -dice al final.

-Siempre lo hace bien.

Mi madre asiente.

Eso es lo más cercano a un elogio que tiene para él.

Me apoyo en la pared.

-Va a intentar algo antes de que nosotros movamos ficha.

-Ya lo ha intentado antes.

-Esto es distinto.

Me mira un segundo. Esa mirada de "explica mejor".

Respiro.

-Ha cambiado el patrón.

-¿Por qué?

No contesto de inmediato. Porque la respuesta es complicada. Y no me gusta cuando las cosas son complicadas sin necesidad.

-No lo sabemos todavía.

Cierra la carpeta.

-Entonces lo averiguaremos.

Se gira hacia la ventana del despacho. La ciudad ahí fuera sigue igual. Como si no pasara nada. Como si no hubiera gente decidiendo quién vive y quién no en habitaciones cerradas.

-¿Tu padre? -pregunta de repente.

Aprieto la mandíbula.

-Sigue tranquilo.

-Eso no me gusta.

-A mí tampoco.

Deja la taza por fin.

-El tipo de tranquilidad que tiene es de alguien que ya ha decidido algo.

-Lo sé.

Se vuelve hacia mí.

Y esta vez su mirada cambia un poco.

Más directa.

-Estás distraído.

-No.

-Damon.

No me molesto en negarlo otra vez.

Porque da igual.

Ella ya lo sabe.

Resopla.

-No es momento para eso.

-No es eso.

Arquea una ceja.

-¿No?

-No.

Me observa como si estuviera leyendo algo que no está escrito.

-Es la chica.

No respondo. Eso ya es respuesta suficiente.

Ella suspira.

Pero no es un suspiro de molestia.

Es... otra cosa.

Más ligera.

-Malena.

La forma en la que dice su nombre es distinta a como lo diría cualquiera.

No sé por qué.

Pero lo noto.

-Está bien -dice después.

Parpadeo.

-¿Qué?

-Está bien.

-Lo sé.

-No, Damon. Digo que... me gusta.

Eso sí me sorprende. No porque Malena no sea fácil de apreciar. Sino porque mi madre no suele "gustar" de nadie.

-Es lista -añade mi madre-. Observa demasiado. Habla poco cuando tiene que hacerlo. Y no intenta agradar.

-Eso suena a amenaza.

-Suena a utilidad.

La miro.

-No es una herramienta.

Me observa un segundo.

Luego asiente despacio.

-No he dicho eso.

Se hace una pausa corta.

Y por primera vez en toda la conversación... su expresión cambia un poco.

Más suave.

-Además -añade-, contigo es paciente.

Me atraganto con el aire.

-¿Perdón?

Mi madre no sonríe. Pero casi.

-No es fácil ser paciente contigo.

-Gracias.

-Es un hecho.

Resoplo.

-No empieces.

Vuelve a la mesa.

-Solo digo que tienes mala costumbre de rodearte de gente que te altera el orden.

No respondo. Porque no puedo. Porque tiene razón. Y porque no me apetece analizarlo.

Saco el móvil del bolsillo.

No debería.

Pero lo hago igual.

Un mensaje.

Malena.

Lo miro unos segundos.

No lo abro todavía.

Ella me observa.

-¿Vas a distraerte otra vez?

-No.

-Eso tampoco es una respuesta útil.

-Estoy trabajando.

-Estás mirando el móvil.

-Puedo hacer las dos cosas.

Ella niega lentamente con la cabeza.

-Eres peor de lo que eras antes.

-Gracias otra vez.

Abro el mensaje.

Malena:

"¿Ya terminaste con lo de hoy o sigues sobreviviendo a tu vida criminal?"

Resoplo sin querer.

Se me escapa una mini risa.

Mi madre lo nota. Obviamente.

-Eso ha sido distinto -dice.

-No.

-Sí.

No contesto.

Escribo:

"He sobrevivido. De momento."

Tres puntos. Aparecen rápido.

"Eso suena preocupante incluso para ti."

Vuelvo a respirar por la nariz.

Ella sigue observándome.

-Te cambia la expresión -dice.

-No es verdad.

-Sí lo es.

-No importa.

No insiste. Pero no lo deja pasar.

-Va a venir pronto -añade.

Parpadeo.

-¿Quién?

-Ella.

Entiendo perfectamente a quién se refiere.

-No lo sé.

-Sí lo sabes.

No respondo.

Porque otra vez... tiene razón.

Recoge la carpeta.

-Bien.

-¿Bien qué?

-Que tengas algo que te distraiga no es malo.

La miro.

-Eso no es lo que está pasando.

-Claro.

No hay tono de burla. Solo certeza.

Se acerca a la puerta del despacho.

-Damon.

-Qué.

Se gira un segundo.



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En el texto hay: secuestro, mafia, humor

Editado: 24.08.2026

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